Javier Maroto midiendo la tortilla. Imagen vía Publico.es
La tortilla de patata es algo tan español (en todos los sentidos del término) como la picaresca. Mezclar huevos y patatas en la sartén se hace en todas las casas, con mayor o menor acierto. E intentar estafar también es algo que está a la orden del día. Si no andas atento, te la clavan a la menor. En esto son especialistas nuestros políticos. No hay nada más que ver las noticias de hoy. Hace un mes nos vendieron que estábamos en pleno proceso de recuperación económica, porque las cifras del paro en agosto nos hacía ser optimistas.
Pues acaba septiembre y llega otra vez el hostión. Volvemos a tener más parados. Pura picaresca, porque ya sabemos que en agosto suben las contrataciones temporales y hay más curro por el turismo. Vuelta a la cruda realidad. Y es que los políticos, de uno y otro bando, son auténticos maestros a la hora de ejercitar eso que llamamos picaresca. Volvamos a la tortilla de patata. Ese plato tan típico ha sido el objeto de la última pillada a uno de nuestros ilustres gobernantes. El caso tuvo lugar en Vitoria, cuando estaba de alcalde Javier Maroto. Sí, el político íntimo colaborador y hombre de confianza de Rajoy, que celebró hace poco su boda con otro hombre. Enlace que casi cuesta un disgusto al presidente del Gobierno. Que al final fue y se lo pasó bastante bien, a juzgar por la fotos. No era para tanto, Mariano.
El caso es que para celebrar la Capitalidad de la Gastronomía, el entonces alcalde (dejó de serlo este año) propuso a los empresarios la elaboración de una tortillaza gigante que superara el récord Guinness vigente en esta modalidad: 11.036 kilos. Pero semanas antes de enfrentar la gran proeza pública ya se sabía que no iba a ser posible tal récord. No había patatas, ni huevos (con perdón) suficientes. Ahora se ha destapado el asunto y se ha dado la vuelta a la tortilla. Maroto y sus colaboradores sabían de antemano que el récord sería imposible y aun así siguieron adelante con la farsa. Qué más da, el caso era pasar un buen rato comiendo tortilla de patata.
La broma le va a costar al Ayuntamiento pagar los 50.000 euros que había pactado con los 'cocineros' -con los gestores de los actos de la Capitalidad Gastronómica- por organizar este sarao. Pero como son políticos y saben de qué va esto de la picaresca, Maroto y los suyos ni se inmutan. Ahora ha tenido que salir el teniente de Alcalde actual anunciando que se había cometido fraude. ¿No tenían otra forma mejor de entrar en el librito de los récords absurdos? ¿No tiene ya suficientes atractivos Vitoria? ¿No se podría haber gastado Maroto los 50.000 eurazos en algo más productivo para los ciudadanos?
No será el único caso que se vaya destapando de lo que han estado haciendo los políticos durante los últimos años, donde la impunidad ha hecho que la picaresca aumente. Hoy mismo nos enteramos que entran en prisión colaboradores muy íntimos de Rato. Ni más ni menos que un testaferro y la secretaria y el ex jefazo de Bankia y del FMI (que no se nos olvide) anda por ahí tan tranquilo. Lo dicho, los políticos mienten tanto en la tortilla de patata como en las preferentes. De los bajos fondos y las cuentas en Suiza hasta la plaza del pueblo.
Así, normal que no se quieran mover de su puesto. Por lo bien que se está en el poder y porque cuando salen por la puerta se destapa todo lo que han estado haciendo durante su gobierno. Lógico que Rajoy quiera llevar hasta el fin su legislatura, apurar hasta el último trago, y por eso nos ha plantado las Elecciones Generales el 20 de diciembre. Para que se nos atraganten los dulces y medio país acabe discutiendo del política (o llegando a las manos) durante la cena de Nochebuena. Gracias por el regalito, Mariano.