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¿Pagarías para ver porno en la red tranquilamente?

El miedo a que te señalen por pajero.

El porno, como otras cosas “prohibidas”, ha estado siempre relegado al secretismo y al estraperlo. A la picaresca de esa revista robada de un quiosco que fue rulando por toda la clase y que mirabas tímidamente en el cómodo regazo de tu cama mientras tus pensamientos y tu sangre, sobre todo tu sangre, se dirigían directos hacia tus genitales y tu cerebro se llenaba de incertidumbre y terror a ser descubierto.

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Esta semana unos cuantos de nuestros camaradas europeos alemanes recibieron en casa un sobrecito que les informaba que debían pagar 250 € por haber consumido porno con copyright desde ese portal de vídeos llamado RedTube. Evidentemente todo el asunto es bastante preocupante referente a la confidencialidad de datos y rastreo de IP’s pero al leer la noticia me asaltaron otro tipo de dudas.

Porque la pornografía siempre nos ha dado miedo, ese miedo a ser descubiertos. Quizá para algunos sea de lo más normal del mundo pagar por consumir porno pero para la gran mayoría de personas normales que pueblan este mundo, pagar para hacerse una paja delante del ordenador es una cosa bastante jodida. Todos tenemos un mal día, pero lo más normal es ir tirando con lo que internet ofrece gratuitamente, esos frutos maduros que se pueden arrancar sin problema del árbol de la información. Unos árbol que más que ofrecernos una fuente inagotable de material nos proporcionan una total confidencialidad e invisibilidad.

Internet ya lleva un tiempo por aquí pero aún no sabemos muy bien cómo manejar el tema de las descargas de música y el streaming de series y películas. Es cierto que han aparecido portales y programas muy interesantes que ayudan a que estas necesidades de consumo fluyan por un marco legal, ofreciendo una tarifa plana de consumo de música o precios asequibles para ver películas on line. En el mundo del porno también existen muchos portales que, previo pago, ofrecen una gran cantidad de material onanístico pero teniendo en cuenta que según un estudio del CIS del 2008 llamado “Actitudes y prácticas sexuales” que  propone que un 78,5% de la población española ha visto alguna vez vídeos pornográficos en internet y que solamente un 20,5% ha pagado por ellos queda claro que a la gente no le gusta registrarse en una web de esta índole. Podríamos decir que la responsabilidad de registrarse en un portal de música y vincular una tarjeta de crédito u otro sistema de pago a esa web no causa ningún tipo de pudor (pagar por consumir cultura es bien) pero hacer lo pertinente en una página de tetas y cimbreles no es del mismo parecer (pagar por consumir porno es de tener problemas). Por lo que podemos deducir a nadie le gusta que se le vincule con el consumo de porno pese a que es evidente que todo el mundo se masturba y no todo el mundo tiene esa capacidad divina de hacerlo mirando al techo y utilizando el infinito poder de la imaginación humana.

Me gustaría saber qué pasaría con la pornografía en nuestras vidas si todo el contenido porno de internet estuviera sujeto a un estricto control de derechos de autor, si el consumo de este material exigiera el pago de ciertas tarifas. Quizá la gente dejaría de consumir por miedo a que se les tildara de pornófilos. O quizá todo lo contrario. ¿Acaso algunos decidirían registrarse a canales de pago como bien lo hacen ya una minoría en esos portales de cine convencional? ¿O como esa gente que paga la tarifa mínima de Spotify? ¿Existe una tarifa mínima en Cum Loader? ¿Llegará el momento en que superaremos este miedo y compartiremos nuestra lista Top 10 de vídeos porno visualizados en nuestro muro de Facebook? ¿Podremos darle tranquilamente al me gusta a un vídeo de Aletta Ocean y compartirlo con nuestros tío y primos? Quizá todo esto nos lleve a que algún día podamos hablar tranquilamente sobre métodos masturbatorios con nuestros padres e hijos. En el fondo un endurecimiento de las leyes de copyright sobre la presencia del porno en la red no haría más que ayudarnos a todos a ser más abiertos y a construir una sociedad mejor. Por fin ese armario raro de papá podría abrirse de una vez y mostrar todos esos VHS con grabaciones del Canal + y TeleTaxi TV. Cintas que se van transfiriendo de generación en generación –como actualmente lo hacen los discos y las películas-, un torrente genético unido por la misma materia prima sexual. Lo estoy viendo, será una sociedad mejor. La publicidad ya no podrá manipularnos con el sexo porque ésta estará por todas partes. Al liberar la pornografía y al amoldarse a los gustos de todos los géneros y edades la mujer ya no será un objeto sexual como antaño. Los estereotipos se diluirán, el hombre será menos macho y la mujer menos femenina, todas las tendencias sexuales al final podrán bailar al unísono el tango de la igualdad. Os lo juro, lo estoy viendo, eso no son más que buenas noticias.

Maldita sea, esto sería precioso, sería un auténtico ejemplo de evolución humana pero no creo que suceda, en absoluto. En el fondo todos seguimos temiendo esa puerta que puede abrirse en cualquier momento y descubrirnos al mundo con la herramienta en la mano.