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Cultura

La lava en los labios vaginales

Estrenamos el videoclip de la nueva peli de Jordi Costa.

por Iago Fernández
22 Noviembre 2013, 9:12am

La lava en los labios es una peli que se estrena este sábado en la Cineteca de Madrid y el lunes en el canal Calle 13. Pero antes de eso La lava en los labios ya era una canción en la cabeza del crítico de cine Jordi Costa. Il magazzino dei ricordi, de Caterina Caselli, un tema publicado en el 74 que no encontrarás en Spotify pero que Costa tiene en vinilo y cuando lo escucha proyecta en su cabeza la imagen de una virgen ofrecida en sacrificio al interior de un volcán en erupción. “Una situación muy Indiana Jones en el templo maldito pero, sobre todo, muy péplum, uno de esos subgéneros italianos que, según Zizek, fueron -junto al giallo y la comedia erótica- tres de las grandes aportaciones de esa cinematografía al séptimo arte”, apunta el propio director.

En la cinta aparece dos veces (con dos voces distintas) una especie de versión bastarda de esta joya de la popular actriz italiana. Se llama La cueva de los sueños, ha contado con la colaboración de Manu Sánchez (Los Punsetes) y la estrenamos aquí en EXCLUSIVA:

 

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Acojonante ¿verdad? Jordi te da todos los detalles aquí abajo.

“Curiosamente, a esa chica que cantaba mi inconsciente le puse un rostro muy concreto: el de Belén Riquelme (la que canta en el clip), que tuvo un papel brillante en el #littlesecretfilm Los desórdenes sentimentales y que para mí posee una belleza antigua, muy italiana y particularmente muy péplum. Todo lo demás partió de ahí: se me ocurrió contrastar esa carnalidad y esa contundencia con la fragilidad y la vulnerabilidad de Eva Llorach (también la canta en otra escena de la película), cuya voz, que me vuelve loco, abría Piccolo Grande Amore (ópera prima de Jordi Costa).

Piccolo Grande Amore tenía la agenda oculta de generar un número de secuencias musicales a cappella que yo pudiese volver  a ver una y otra vez. Algunos espectadores se quejan de mi tendencia a incluir las canciones enteras: como entusiasta del musical, a mí eso me parece un extremo innegociable. La lava en los labios responde, pues, a la agenda oculta de ver a Belén Riquelme y Eva Llorach cantando sobre lava de volcán y esa lava de volcán es lo que ha engendrado el resto de la ficción.

La película incluye música muy distinta: hay temas orquestales de Pablo Maqueda, que ponen música a las películas de la vampira Valeska/María Solana, personaje interpretado por Rocío León, que es un guiño tanto a Soledad Miranda como a Lina Romay. En uno de esos temas, la guitarra interpretada por el padre de Pablo Maqueda incorpora unos ecos de spaghetti western que me ponen muy feliz: otro subgénero italiana sin el que no podría vivir.

También hay flamenco –en la figura de las bailaoras ha habido siempre un erotismo que no entiendo por qué nunca ha sido tan bien explotado como hizo Buñuel en Ese oscuro objeto de deseo- y canto gutural tibetano, o canto difónico mongol: el responsable de ese canto tibetano es el actor Enrique Martínez, que, además de grandísimo cómico, tiene una doble vida como chamán de sones guturales. Cuando vino al estudio de sonido nos dijo que habíamos elegido muy bien el simbolismo de la historia: que Jung usaba a menudo la imagen del volcán como metáfora del inconsciente y que hablaba del canto difónico como de la música del inconsciente colectivo.

El canto gutural es algo que sale de muy adentro y emerge como una erupción de sonido, como la lava de un volcán. Supongo que podría decirse lo mismo del cante jondo. Pero no había nada deliberado: yo no pensé nunca en ese simbolismo, la decisión de usar canto gutural en el clímax fue arbitraria y casual -de hecho, de esa decisión tuvo la culpa la base usada en una canción de Gainsbourg en el álbum L'Homme à tête de chou- y, de repente parecía que todo encajaba. Quizá el secreto estuvo en eso: en liberar el inconsciente, en dejar que fuese el deseo y no la estrategia de seducción quien tomase las riendas.”

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