A pesar de todas las molestas diferencias entre los países de la gloriosa Unión Europea (obsesion con la mayonesa, cortes del pelo infames, el peligro de saludar a una desconocida con un beso delante de su novio…), hay una cosa que los une. En todo el mundo los policías son unos capullos. Pero resulta que en Alemania son unos capullos con memoria de elefante.
Hace 2 años mi amigos Juanito Milloperro, Carola y yo decidimos colarnos una noche en una piscina municipal de Berlín al aire libre. Saltamos la valla y nos bañamos en bolas. La piscina está al lado de una pequeña sala de conciertos, y a veces al salir de ahí nos habiamos colado en masa sin que los seguritas hicieran nada, así que pensaba que andabamos sobre seguro, pero a los 5 minutos vino un hombre grande con un perro y nos hizo vestirnos y esperar a la policía en un cuartito. Yo era el único que no llevaba ninguna identificación encima, así que me hicieron pasar en solitario el trago de llevarme esposado a una comisaría a esperar que hubiera un coche libre para llevarme a casa a comprobar mi pasaporte. Como todas las veces que he sido arrestado, en esa puta comisaría no parecía que nunca pasara nada, y yo debía ser lo más emocionante de la noche y no iban a saltarse ni un sólo paso del protocolo. Me llevaron hasta mi casa esposado, en un furgón blindado de esos con una ventanita minúscula para poder ver desde fuera si has conseguido ahorcarte con tu cinturón o lo que sea, y los dos polis que me llevaron hasta la puerta se las arreglaron para hacer que todos los vecinos se enteraran con sus pisotones, y darle un susto de muerte a mi novia.
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Fast forward al domingo pasado. Vuelvo a estar en Berlín después de pasar un año fuera. La cosa va mal, me echaron de la casa donde estaba quedando y no tengo un puto duro. Decido ir al rastro a vender la basura acumulada aquí durante años. Tengo algunos items bastante interesantes, como números de The Face de los 80 y revistas porno alemanas de tapa dura de transexuales y abuelas, unos tirantes de piano, comics japoneses originales. Pero como no puedo pagar lo que cuesta un permiso para vender, tengo que ponerme fuera del mercadillo en plan ilegal. Todo el mundo lo hace, se supone que no pasa nada. La venta va bien, pero a la media hora llegan unos inspectores y nos piden identificación. Van echando a todo el mundo pero a mí no me devuelven el DNI. ¿Qué demonios pasa? Una asiatico-americana, ajena a todo, sigue regateando conmigo por un libro de las mejores portadas de discos de la historia. Le pido que sea discreta pero no lo pilla, a pesar de todo consigo cerrar la venta antes de que me pongan las esposas. «Señor C____, está usted arrestado por impago de una multa.» Me lo dice un tipo que, pese a ser alemán, parece más el inspector Clouseau y tiene esa clase de sentido del humor de gendarme francés.
Resulta que, después del episodio de la piscina, fui llamado a juicio, y al no presentarme me declararon culpable y me pusieron una multa de 394,21 Euros. claro, la carta no me llego.
El poli me da opciones: Hasta que la pague no me van a soltar, y si no la pago van a ser 23 días encerrado. Ya estoy un poco curado de espantos de estas situaciones, así que le pido por favor que me quiten las esposas para poder llamar a alguien que me saque del lio y para poder meter todas mis mercancias en el carrito de supermercado en que lo traje. Ni siquiera voy a ponerme a protestar por lo absurdo de que me estén llevando a chirona por haberme colado en una piscina hace 2 años. Son alemanes, y sé que no va a servir de nada. Un «Hauseinbruch» es un «Hauseinbruch» y un «Haftbefehl» es un «Haftbefehl» y te callas la boca. Entre los 3 polis y yo subimos el carrito, del que asoma una piñata con cara de estar muy en la parra, al coche blindado, y me paso las horas en comisaría dibujando chicas en bolas mientras un poli con bastante mala leche me toma los datos. Cada vez que le pregunto algo, a pesar de que lo hago con toda la calma y la amabilidad del mundo, responde como si fuera un perro ladrando, pero como a mí no me intimida se le queda cara de pasmarote tras sus ladridos. Cuando al fin llega mi amigo a salvarme el culo, como se le ve bastante nervioso y habla con la voz muy baja, el poli malo aprovecha para desquitarse con él ya que conmigo no ha podido a pesar de que no tiene culpa de nada. Putos cobardes y sus jodidos sistemas informáticas. me cago en su kartofflen.
CAMP DAVID
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