inmigración

En imágenes: refugiados sirios en Melilla, el último muro para alcanzar el sueño europeo

En 2015, 13.000 personas solicitaron asilo en España, y el 60 por ciento de las peticiones tuvo lugar en Melilla. Muchos sirios están llegando a esta población española del norte de África con pasaportes que les venden las mafias marroquíes.
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(Imagen por José Colón/MEMO)
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Cientos de personas, la mayoría familias, esperan para cruzar a la "fortaleza europea". Tras la reducción de los intentos de saltar la valla de Melilla por parte de migrantes subsaharianos, ahora ha llegado el turno de los refugiados sirios, iraquíes, palestinos o kurdos llegados todos ellos de países en guerra.

Si bien es cierto que no son las cifras de desplazados que encontramos en el norte de Europa, el número de estos refugiados va en aumento. En 2015, 13.000 personas solicitaron asilo en España, y el 60 por ciento de las peticiones tuvo lugar en Melilla.

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Todos ellos han llegado usando la ruta del norte de África. Es un largo trayecto que empieza en Alepo, Damasco, Erbil o Kobane y que tiene como primera escala Turquía o el Líbano. Desde allí van en avión hasta el Magreb , siendo Argelia, Túnez y principalmente Marruecos los destinos intermedios. A partir de aquí, se inicia un largo camino, principalmente a pie, que termina en la ciudad fronteriza de Nador, donde esperan que las mafias puedan introducirlos en Melilla.

Una y otra vez, los refugiados intentan entrar por la frontera sur española, pero Marruecos no les permite llegar a las oficinas de asilo en la frontera de Beni Enzar. Por eso no les queda más remedio que saltar los controles policiales o pagar a las mafias de 400 a 2000 euros, lo que les permite, como a cientos de refugiados, entrar en Melilla y de ahí dar el salto a la península Ibérica, que, a su vez, es la puerta a otros países de Europa.

Todas las imágenes son de José Colón, miembro del colectivo fotográfico MEMO.

En imágenes: pasamos un día con 'las mulas' de Melilla que abastecen a Marruecos. Leer más aquí.

13.000 personas solicitaron asilo en España, y el 60 por ciento de las peticiones tuvo lugar en Melilla. (Imagen por José Colón/MEMO)

Los refugiados también utilizan nuevos métodos para cruzar la frontera hispano-marroquí, como el tráfico de pasaportes marroquíes, comprados por las desesperadas familias de refugiados, con la esperanza de poder pasar por las verdaderas personas que aparecen en los documentos, pero eso no excluye el previo pago a las mafias y las correspondientes "mordidas " a los guardias de fronteras marroquíes.

Mujeres, niños y hombres deambulan por el paso fronterizo de Beni Enzar en busca del mejor postor que les ofrezca poder pasar a cambio de dinero. También es habitual que las familias se vean obligadas a separarse por la imposibilidad de cruzar conjuntamente, rompiendo las familias y convirtiéndose en rehenes de los traficantes para garantizar el pago.

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En Melilla, como en tantos otros lugares de Europa, el control de fronteras se ha convertido en un negocio muy lucrativo en estos tiempos de crisis. De esta forma se ha creado un mercado al que diariamente llegan las familias ofreciendo el poco dinero que tienen, y sólo son capaces de entrar aquellas que más dinero pueden ofrecer a las mafias.

Con este escenario corrupto, organizaciones como PRODEIN o CEAR denuncian que España y Marruecos además tienen un acuerdo que viola las leyes de asilo, el cual solo permite pasar por la frontera de 20 a 30 refugiados al día para evitar que se saturen las oficinas.

Pero el drama sigue para los que han conseguido pasar.

Refugiados duermen al raso en las afueras del CETI como señal de protesta. (Imagen por José Colón/MEMO)

Los que consiguen entrar en Melilla se encuentran con un Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) desbordado que intenta adaptarse al nuevo perfil de los refugiados, que son principalmente familias rotas que huyen de la guerra. Al llegar al campo se encuentran con un espacio diseñado para 660 personas adultas pero que en realidad alberga cerca de 1.800, de los cuales 500 son menores. El centro es un sitio donde las familias se hacinan durante el día y son separadas durante la noche por no tener espacios habilitados para ellos.

El tiempo de estancia en el CETI puede ser de un mes, hasta cuatro meses. Una vez que han completado y rellenado todos sus expedientes en comisaría, unos 200 refugiados son embarcados cada miércoles rumbo a Málaga.

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La mayoría aseguran que su camino aun no ha terminado y que seguirán su trayectoria hasta el norte de Europa en busca de mejores condiciones de vida y paz.

Las mafias se aprovechan de la desesperación de los refugiados por querer llegar a Europa y les exigen hasta 2.000 euros por un pasaporte marroquí. (Imagen por José Colón/MEMO)

Sabha de 35 años con dos de sus seis hijos en el interior de un taxi melillense tras cruzar a España. Su marido y y sus otros cuatro hijos aguardan en Marruecos para poder cruzar y unirse al resto de sus seres queridos. (Imagen por José Colón/MEMO

Refugiados sirios se hacen fotos en el puerto de Melilla justo antes de tomar un ferry que les llevará a Málaga. (Imagen por José Colón/MEMO)

Un refugiado sirio de avanzada edad sale del Hospital de Melilla tras ser atendido en urgencias. Al cruzar la frontera de Marruecos a España y carecer de documentación fue confundido con un ciudadano marroquí y pasó toda la noche durmiendo al raso. (Imagen por José Colón/MEMO

Muchos de los ciudadanos que tratan cruzar la frontera son africanos de países como Senegal o Malí. Su aspecto les impide utilizar los pasaportes que las mafias marroquíes facilitan a los refugiados sirios. (Imagen por José Colón/MEMO)

Los refugiados intentan entrar por la frontera sur española, pero Marruecos no les permite llegar a las oficinas de asilo en la frontera de Beni Enzar. Por eso no les queda más remedio que saltar los controles policiales o pagar a las mafias de 400 a 2000 euros. (Imagen por José Colón/MEMO)

Salima, de 15 años, pudo entrar en Marruecos pero su familia seguía atrapada en Marruecos. (Imagen por José Colón/VICE News)

Sigue a José Colón en Twitter: @JColonToscano

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