ESPAÑA

A juicio por deserción tras haber denunciado a su capitán por acoso sexual

Una cabo del ejército español denuncia a VICE News que su capitán la habría llevado ante la justicia por deserción después de haberla acosado sexualmente. Un fiscal y un psiquiatra militares avalan su acusación.
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Contingente de mujeres salvadoreñas y españolas de Naciones Unidas antes de ser desplegadas en el Líbano el 17 de julio de 2008. Imagen por Javier Cebollada/EPA
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Todo empezó con insinuaciones sutiles. Ese día de septiembre de 2013 en el que María, pseudónimo tras el que se ampara una cabo de reconocimiento de explosivos del TEDAX en el ejército, se puso unas largas pestañas postizas, su capitán, Francisco, le dedicó un piropo. A partir de entonces, el oficial, cuyo nombre real es otro, empezó a demostrar una atención exagerada hacia su subordinada, que había ingresado en la compañía en 2010.

Poco después, la inclinación del capitán por la cabo se hizo más evidente. "Yo también estoy bien, ¡Gracias mi capitán!", hacía notar sarcásticamente a Francisco otra soldado que, como María, había caído en el transcurso de un ejercicio militar, pero que recibió un trato muy distinto al que este mando dispensó a su compañera. Eso fue en octubre del mismo año.

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Pero fue en las maniobras de noviembre de 2013 cuando el asunto todo tomó un cariz preocupante. En el transcurso de una prueba llamada "El conguito", que consiste en introducirse en estrechos pasadizos subterráneos y tuberías simuladas, ella manifestó la dificultad de lograrlo debido al volumen del equipo que debía llevar consigo durante el ejercicio, y el capitán le permitió prescindir del fusil. Pero ese gesto tenía un precio: "Me debes un favor", le habría dicho su superior, según relata la entrevistada.

Las insinuaciones dieron paso, entonces, a afirmaciones explícitas del tipo "pareces muy morbosa" o "me gustaría que quedáramos". Y de ahí, cuando la cabo rechazó las proposiciones de su capitán, al chantaje, de acuerdo con las declaraciones realizadas por la cabo a VICE News.

La entrevistada, indefensa ante su mando, empezó a sufrir un cuadro de ansiedad que, siempre de acuerdo con su testimonio, le habría provocado un aborto.

"Yo le dejé claro que tenía pareja y que no quería nada con él", recuerda la TEDAX, que ha sido madre recientemente.

Acoso técnico

Tras la vuelta de las maniobras, María contaba con un permiso oficial. Fue durante ese período que supo que su padre iba a ser sometido a una intervención quirúrgica, y previa entrega de toda la documentación médica acreditativa correspondiente solicitó un permiso para poder estar con él. Al principio el capitán se negó, y luego se lo concedió como "favor personal", al tiempo que le ordenaba que, al día siguiente, volviera al cuartel.

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Pero la operación se complicó y una hemorragia obligó a la cabo a permanecer junto a su padre un par de días más. Presentó los partes médicos que así lo corroboraban y se atuvo a los 5 días de permiso que prevé la ley ante su capitán, que la habría llamado varias veces y fuera de horario de trabajo amenazándole con abrirle un expediente por no cumplir sus órdenes.

El 19 de diciembre, el capitán Francisco citó a María a su despacho y le comunicó el inicio del procedimiento sancionador. La cabo asegura que no se le leyeron los derechos y que fue obligada a contestar "sí o no", sin posibilidad de argumentar las respuestas.

El trato que le habría dispensado el oficial llevó a la cabo a ingresar en los servicios médicos del cuartel y en una clínica de Ceuta, donde estaba destinada, por un ataque de ansiedad.

Francisco hizo caso omiso a la baja expedida por el centro médico y remitida al Servicio de Sanidad de la Unidad. A fecha de 8 de enero de 2014, la cabo, ya de baja, recibiría nuevas amenazas por teléfono. Las insistentes llamadas le provocarían una nueva crisis, algo que figuraría en el informe expedido como parte judicial para iniciar la demanda contra el oficial.

Así es como el Ejército español se deshace de sus soldados enfermos. Leer más aquí.

La pelea judicial de María pasa porque se reconozca la relación entre el acoso sufrido por su capitán y su baja, un supuesto que la primera instancia judicial no reconoció.

La resolución de la demanda no reconoce su baja como contingencia profesional, una situación en la que la ausencia de un efectivo está justificada por cuestiones laborales. Además, por primera vez en nueve años, no superó las pruebas físicas y psíquicas de carácter rutinario a las que fue sometida tras presentar la denuncia.

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En junio de 2014 la cabo se reincorporó a la vida laboral, previa visita a los servicios sanitarios del cuartel para confirmar el alta médica. Después de este trámite se pondría a disposición del auxiliar de la compañía y su mando directo. El capitán requirió su presencia de nuevo: le informó de que sería sancionada por no haber asistido al acuartelamiento en horario de entrada, obviando el tiempo dedicado por la cabo en las obligaciones documentales previas a la incorporación. La ansiedad volvió a apoderarse de María.

Fue entonces cuando pidió ayuda al que sería su abogado, que prefiere mantenerse en el anonimato. Él se refiere a todos estos sucesos como "acoso técnico".

"La normativa de bajas es muy ambigua. Puede ser que se derive al afectado a un médico de la privada o del ámbito militar. Es el jefe de la unidad quien lo decide. Ejerce un papel fiscalizador", explica el letrado militar a VICE News.

Tras este último incidente, la cabo decidió iniciar acciones judiciales para evitar que las sanciones fueran firmes y fue a requerir el cambio de compañía. Ella sostiene que, ese mismo día, Francisco le habría dicho "tendrías que haber transigido en las maniobras", una afirmación que le habría provocado un nuevo ingreso clínico.

La situación también era delicada en el terreno judicial. Su comandante había iniciado un proceso penal por deserción contra ella, algo que pasó a ser calificado de ausencia injustificada cuando la demanda por el acoso recibido se incorporó al expediente.

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Cuando el capitán constató que, en los motivos de su baja, María le señalaba como responsable, interpuso una demanda contra ella por falso testimonio. El camino ha estado plagado de obstáculos. Ningún compañero ni superior de la cabo testificó a su favor, pero ella sostiene que gravó y documentó cada uno de los episodios del acoso, algo con lo que pretende demostrar que los testigos han incurrido en falso testimonio.

Además, ahora cuenta con un apoyo inesperado: el psiquiatra militar, de rango coronel, da veracidad a la versión de los hechos de la cabo, pues su cuadro es compatible con lo que denuncia.

Un año después, en junio de 2015, la fiscalía militar procedió a pedir la imposición de siete meses de prisión y la suspensión de cargo público y empleo al procesado.

Cuando unas diligencias se convierten en un sumario por la solidez de los indicios recabados se procede a una suspensión cautelar de funciones y hasta a un cese en el destino del acusado. Esto solo se evitaría si los mandos hubieran intercedido a su favor.

El juicio contra el capitán sigue hacia adelante junto al de María, quién continua recibiendo atención psiquiátrica y debe firmar todos los primeros de mes en dependencias judiciales.

Su caso ilustra, sostiene la protagonista de este artículo, como "la ley solo la cumple la tropa" y como "los mandos están exonerados de esas obligaciones" en un sistema en el que los superiores acumulan mucho poder.

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