Por qué debería importarte el TLCAN y su negociación
Foto por Gage Skidmore, vía Wikimedia Commons.
TLCAN

Por qué debería importarte el TLCAN y su negociación

Siete preguntas que siempre has tenido sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
27.2.18

Sabemos que Trump miente y el TLCAN —el tratado de libre comercio más importante entre México, Canadá y Estados Unidos— es uno de sus temas preferidos.

Es importante entender las consecuencias políticas y económicas del tratado para separar las fake news de lo que realmente está pasando. ¿Qué es el TLCAN? ¿Por qué ahora se está renegociando? ¿Qué tiene que ver con las elecciones mexicanas? ¿Cómo podría afectarnos? ¿Qué tiene que ver Trump en todo esto?

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Empecemos por lo más sencillo: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, por sus siglas en inglés) es un acuerdo comercial entre México, Canadá y Estados Unidos. Fue negociado y firmado cuando Carlos Salinas de Gortari era presidente, y entró en vigor el primero de enero de 1994, justo el mismo día que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) inició su movimiento como oposición simbólica.

Se dice que es un tratado de “comercio libre” porque las cosas, comida, productos, servicios (o lo que sea) pueden circular sin restricciones entre países. Básicamente, si soy un productor en México, puedo venderle a canadienses y gringos sin pagar impuestos en la frontera o enfrentarme a cualquier otro tipo de de barrera.

En teoría, no suena mal. Sin embargo, hay un patrón en las negociaciones comerciales: se hacen a oscuras, sin transparencia y privilegiando siempre los intereses de grandes corporaciones por encima de los derechos humanos. Los ciudadanos ni siquiera nos sentamos en la mesa de negociación.

Trump es quien está en las mesas de negociación con representantes de todos los gobiernos y empresas, decidiendo nuestro futuro y derechos humanos. Negocian a puerta cerrada, con textos secretos a los que no tenemos acceso. Lo que se decida quedará escrito en piedra aunque no sepamos que viene, y además prevalecerá sobre nuestras propias leyes y nuestros intereses internos.

¿Por qué ahora se está renegociando?

En 2015, Trump lanzó su candidatura a la presidencia prometiendo “hacer a América grande otra vez (Make America Great Again) y prometió construir un enorme muro fronterizo. Durante su campaña, criticó al TLCAN por ser un acuerdo que favorece a México enormemente (lo cual es falso) y lo culpó, junto con los bajos salarios de los mexicanos, de robarle trabajo a Estados Unidos.

Prometió “rehacerlo” para que fuera favorable para ellos y, si esto no era posible, salir del acuerdo para recuperar los empleos perdidos. También falso. Se equivoca y no podrá cumplir su promesa de “regresar” trabajos, pues como explica Caroline Freund, economista del Instituto Peterson de Economía Internacional, esos trabajos no volverán, pues la reducción de empleos se explica más por la automatización que por el comercio. Es decir, los trabajos que ahora pueden hacer máquinas gracias a nuevas tecnologías (aunque en realidad esto ha pasado antes, pero esa es otra discusión).

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Una vez que Trump ganó la presidencia, México, Canadá y Estados Unidos comenzaron a renegociar: revisar el texto actual y hacerle modificaciones (las cuales deben ser aprobadas por los tres países).

En sí, cambiar el contenido es necesario pues el TLCAN es un texto muy viejo (tiene 24 años) y no es ideal. Para Public Citizen, este tratado “redujo los salarios en Estados Unidos, aumentó la desigualdad y paralizó la economía mexicana, expulsando a millones de sus hogares”. Esta renegociación podría ser la oportunidad perfecta para incorporar criterios de derechos humanos.

El problema es que, hoy, hacer estos cambios y alcanzar resultados positivos parece imposible. El racismo de Trump no es “libre comercio”, mucho menos un comercio justo. Lejos de negociar a favor de nuestros derechos humanos, quiere que paguemos por el muro a través del TLCAN.

Además, de nuevo, sólo las grandes empresas y los gobiernos tienen una silla en las mesa de negociación. La libertad de expresión en internet, el derecho de acceso a la cultura, a la información y al medio ambiente jamás estarán por encima de sus intereses comerciales y su dinero. Los ciudadanos no podemos decir nada, ni enterarnos de qué se está pactando, aunque afecte nuestras vidas.

¿Qué efectos ha tenido el TLCAN original (el de 1994) en México?

Esta pregunta no tiene una respuesta directa. Hay dos bandos en la discusión (simplificándolo mucho): quienes discuten los efectos económico, y quienes ponen más énfasis en los derechos humanos. Pero con todo, existen opiniones encontradas sobre qué tan positivo o negativo ha sido el impacto que el TLCAN ha tenido en nuestra economía.

Efectos económicos

Primero, Paul Krugman (premio Nobel de economía) asegura que no cumplió lo prometido: mejorar el desarrollo de México y reducir la desigualdad. Para Krugman, esto puede ser por causas diversas, incluyendo la corrupción y la inseguridad. El escenario ideal no sería tirar el tratado a la basura, sino “salvarlo, ya que el acuerdo tampoco es terrible”. En esta línea, hay quienes argumentan que algunos consumidores mexicanos sí se beneficiaron a partir del 94, pues aumentó la diversidad de productos que llegaron al país y los precios bajaron.

Sin embargo, para medios de comunicación como Bloomberg, hoy el trabajador promedio mexicano gana menos en relación a los canadienses y estadounidenses que antes del tratado, México es el país más desigual de la OCDE, y el crecimiento del país desde 1994 es menor que el de otros países en desarrollo.

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Independientemente de la postura, lo que es indudable es que la relación comercial entre los tres países ha crecido y México se ligó a dichas economías. Esto quiere decir que si por algo las negociaciones salen mal y el TLCAN se acaba, la relación comercial seguirá.

Panorama de derechos humanos

En contraste, el tema de derechos humanos, no es alentador. Primero, en torno al derecho a la alimentación adecuada y el maíz. Organizaciones como ANEC han culpado al TLCAN de haber destruido el campo mexicano. Para ellos, los mexicanos ahora dependemos mucho más de Estados Unidos para alimentarnos. El gobierno de este país subsidia y ayuda económicamente la producción de su propio maíz amarillo que es usado para procesos industriales y alimentación de ganado. Como este maíz es transgénico, desplaza las cosechas locales mientras más de trescientas variedades de maíz mexicano (para pozole, tortillas o palomitas) se extingue.

La Alianza por la Salud Alimentaria lo resume bien diciendo que “estos subsidios han promovido una sobreproducción, han generado impactos ambientales negativos importantes, y han presionado los precios [de productores mexicanos] a la baja”. Además, según el New York Times, esta relación de dependencia generó la pérdida de cerca de dos millones de trabajos en México.

Segundo, el derecho al medio ambiente adecuado. Organizaciones como Greenpeace y Sierra Club afirman que a partir del TLCAN aumentaron los daños ambientales y la explotación minera en México. En cuanto a derechos laborales y el derecho a la igualdad entre trabajadores, Public Citizen afirma que las desigualdades económicas han crecido. Según Bloomberg más que mejorar la economía mexicana, este tratado ha beneficiado a los ciudadanos más ricos.

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Sin embargo, una de las huellas más graves es el mecanismo para resolver conflictos del TLCAN que privilegia los intereses de los inversionistas extranjeros. Para la coalición #ReplaceNAFTA este consagra la capacidad de los intereses privados para dictar los contenidos de las leyes nacionales, aunque se afecte a las poblaciones: un principio eminentemente antidemocrático.

En el Capítulo XI del TLCAN del 94 se estableció que los pleitos o desacuerdos entre inversionistas extranjeros y el país en el que están invirtiendo tendrían que resolverse en tribunales de Arbitraje de Diferencias Estado-Inversor (conocido por ISDS del inglés Investor-State Dispute Settlement): un modelo que se encuentra en muchos otros tratados de libre comercio, y que ha sido parangón de muchas injusticias.

Un ejemplo de esto es el caso de 1997 en el que la compañía Metalclad demandó a México por la cancelar un permiso para desechar sus productos nocivos en San Luis Potosí, a pesar de que estaba contaminando seriamente la región. El tribunal arbitral condenó a México al pago de 16.7 millones de dólares por la violación de disposiciones muy similares a las que ahora contiene el TPP. Este dinero claro, sale de los impuestos de los ciudadanos.

¿Qué temas están sobre la mesa de renegociación? ¿Cómo puede el nuevo TLCAN impactar nuestras vidas?

Por un lado, el TLCAN ya aborda muchos temas que nos afectan —directa o indirectamente— todos los días. Por otro lado, y bajo la premisa de “modernizar” el tratado, se están agregando temas que no estaban antes, como Internet y patentes medicinales.

Por ejemplo, la regulación de los trabajos se encuentra en el acuerdo original (en algo llamado “acuerdo paralelo”) y ahora se está discutiendo en las pláticas de renegociación. El resultado puede impactar los derechos de los trabajadores y sus salarios. Cambios en materia agrícola, ambiental y de energía (como emisiones de contaminantes, fracking y explotación petrolera) impactarán nuestro aire, agua, movilidad y comida.

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En cuanto a internet, al inicio de las negociaciones se utilizó como texto base para la negociación el Acuerdo Comercial Transpacífico (el TPP por sus siglas en inglés): otro tratado comercial empujado por Estados Unidos de 2012 a 2017 que para Naciones Unidas era un documento “con grandes fallas” que entraba en conflicto con los derechos humanos. En este se regulan temas como comercio electrónico, neutralidad de la red y propiedad intelectual poniendo en riesgo la libertad de expresión, el acceso al conocimiento y la libertad de expresión en línea. El TPP también dejó de herencia la regulación de las patentes a medicinas, que probablemente hará los medicamentos genéricos mucho más caros.

Otros temas relevantes en la negociación también son los de reglas de origen (en dónde se producen los autos y de dónde vienen sus insumos), solución de conflictos y la famosa cláusula de caducidad (sunset clause) que implica que cada cinco años debe revisarse el tratado y si alguna parte considera que ya no le conviene, este se terminaría automáticamente.

¿Qué efecto político podría tener el nuevo TLCAN en las elecciones (y viceversa)?

Tanto países como empresas querían que la negociación acabara antes de las elecciones en México pero esta ha sido más lenta de lo esperado. Pero, después de las elecciones queda un hueco de poder. Como el nuevo presidente toma posesión de su cargo hasta diciembre del 2018, hay cinco meses de “transición” que empiezan a contarse el día de las elecciones en julio. Peña Nieto podría acabar la negociación en este tiempo, sin que pudiéramos responsabilizar a nadie de su gobierno por lo que quede plasmado y firmado en el nuevo TLCAN.

En otras palabras: independiente de quien gane, el PRI tiene tiempo para plasmar sus intereses en las negociaciones sin ningún tipo de contrapeso o responsabilidad política con miras al próximo sexenio. Sin embargo, antes de diciembre hay que considerar también que Estados Unidos tiene elecciones al Congreso en noviembre, y este proceso puede interferir la negociación.

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La actitud racista de Trump hacia México y el TLCAN ya está marcando el discurso de las campañas: nadie quiere verse como amigo de Trump (piensa en Ricardo Anaya “defendiendo” a México en el extranjero o al gabinente de AMLO diciendo que la negociación del TLCAN debe esperar a que él sea presidente). Por esa misma razón, el el PRI probablemente busque vender su labor en la renegociación como “la defensa de México frente a la amenaza que es Trump”.

Trump amenazó con salirse del tratado, ¿qué pasaría si lo hace?

Aunque Trump retiró a Estados Unidos del TPP , sus amenazas de salirse del TLCAN parecen ser una estrategia de negociación. Primero que nada, hay que aclarar que Estados Unidos no podría salirse de tajo del tratado. Según el artículo 2204 del TLCAN se debe dar un “aviso de salida” al que le seguiría un plazo de seis meses. Una vez transcurrido ese tiempo, Trump podría salir o cambiar de parecer y no salir. Es diferente al caso de Brexit en el que la salida es inminente.

Incluso si Trump decidiera salirse, no es tan claro que Trump pueda hacerlo sin la aprobación del Congreso de su país, por lo que los opositores de la decisión intentarán bloquearla.

La salida no es lo ideal, pero tampoco es el peor de los escenarios. Llegar a un mal acuerdo como el TPP puede ser mucho más perjudicial que salirnos. Consideremos que en tres años habrá (¡esperamos!) otro presidente en Estados Unidos, y podría volver a entrar al TLCAN. Por lo pronto, México y Canadá lo mantendrían en vigor para sus relaciones comerciales, México y Estados Unidos aplicarían las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En cambio, ¿qué pasa si la negociación tiene éxito?

Si los tres líderes de nuestros países se ponen de acuerdo en un texto para el tratado, podrán firmar el TLCAN 2.0 y tendremos una negociación exitosa. Ojo, decimos “negociación exitosa” solamente porque se llega a un acuerdo, pero no necesariamente porque el contenido nos favorezca.

Ahora bien, las cosas no terminan ahí. Para que el nuevo acuerdo entre en vigor y sea válido, tiene que ser aprobado internamente en cada país. En el caso de México, es el Senado el que tiene que aceptarlo. En Estados Unidos, su Congreso. Lo grave es que ya no pueden hacerle ningún cambio al texto, sólo pueden votar "sí" o "no".

Sería difícil pensar que, una vez llegando a este punto, nuestro Senado rechazara el tratado. En primer lugar, porque la mayoría de los Senadores han mostrado apoyo por el acuerdo. En segundo, porque el costo político de no aprobarlo sería muy alto, pues llegar a un consenso con Estados Unidos habrá costado muchos esfuerzos. Pero el hecho de que el Senado quede en una posición en donde casi no puede opinar y donde prácticamente queda obligado a votar a favor del tratado, demuestra que es un control democrático prácticamente inútil.

El racismo de Trump no es libre comercio. Cuando Donald Trump dijo “Make America Great Again llamó a los mexicanos criminales y violadores. Ahora nos insulta en plenas negociaciones diciendo que indirectamente pagaremos por el muro mediante impuestos en el TLCAN.

Hoy en día, con internet y capitales financieros transnacionales, es ingenuo defender que los tratados de comercio internacional no deben existir. A diferencia del 94, quienes criticamos al TLCAN y a la actual renegociación lo hacemos porque pensamos en un marco de comercio internacional que no sea un espejo de los intereses de las empresas y corporaciones extranjeras. Esta renegociación no puede pasarnos de noche. Hay que informarnos y oponernos a un tratado negociado de forma opaca y que quedará escrito en piedra afectando nuestro futuro, nuestro medio ambiente y nuestros derechos humanos.