Género

Mujeres imparables: testimonios de abortos reinterpretados por artistas

Varios escritores e ilustradores colombianos, a propósito de los 20 años de La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, escribieron unos textos basados en testimonios de mujeres que han tenido dificultades al abortar en Colombia
Ilustración: Nieblarosa.

Artículo publicado por VICE Colombia.


Antes de que el aborto fuera una discusión cada vez más pública, antes incluso de que el aborto fuera parcialmente despenalizado, ya existía una organización que defendía a las mujeres que abortaban y que buscaba que el procedimiento fuera legal y accesible en Colombia. Se trata de La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres que este año cumple 20 años de existencia.

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Lo más lógico sería pensar que en dos décadas de trabajo La Mesa ha sido testigo de las mejoras en el país alrededor del tema. Pero la historia, tristemente, es otra. Si bien el aborto está despenalizado desde 2006 en tres causales, eso no ha hecho que el acceso al procedimiento se haya vuelto necesariamente más sencillo. Los 20 años de trabajo de La Mesa también han sido 20 años de escuchar testimonios de cómo a las mujeres les niegan —con las excusas más ridículas y con las prácticas más violentas— el acceso libre y respetuoso al aborto.

"Cuando haces un recorrido por la historia de las mujeres, una conclusión a la que puedes llegar es que por nuestros derechos las mujeres somos imparables; el mensaje es que no nos detendremos hasta lograrlos", afirma Juliana Martínez Londoño, Coordinadora de la organización.

Para conmemorar sus 20 años de trabajo y además el aguante de las mujeres que no han dejado de reclamar sus derechos con ahínco a pesar de los obstáculos y de los maltratos, La Mesa lanzará este 27 de septiembre "Mujeres imparables". La iniciativa, cuya página de internet ya está al aire, consiste en la reinterpretación de algunos de los testimonios de mujeres que han querido abortar en el país por varios escritores e ilustradores —Piedad Bonnett, Laura Burgos, Ricardo Silva, Viviana Pantoja, Gloria Susana Esquivel, entre otros— en nuevos textos e ilustraciones. Además, la iniciativa contará con varios graffitis en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Ibagué y Pereira.

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La iniciativa será lanzada oficialmente en la Galería Casa Grau, en Bogotá, el próximo 27 de septiembre en el marco del Día de Acción Global por un Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

El siguiente es uno de los textos que hace parte de Mujeres imparables, escrito por Ricardo Silva a partir del testimonio de una mujer.

SOL

Soy hija única. Nací en Calarcá hace veintiocho años, pero estoy viviendo en Tuluá con mi marido y mi niño. Trabajo en un restaurante desde las 7:00 a. m. hasta las 3:00 p. m. Veo crecer a mi hijo desde que llego a la casa. Estudio Pedagogía Infantil en modalidad a distancia. Desde hace varios años la Fiscalía me tiene atrapada en un proceso desesperante por culpa de una enfermera que contó que me había atendido en urgencias por un legrado mal hecho. Fue así: me apliqué el Cytotec, me tomé unas pastas que no me hicieron ningún efecto, acudí a un doctor recomendado que me hizo —sin anestesia ni compasión— un aborto mal hecho, tuve que contarle a mi mamá para que me llevara de afán a un hospital porque sentía que iba a morirme con esos restos adentro, y fue allá donde apareció la Fiscalía a meterme más miedo. Unos meses después me llegó una notificación: «Preséntese con su abogado». Y, gracias a una carta que me ayudó a escribir un amigo, conseguí que me aplazaran el caso por un tiempo.

Fue un alivio, de verdad, porque llevaba meses y meses pensando que me había tirado la vida. Acababa de terminar el bachillerato, vivía y siempre había vivido con mi mamá en la casa de mi abuela. Y, como la vida es irónica y la idea era estudiar, conseguir un empleo serio, mudarnos por fin y tener un día un hijo que pudiera mantener con una pareja que sí me apoyara, apenas quedé embarazada tuve que tomar la decisión de abortar. Mi primo me ayudó: me lo costeó todo.

La verdad es que si hubiera seguido el procedimiento legal, a través del sistema de salud, si hubiera tenido respaldo y hubiera entendido mejor lo que estaba haciendo en ese momento, no habría estado a punto de morirme, ni habría sentido ese dolor tan horrible, ni me habría quedado llena de temor viendo fantasmas y pensando: «Ay, pude haber tenido otra vida».

Pero, bueno, ahora la tengo. Ya no soy la persona que veía pasar los días como sin darles importancia, me casé, ya tengo mi hijo para seguir adelante, ya soy tecnóloga en Gestión de Mercado y estudié cuatro semestres de la Licenciatura en Español y Literatura y cinco de Pedagogía Infantil. Si mi caso en la Fiscalía no siguiera abierto y aplazado y enredado, a pesar de que tendrían que haberlo cerrado porque ya han pasado los años que tenían que pasar y estos años los he vivido yendo y viniendo de allá, yo creo que ya estaría en paz. Es que, aun cuando las profesionales de La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres me han estado acompañando y aconsejando desde hace varios años, no deja de ser incómodo para mi mamá, para mi esposo, para la gente del restaurante, para mí.

Soy fuerte e imparable y sé que tengo mi futuro más allá de esta sombra que no se va, pero me doy cuenta de que necesito que se acabe este proceso sin fin para que el aborto sea mi pasado.

Me llamo Sol: me parece bueno que la gente lo sepa.