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Crisis y millennials ¿cómo enfrentarla?

Hablamos con jóvenes acerca de sus consumos y cosas que tuvieron que reducir en su vida debido a la crisis económica en Argentina
17.9.18
Pablo

Artículo publicado por VICE Argentina

Con el dólar en alza y el fantasma permanente de la inflación, el bolsillo pinchado de los millennials argentinos juega al milagro para sobrevivir. Que las cuentas no cierran, que los sueldos son mierda. Con el ajuste, los recortes y con todo eso encima, arreglárselas para que la vida no sea un tedio se hace cuesta arriba. Por eso, ya no más flores, ni recitales de artistas internacionales, ni cenas con amigos una vez por semana. No, no: pagarse la obra social se convirtió en un lujo e irse a vivir a un dos ambientes, una excentricidad. Entretanto, la situación socioeconómica empuja a que muchos jóvenes vuelvan al nido: la casa de nuestros viejos es el último de los refugios al que queríamos regresar pero ahí andamos.


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En los momentos de crisis, nuevos y viejos rebusques: arroz y bicicleta, juntadas en casas e infinitos viajes por YouTube, trabajos freelance y la imaginación como droga, vacaciones en el Google Maps y una pócima llena de veneno, enojos y frustraciones. ¿Cómo es trabajar en 2018 para un millennial argentino? ¿cómo se llega a fin de mes cuando los números no cierran? ¿cuáles fueron las cosas que los jóvenes criollos prescindieron para seguir habitando este suelo? ¿cuánto falta para la desesperación total? ¿irse a otro país es una posibilidad? ¿todas las clases sociales la sintieron igual? ¿el dólar se convirtió en nuestro mayor enemigo jamás? la billetera de los millennials, ¿se estira o revienta?

Vivir con lo mínimo de lo mínimo

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“Como nerd millennial tuve abandonar las cartas Magic (un juego de cartas coleccionables que se compran en dólares) y ahora mi único ‘pasatiempo nerd’ son los juego de rol donde básicamente no gastas nada. Después hay otras cosas que antes hacía todo el tiempo como ir al cine y comprar cómics que ahora se volvieron un lujo. No parece tan grave, pero soy una persona acostumbrada a vivir con lo mínimo de lo mínimo y en esos gustitos se me iba la mayor cantidad de plata que me sobraba. Ahora no me sobra nada de nada. Laburo en un kiosco ochos horas todos los días y gano 10 mil pesos. Vivo con mi pareja que tiene un negocio de diseño pero desde hace unos meses que todas las ganancias que genera su local alcanzan solo para cubrir gastos del mismo, así que todas las cosas las pagamos con mi sueldo. Igual tenemos la suerte de que ella heredó un departamento en el que vivimos y, como no pagamos alquiler, más o menos nos alcanza”.

— Pablo, 23 años, kioskero

Morir a cada instante

Johana

“Vivo con 15 lucas al mes. Tuve que volver a vivir con mi viejo a mis casi 30 años. Saco boleto estudiantil para viajar. Me quiero morir a cada instante. Calculo que necesitaría unos 25 mil pesos para vivir sola y para poder pagar algún alquiler, servicios básicos y sostener los apuntes y libros para el profesorado. Además, ayudo a mi familia. Recorté compartir un alquiler, las salidas (birra con amigos) se redujeron a una o dos por mes, comer afuera lo mismo, los taxis (uno por mes solo si es estrictamente necesario), ropa. Vacaciones no me tomo hace años así que solo se sigue incrementando la imposibilidad de cualquier viaje. Quise hacer natación y no lo pude pagar. Lo único que no resigno son libros aunque se limitan y dejé de comprar a Book Depository con el aumento del dólar”.

— Johanna, 29 años, empleada estatal y estudiante del profesorado de lengua y literatura


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Primera vez en el ajuste

Mariana

“Es muy difícil ser millennial y manejar la ansiedad y los caprichos de ‘white people problem’ en esta Macrisis. Siempre tuve todo o casi todo, ya sea porque me ayudaban mis viejos o porque podía ahorrar y a fin de año pegar alto viaje al exterior. Pero hace ya tres años que esa mecha se cortó y junto con eso se cortaron muchas otras cosas. Empecé por lo más grande que son los viajes, ya que tengo que elegir entre ahorrar para estar 15 días en Barcelona o pagar las expensas y compararme 2 paltas. Reduje el pack de cable + Internet, le baje los megas, saque cosas que no veía. Empecé a buscar alternativas más económicas a la hora de dedicar un día de minita como peluquería, depilación. Volví a atenderme en Temperley (mi barrio de la infancia) a la peluquería de barrio que no acepta tarjeta de crédito ni te da ticket pero te haces manos, color, shock de keratina y secado por la mitad que cualquier peluquería de la Big City. Por otro lado, también empecé a buscar otras marcas a la hora de vestirme o hacer las compras del súper. La lavandina ahora es Querubín y no mas Ayudín, el queso fresco paso a ser un producto de ricos que solo compro en ocasiones especiales y juntarse a tomar birra paso a ser: ‘Compro un par de packs en el súper de esos que vienen 6x4 o la importada de DIA% que es muy rica, y nos juntamos a ranchear en alguna casa y quejarnos de que no llegamos a fin de mes, de que tuvimos que cerrar alguna tarjeta de crédito y refinanciarla, a quejarnos de que estamos sufriendo algún jefe gordo hijo de puta que se desquita con nosotras porque su vida es una puta mierda y él tampoco llega a fin de mes pero tiene un poquito más de poder y eso lo hace sentir un poquito mejor que a nosotras’. Porque el clima en los laburos está raro también, la gente está nerviosa y mala. En fin, es la primera vez que tengo que “ajustarme” y lo digo entre comillas porque como dije al principio son ajustes de una burguesa blanca de clase media, problemas y ajuste son otra cosa y lo sabemos. Pero, bueno, en mi realidad es así y claramente hablo desde mi lugar de privilegio. Vivo con 29 mil pesos en mano”.

— Mariana, 28 años, RR.HH. en una empresa de tecnología

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La importancia de los otros

Mery

“Viviré con aproximadamente unos 30 mil pesos por mes. Trabajo en una agencia de comunicación. Y llego justa entre alquiler del departamento, el auto y bla, bla, bla. Dejé de consumir delivery, Rappi, Pedidos Ya, borré todas esas aplicaciones. Cabify tampoco. Reviso más los precios del supermercado y todas esas cosas. El departamento y el auto los comparto con mi novio, que por suerte gana mejor que yo. Me jodió lo del dólar porque antes tenía una capacidad de ahorro que ahora no y porque justo me habían aumentado el sueldo pero como todo subió quedé básicamente igual que antes. Me doy cuenta que lo del dólar me jodió en el cotidiano con el tema de la nafta, el transporte y el supermercado. ¿Vacaciones? Me voy a Italia pero porque me paga todo mi viejo. Yo pude ahorrar algo antes del quilombo del dólar, pero este mes: poco y nada”.

— Mery, 26 años, relacionista pública


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La vergüenza

“Estoy viviendo aún con mis viejos y lo digo con vergüenza. Voy al cine una vez al mes. A recitales voy cero. Ceno afuera de casa una vez por semana o cada 10 días. Después, placeres “objeto” como un vinilo, que es algo que siempre me compraba, uno al mes. Y ropa me compro en la feria de La Salada, que por cierto no me compro desde antes del Mundial, cuando me compré la camiseta de la Selección. Trabajo en negro de lunes a viernes unas 8 horas y básicamente ganó entre 8 mil y 10 mil pesos mensuales, gastando casi 3 mil en pre paga y casi mil en el celular. Se me van otros 1.800 en el seguro del auto y, posiblemente, unos 1.200 o 1.500 en nafta para el auto. Y me siento un privilegiado por esto último. Insisto, por supuesto que siento vergüenza de seguir viviendo con mis viejos aún. Y otra mala: en este momento muy especifico de mi vida estoy gastando una fortuna en remedios”.

— Nicolás, 28 años, empleado de una disquería

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