Instalación en la antigua estancia Jesús María // Cruz de la Compañía de Jesús en Tulumba. Por Ignacio Conese
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Con los procesos industriales que llegaron en el siglo XX, gran parte de la matriz social se modificó drásticamente con el arribo de cientos de miles de inmigrantes europeos. Sin embargo, los descendientes de los afros, que medio siglo antes conformaban hasta el 50 por ciento de la población de Córdoba, en su mayoría, no se fueron a ningún lado. Permanecieron, se mestizaron más aún, pero permanecieron, aunque la sociedad y la historia oficial de blancos y europeos que los argentinos nos contamos se negó a verlos. O si los vio, los dejo en un lugar residual.El discurso de desaparición del afro se mantuvo y mantiene hasta estos días. Pero más allá del discurso está la realidad y la experiencia de vida de cordobeses que reconocen en sí mismos y en la sociedad esta herencia:
Alejandro Ludueña. Uno de los rasgos donde Alejandro se reconoce afrodescendiente es en la forma de sus ojos. Por Ignacio Conese
Alejandro con su mamá Elba Urán. Gentileza Alejandro Ludueña // Mano de Alejandro. Ignacio Conese // Angelita Medina, abuela de Alejandro embarazada de Elba. Gentileza Alejandro Ludueña
Susana Juárez tocando su caja chayera riojana. Por Ignacio Conese
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A Susana el latido de su caja chayera la transporta a cuando escuchaba a las mujeres y hombres copleros de su pueblo, algo que le genera una gran tristeza, pero a su vez esperanza y alegría, contradictoriamente.Esa conexión y orgullo de sus diversas raíces la llevó a formar parte desde los comienzos de las distintas mesas de diálogo académico y cultural en torno a los afrocordobeses y su legado.Para ella el reconocimiento por parte de la sociedad de este legado es esencial en la construcción de la tan esquiva "identidad nacional".
Luciana comprendió su origen afro en parte gracias a las actividades que desarrolla la comunidad afrocordobesa para lograr visibilización. Retrato de Luciana Loza. Por Ignacio Conese.
En las Rancherías los Jesuitas alojaban a los esclavos y fomentaban entre ellos la vida conyugal. Los hijos de estos matrimonios eran retirados del seno familiar a los doce años para ser comercializados. En estos muros vivieron miles de esclavos a lo largo de cientos de años.
Daniel y Carlos descansan un Domingo por la tarde fumando en uno de los bancos del frente de las Rancherías. Ambos nacieron, se criaron y viven ahí mismo, y así lo han hecho sus familias por generaciones. Rancherías de Santa Catalina. Por Ignacio Conese.
Instalación en ex Estancia Jesuítica Jesús María. // Rodolfo Moisés tocando gato con la guitarra que él mismo confeccionó. Por Ignacio Conese.
Elba Margarita Marino, Marcela y Luis Andrés Alarcón. Cumpleaños de Marcela Fotografía gentileza de Marcela Alarcón. // Nesa, la diminuta primera muñeca de retazos confeccionada por Marcela. // La contextura de su cuerpo, que se repite en las mujeres de su familia es donde Marcela más nota sus rasgos afros. Marcela Alarcón en el Museo Marqués de Sobremonte. Por Ignacio Conese.
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Ximena Alzogaray de 32 años es oriunda de Jesús María, aunque vive en la ciudad de Córdoba hace varios años. De chiquita, visitar las estancias jesuíticas de la zona le provocaba escalofríos: le afectaba la energía que desprendían esos sitios. Ximena reconoce que es probable que ella sea afrodescendiente de línea paterna, pero prefiere no vincularse con África en esos términos; es decir desde la perspectiva de la diáspora africana y la cultura que se provocó a partir de ella.Para esta bailarina y comunicadora, que había dominado ya las danzas árabes, fue el primer encuentro con los tambores africanos en las sierras de Córdoba lo que definiría su trabajo y la llevaría a viajar a Guinea en búsqueda de perfeccionarse en esto que la hacía vibrar. Junto con un grupo de músicos formaron un conjunto tradicional de danza africana llamado Wongai, que significa “vamos” y es una palabra que se repite durante los bailes como aliento.
Detalle en la remera de una alumna de afro danza. Por Ignacio Conese.
Clases de afro danza a cargo de Ximena Alzogaray -Wongai. Ciudad de Córdoba. Por Ignacio Conese.
Nicolás recién arranca en el proceso de reconocerse afrodescendiente. Retrato de Nicolás Alanís. Ignacio Conese