Salud

Un hombre ha sido hospitalizado tras caerse a un agujero negro en un museo

El pobre hombre fue, literalmente, víctima del ‘Descenso al Limbo’, del artista Anish Kapoor.
21.8.18
Captura de pantalla vía YouTube

Parece que últimamente los turistas se han especializado en destruir accidentalmente obras de arte de incalculable valor. Sin embargo, por lo visto ha llegado el momento de la venganza de manos de una pieza expuesta en la Fundación Serralves de Oporto.

Una ilusión óptica creada por el célebre artista británico Anish Kapoor resultó ser demasiado convincente para un visitante del museo, que la semana pasada cayó en el interior de un enorme agujero negro que el artista había pintado de negro para que pareciera un simple círculo negro pintado en el suelo. No queda muy claro cómo el visitante, un italiano de 60 años, llegó a caer en el agujero de unos 2,4 metros de altura, sobre todo teniendo en cuenta que hay señales de advertencia alrededor de toda la obra y una persona encargada de que no pase lo que acabó pasando.

Tras la caída, el hombre fue hospitalizado, aunque un portavoz del museo declaró a Artnet News que “ya había sido dado de alta y se está recuperando favorablemente”. Al parecer, la escultura también necesita algunos retoques debido al accidente: según la publicación Art Newspaper, se espera que la pieza vuelva a poder visitarse “dentro de unos días” con nuevas medidas de seguridad.

Como bien señalan en Gizmodo, la obra en cuestión, que pertenece a la instalación Descent into Limbo (1992) de Anish Kapoor, se parece mucho a uno de esos agujeros de ACME que salían en los dibujos animados de Looney Tunes. Para realizarla, Kapoor utilizó el célebre pigmento negro más negro del mundo, el Vantablack, una pintura basada en el nanocarbono de la empresa Surrey Nanosystems sobre el que Kapoor tiene derechos de uso exclusivo durante dos décadas. Se supone que observar el círculo debería provocarnos la sensación de estar contemplando el vacío y hacernos reflexionar sobre los grandes misterios del universo. El artista no contaba con que también podía inducir al espectador a caminar hacia el círculo como si fuera el mítico Coyote del Correcaminos de la vida real.

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