Morrissey, ya no te creo nada

Un fan de Moz fue a la última fecha de su gira en Santiago de Chile. Su experiencia fue tal que sintió necesario escribir la siguiente carta.
Morrissey en Chile
Foto de Sergio Cortese

Querido Moz:

El proyecto central de tus canciones había sido tu propia vida. Tus letras eran las confesiones de un narciso que se despreciaba a sí mismo y al mundo. Incluso te atrevías a preguntarle a tu mamá cómo siendo tan apuesto y divertido dormías solo en la noche ("I Know It's Over").

Nadie lo niega: fuiste un maestro en retratar el sufrimiento y los anhelos insatisfechos. Escribías sobre quedarte de pie solo al lado de la barra para después volver a casa más solo y más miserable que antes ("How Soon Is Now?"). Sobre dar vueltas por las mismas plazas y pasajes de una ciudad mediocre. Sobre dejar esa ciudad para conseguir un trabajo mal pagado y terminar viviendo en un lugar minúsculo. La escritora chilena Paulina Flores, de hecho, adaptó tu "Heaven Knows I'm Miserable Now" en una parte de su relato "Talcahuano", en el libro Qué vergüenza.

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Textual: “Apenas pude me marché de Talcahuano. Me deshice de mi familia y de los únicos amigos que tuve. Y me endeudé para estudiar, y trabajé doce horas diarias y gasté dos más en viajes en micro, e hice todas las cosas que hace la gente para alcanzar cierto bienestar, y me cansé, me convertí en una persona cansada y viví en Renca, en Recoleta y en Quilicura, sin saber nunca qué significaban los nombres de todos esos lugares”.

Morrissey por Sergio Cortese

Foto de Sergio Cortese

Tus canciones venían de una adolescencia hundida en las raíces industriales del Manchester más miserable, el más conmovedor también, el de The Haçienda. Letras autobiográficas, sí, pero que podían representar a cualquiera. Eran un escape a la mediocridad cotidiana.

Pero la verdad es que ya no te creo.

En tu concierto en el Movistar Arena de Santiago el pasado 15 de diciembre, durante "I’m Throwing My Arms Around Paris", enviaste un mensaje a favor de las chaquetas amarillas de Francia. De hecho, le cambiaste la letra para decir “Nobody needs Macron, nobody wants Macron”, en vez de “Nobody needs my love, nobody wants my love”. Y también “The french they made themselves plain” y no “Yes, you made yourself plain”. En "Who Will Protect Us From the Police?", del mismo modo, pusiste videos de la brutalidad policial en Cataluña para después hablar en contra de la violencia en Venezuela, mientras lucías una camiseta de la selección de fútbol de ese país. Entre medio de cada canción, además de pasarte los dedos por tu cuello, colaste una foto de James Baldwin y Lorraine Hansberry, dos escritores activistas por los derechos de los afroamericanos, que hablaron de racismo y sexualidad en los cincuenta.

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Pero ya no te creo nada.

Parte de tu iconografía, tienes que saberlo, asomó impostada y majadera.

Morrissey por Sergio Cortese

Foto de Sergio Cortese

Este 2018, acuérdate, relativizaste sobre las acusaciones contra Kevin Spacey y también criticaste las políticas migratorias de Europa, cuyos países, a tu juicio, están perdiendo su esencia. “Quiero que Alemania sea alemana. Quiero que Francia sea francesa. Si intentas que todo sea multicultural, al final no tendrás ninguna cultura. Todos los países europeos han peleado por su identidad por muchos, muchos años. Y ahora solo la desperdician. Creo que eso es triste”, dijiste en la revista alemana "Die Spiegel", en 2017.

En Santiago, en la última fecha de tu gira "Low in High School", solo recurriste a los Smiths en tres oportunidades: "William, It Was Really Nothing", "Is It Really So Strange?" y "How Soon Is Now?", estableciendo una suerte de declaración. "Meat is Murder", así las cosas, no la cantaste, pero sí "The Bullfighter Dies", con la que enviaste un mensaje en contra del maltrato hacia los animales, mientras pasabas videos de corridas de toros y portabas una camiseta con las frases No + Rodeo y #NoEsDeporte.Pero la verdad es que ya no te creo nada.

Es paradójico que un día antes hayas dado un show en un teatro (el Gran Arena Monticello) ubicado a 25 minutos del recinto (la Medialuna Monumental de Rancagua) donde se realiza el Campeonato Nacional de Rodeo. Un lugar, además, que cuenta con un sucucho que emana desagradables olores de carnes poco nobles. ¿En qué quedamos Steven Patrick Morrissey? ¿Envías una carta a Junaeb sugiriendo cambios en el menú escolar pero cantas en un teatro que tiene un Burger King?

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Morrissey por Sergio Cortese

Foto de Sergio Cortese

Desde tus comienzos que constantemente te quejas que tus canciones no las pasan en la radio ni en la televisión, poseedor de un carácter caprichoso como el de un divo de la era dorada de Hollywood, pero en los últimos años, además, te transformaste en un opinante de cuanto sucede en el mundo. Y solo como estrategia de mantenerte vigente.

¿Qué pasó contigo? Eras el canto cursi al determinismo darwiniano de ser feo, raro, solitario pero exigiendo el derecho a ser amado. El sueño de Oscar Wilde. Y antes, al menos, no evidenciabas tu xenofobia, ni siquiera en tu búsqueda forzosa de la inglesidad mediante esa pronunciación y entonación exagerada, camp, que caracterizan las intervenciones de tus conciertos. Morrissey: fuiste bueno. Ahora eres un inconsecuente busca líos. El bocón de Manchester. Y la verdad, ya no te creo nada.

Sin más, felices fiestas. Bai.

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