Experimento Gan
Salud

Experimento Ganzfeld: cómo alucinar con pelotas de Ping Pong

Me llevó a un lugar oscuro de mi niñez.
26.11.18

Minutos después de haber iniciado el experimento, comencé a ver figuras humanoides largas, puntiagudas y con garras. Eran fractales hechas de sombras. Me encontraba en un sótano con pelotas de Ping Pong sobre mis ojos, ruido blanco entrando por mis oídos y una lámpara con luz roja frente a mí. Después llegó la tranquilidad.

Días antes mi editor mandó una imagen a través de Whatsapp que hablaba sobre la posibilidad de alucinar con pelotas de ping pong y ruido blanco. “¿Cómo voy a alucinar sin estar drogado?”, pensé y me puse a investigar. Este ejercicio es conocido como Alucinaciones Ganzfeld y hay varias fuentes que han documentado este experimento y la ciencia que existe detrás de él. Incluso encontré algunos de videos de Youtube donde te muestran paso a paso lo que sucede.

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Las Alucinaciones Ganzfeld prueban la percepción extrasensorial de las personas con el fin de producir un efecto similar al aislamiento sensorial. Algo así como lo que hizo Eleven en Stranger Things u Homero en ese capítulo de Los Simpsons, que si somos personas de bien, todos vimos.

Quise hacerlo porque siempre he querido ver más allá. Siempre me ha seducido la idea de que exista la posibilidad de teletransportarme a otro plano y poder cortar la realidad en dos, aunque sea por algunos minutos, me atrae de forma erótica. Por eso desde niño me obsesioné con David Blaine y su street magic. Sentir por segundos que habían cosas sucediendo y las cuales no podía entender, me llenaba de placer y una emoción que aún no he vuelto a encontrar en mis 29 años. Algunos libros y discos lo han logrado, y siempre estoy en esa eterna búsqueda y repetición de poder encontrar algo que me saque unos segundos de mi realidad.

Después de entender un poco la ciencia detrás de este experimento, me propuse buscar cada paso, encontrar los materiales y así a lograr lo que mismo que todas las personas que hacen esto: alucinar sin ningún tipo de droga. Los pasos son los siguientes:

· Corta una pelota de ping pong a la mitad y pégala con cinta adhesiva sobre tus ojos

· Encuentra un audio de ruido blanco y escúchalo durante todo el proceso (no menos de 15 minutos)

· Compra focos rojos o encuentra una fuente directa de luz y pon papel celofán rojo sobre ella

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· Trata de no abrir los ojos la mayor cantidad de tiempo posible

Este fue el audio de ruido blanco que utilicé.

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Luces rojas.

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Pelota cortada.

Decidí que este tipo de experimento era mejor hacerlo en comunidad para compartir experiencias y ver si realmente todos los participantes lográbamos sentir algo o distorsionar nuestras realidades. Le pedí a Sergio e Israel, dos amigos y compañeros de trabajo, que me acompañaran en esta aventura. Aceptaron sin dudar un segundo y eso habla de las hermosas personas que son. Nos juntamos en un cuarto con todo lo necesario y logramos representar cualquier capítulo de Maniac en donde están soñando. Lo más cercano a Netflix que estaré en mi vida probablemente.

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Sergio, Israel y yo, ciegos por las pelotas de ping pong en nuestros ojos y el ruido blanco entrando por nuestros oídos, nos despedimos de la realidad por un tiempo (claramente asistidos por otras personas que documentaran todo y estuvieran pendientes de lo que sucediera). Lo primero que sentí al comenzar el experimento fue ansiedad, pero era predecible, ya que estar alienado sí te puede mal viajar.

Minutos después comencé a sentir un estado de relajación total, algo parecido a estar en una cámara hiperbárica pero sin la sensación de claustrofobia. Durante el experimento estás sumergido en un lugar de control total, donde nada malo va a pasar y si llegas a sentirte mal, con solo quitarte los audífonos y pelotas estás libre. Un viaje totalmente seguro. Cerca de 10 minutos después comencé a ver figuras parecidas a las de The Nightmare Before Christmas. No podía encontrarle formas totales, eran figuras fractales hechas de sombras. A lo lejos (quizás por la luz roja), veía y sentía una especie de pantalla gigante, como esas de los autocines que aún existen, pero esta desprendía pequeños puntitos technicolores. Mientras más me concentraba en las figuras y la pantalla, más me adentraba en mis pensamientos. “¿Qué estoy haciendo mal? ¿Cómo resuelvo este problema?”

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Y de la nada, la tranquilidad me llevó a los días que pasaba con mis padres en la playa en Maracaibo, mi ciudad natal. Me gustaba ponerme una toalla en la cara porque realmente lograba un estado de relajación junto al sonido del mar. Tenía nueve o diez años, así que estamos hablando que mi vida retrocedió unos 19 años durante el experimento. ¿Qué significaba esto? ¿Por qué diablos mis cuestiones sin resolver con mis papás aparecían también en este momento? Si mi psicoanalista lee esto probablemente se cague de la risa. Y Freud también.

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En ese momento era 100 por ciento feliz. Es lo que sé. No sabía diferenciar lo que estaba bien o estaba mal. Y mi sonrisa dependía de ir a la playa y comer sandwiches ahí, con la arena recorriendo mis shorts. Era muy divertido y sacaba una sensación de libertad de mi cuerpo que quizás no he encontrado aún. Miré a mis lados. Moví la cabeza y abrí los ojos. Las figuras seguían ahí. Los cerré de nuevo y traté de concentrarme en por qué estaba en esa escena de mi vida. Por mala suerte (o buena), justo momentos después terminó el experimento. Los 15 minutos habían acabado y ya era hora de registrar nuestras sensaciones.

Le pregunté a Sergio sobre su experiencia apenas terminamos: “Vi figuras parecidas a los espíritus de Harry Potter, pero más en naranja con tonos verdes”, me dijo. “Eran formas abstractas que entraban y salían de mi campo visual. Siento que pierdes la noción del espacio. Es probable que el cerebro (al estar aislado de sonidos y visuales) deba crear alguna situación. Es una experiencia bastante agradable y sí creo que aluciné bastante. Lo volvería a hacer de nuevo”, aseguró.

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Israel, el otro participante, me dijo: “Es como si empezaras un sueño, justo cuando te estás quedando dormido y estás bastante cansado. Ves cosas pero sabes que ya estás entrando en esa parte primitiva del sueño. Todo desaparecía y empezaba como una curva. Es muy relajante y llega un punto en el que empiezas a alucinar, pero como que no logras entrar completamente en ella. Algo parecido a como si el cerebro estuviera muy cansado”.

Por mi parte, es algo agradable haber encontrado una especie de meditación/alucinación que no ponga a tu cuerpo en algún tipo de sustancia. No quiero caer en el dicho de “sólo usamos una cuarta parte de nuestro cerebro” pero es increíble lo que puede lograr o generar sólo con las estimulaciones [naturales] correctas. Tenemos una fuente de creatividad que no se acaba ahí. Probablemente sólo hay que encontrar los estimulantes correctos y vamos a poder llegar a lugares y niveles de nuestro cerebro que jamás pensamos posibles. Es un high natural. Y quizás, ahora entiendo todos los testimonios de distintos tipos de meditaciones que llevan a los participantes a lugares bien altos de su espíritu.

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Las Alucinaciones Ganzfeld son reales y lo volvería a hacer sin duda alguna. Creo que conocernos y entender cualquier tipo de situaciones inconclusas dentro de nosotros hará que cada día nos sintamos mejor con nosotros mismos y podamos seguir existiendo un poco más tranquilos. Algo que ya es bien complicado.

Puedes seguir a Diego en Instagram y preguntarle sobre este experimento.