Con la mente en el archirrival: La final de Tigres y Chivas también se juega fuera del campo
WikiCommons

FYI.

This story is over 5 years old.

El odiado rival

Con la mente en el archirrival: La final de Tigres y Chivas también se juega fuera del campo

En esta final del futbol mexicano hay poco margen para los rivales. Cuando el resto de los equipos se han ido de vacaciones, al aficionado le queda disfrutar el sufrimiento ajeno y desear un poco más una victoria que la otra. Aunque su equipo esté de vaci

En esta final del futbol mexicano hay poco margen para los rivales. Cuando el resto de los equipos se han ido de vacaciones, al aficionado le queda disfrutar el sufrimiento ajeno y desear un poco más una victoria que la otra. Aunque su equipo esté de vaciones, para ese aficionado no está todo terminado: su reputación personal sigue en juego. La carrilla y el bullying siguen en competencia. Esta vez, las opciones no son de esas que pasan desapercibidas. Hay venganzas pendientes. Por un lado, Chivas, equipo que está a un título de igualar al América en la cima de cantidad de campeonatos de liga ganados; por el otro, Tigres, que en años recientes ha abierto la chequera de par en par en la búsqueda por posicionarse entre los más grandes del país. Quieren marcar una época. Para los tradicionalistas, ambos equipos no son comparables en logros deportivos. Los Tigres suman cinco títulos en los últimos tres años, y han participado en ocho finales dentro y fuera del país. Sus intentos por crecer vía títulos internacionales se han quedado cortos y no lo han conseguido en Concacaf ni en Libertadores. Sin embargo, les ha resultado el impacto mediático de sus fichajes, principalmente desde la llegada de André Pierre Gignac. Son el plantel más caro del futbol mexicano -y probablemente también del continente- y la cantidad de dinero que los tigres gastan seducen a muchos, pero también indignan a otros: los que consideran que el futbol debería ser mucho más justo en recursos.

Publicidad

"Ya se nacionalizó el (seguimiento al) equipo. En muchos lugares hay (aficionados) Tigres, y vamos por más, no es sobre el quinto, queremos más. La misma historia lo va a decir. Estoy muy feliz de esta denominación pero la historia sigue", declaró Damián Álvarez al ser cuestionado por la creciente popularidad de Tigres en el futbol mexicano, tras la publicación de los datos de la última Consulta Mitofsky al respecto.

Como resultado de su encuesta publicada a principios de año, el equipo de Tuca Ferreti apareció
justo debajo de los cuatro grandes y registra un aumento en su afinidad con los seguidores desde el 2015, cuando volvieron a ser campeones luego de seis años. Tigres sumó odios. La misma consulta los puso en el quinto puesto entre los equipos que más enfadan a los rivales. Y ese, precisamente es un indicativo de éxito, una receta en la que el América y su "Ódiame más" han sido el mejor ejemplo de cómo capitalizar el sentimiento negativo. El arquero Nahuel Guzmán, argentino, es uno de esos jugadores que provocan aversión entre los seguidores rivales por su actitud retadora y por llevar la astucia canchera sudamericana hasta el límite para desquiciar el rival y salirse con la suya; por el otro lado, suma simpatías entre los suyos por la férrea defensa del resultado a costa de todo. También lo son Guido Pizarro y André Pierre Gignac. Y hasta el técnico Tuca Ferretti, que goza del cariño de muchos, pero que otros tantos lo aborrecen por su carácter y su estilo de juego.

Sus aficionados se hacen llamar "incomparables". Siempre llenan su estadio y se precian de ser los seguidores más fieles de la república. A la sombra de los Libres y Lokos pesa un historial de violencia en diferentes estadios del país. Los Rayados del Monterrey, el principal y más odiado rival, se ha quedado atrás en campeonatos. Tienen cuatro y fracasaron en sus últimas dos oportunidades de conseguir el título de liga. La del año pasado, cuando cayeron ante Pachuca en tiempo de compensación ha sido la más dolorosa. Tigres está frente a la posibilidad de ampliar la ventaja y herir a los Rayados. Para Tigres este campeonato llegaría en un escenario soñando en el entorno local, luego de haber arrollado a los Rayados en los Cuartos de Final con un global de 6 a 1, pues antes había caído varias veces en Liguilla frente al Monterrey. Ese era un argumento clave en la "carrilla" de los aficionados rayados contra los felinos.

"El más grande de acá es Chivas. En México gana Chivas y se alegra más de la mitad del país", dijo Almeyda a ESPN hace unos días. El club dice que son 40 millones de personas las que están de su lado en la búsqueda del título y se enorgullecen por aparecer casi en cualquier llave como favoritos. El técnico apela a ese sentimiento nacionalista para ganar ventaja moral frente a lo que considera "cuestión económica y de nombre de jugadores".

Aunque su once titular no es mucho más barato en inversión que el de Tigres y tampoco es totalmente originario de su cantera. Pero la estrategia es entendible y recurrente alrededor del mundo: Nosotros hacemos con el corazón lo que ustedes hacen con el dinero. Somos los buenos y ustedes los villanos. Receta básica del melodrama y motor emocional del corazón mexicano que se crece desde el victimismo. Para el Guadalajara, la bandera mexicana es casi un activo. La utilizan como encabezado en su cuenta de Facebook y cada que se presenta la ocasión, no dudan en reiterar que juegan por y para los mexicanos. Ese discurso nacionalista ha sido característico de su identidad, incluso cuando los
éxitos se han ausentado. En el nuevo milenio, Chivas solo cuenta un título, el del 2006 que ganó precisamente en el año de su Centenario. Desde solo se contado decepciones, falzas esperanzas y una veintena de técnicos con procesos truncos. La pasaron mal durante once años sin una final. El peso de su historia, el valor de su camiseta y el vínculo que representan para los que viven fuera de México, fueron algunos de los flotadores que salvaron a Chivas del naufragio porque estuvieron al borde del descenso, al tiempo que las tribunas vacías de su nuevo estadio eran objeto de burlas. De acuerdo con la misma Consulta Mitofsky, la afición de Chivas solo es superada en México por la del América, pero su camiseta llegó a ser la más vendida del continente. El aura de ser un equipo que solo alinea jugadores nacionales. Chivas replanteó su proyecto institucional, y el cambio en el banquillo fue una de las decisiones importantes, pero lo fue también su relación con la televisión mexicana. A mediados del 2016, se atrevieron a hacer lo que ningún otro: independizarse. Lanzaron su señal de televisión de paga con
producción del propio club. Asumieron los costos y la impredecible duplicación de los mismos; negociaron después con Televisa pero por los derechos en su canal deportivo restringido, así que no lo consideraron una derrota. La inestabilidad de su iniciativa todavía es blanco de críticas. La disputa permanente con el América por la supremacía simbólica del futbol mexicano pone presión extra a la final. El proyecto de Matías Almeyda tiene fijo el objetivo del título y de ganarlo, América tendría que compartir el trono con el odiado rival. Nada fácil de asimilar para los millones de aficionados de las Águilas repartidos por todo el país. A eso hay que sumarle la posibilidad de conseguir el doblete; Chivas tiene en sus manos la Copa Mx, el domingo jugará por el doblete que no ha ocurrido en el futbol mexicano desde hace 23 años, cuando Necaxa lo consiguió. El Clausura 2017 se definirá en la noche del domingo. Es más que un trofeo nuevo en la vitrina. También se juega el trofeo de la colonia, de la oficina, de la familia. Juegan las rivalidades, la carrilla, el protagonismo, la ciudad y hasta el odio.