Andrew W.K. hizo de mi 2017 un año más tolerable

Andrew W.K. hizo de mi 2017 un año más tolerable

La filosofía de seguir tus sueños y fiesta dura, fue uno de los ejes rectores de mi vida interna este año. Todo se lo debo al Dios de la Fiesta.

La década de los dosmiles fue un momento muy raro en la música popular. Linkin Park y Britney Spears dominaban los dos polos de oferta para la chaviza y a partir de ese panorama un chico de Michigan llamado Andrew Fetterly Wilkes-Krier vio la oportunidad de juntar lo más básico de estos dos sonidos para lanzarse como uno de los artistas más extraño y energético de la década (¿siglo?). Después de escuchar el primer sencillo de Andrew W.K., "Party Hard" le pedí a mis padres que me compraran el ahora icónico I Get Wet, que en su momento fue calificado con un 0.6 en Pitchfork. Años después el mismo sitio lo nombraría como uno de los discos más importantes de la década. Y justamente, en el apogeo de mi pubertad lo dejé de escuchar pensando que era un sonido demasiado repetitivo, genérico e inmaduro. Ahora a casi nada de cumplir treinta años, me obsesioné con el autoproclamado Dios de la Fiesta, tal vez por nostalgia, tal vez por reclamar algo de la juventud que desperdicié. Después de platicar con él brevemente entendí que era esta sensación que su música genera, una sensación de victoria y celebración de la vida lo que me hizo regresar a su legión de fans. En un año lleno de mala vibra, la música de Andrew W.K. me sacó adelante.

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Su sonido proviene de la esencia del noise pasado por un filtro ultrapop. Algunos lo han denominado Bubblegum Metal pero él lo describe como Party Music. Antes de encontrar esta voz, Andrew era músico experimental y noise, formando parte de una decena de proyectos musicales en solo un par de años, hasta que algunos medios (Ahem, Vice) lo posicionaron al frente de sus plataformas como una promesa artística sin precedentes. I Get Wet fue producido por una docena de personas, pero fue Mike Shipley, el productor responsable por los tamborazos icónicos de "We Will Rock You" de Queen, quien explotó el potencial sonoro de Andrew W.K. y quien le dio pauta a este sonido. Desde entonces, Andrew se ha convertido en o que proclama: el dios de la fiesta, mínimo para la banda rockera. Ahora es un artista multidisciplinario, escribiendo columnas de autoayuda para periódicos, estelarizando un game show para Cartoon Network y tuiteando diario sobre su filosofía fiestera. A 15 años del lanzamiento de su primer disco, solo ha lanzado dos álbumes completos y uno de puro piano improvisado. En esos años, había venido una vez a México en 2002, hasta que este año Corona Capital lo trajo para revivir la fiesta, justo para coincidir con mi reciente afición por su música.

Foto de Daniel Patlán

El concierto fue algo que el público de México necesitaba. A minutos de empezar el show, la carpa se sentía como el metro en hora pico, con más gente de la que esperaba, todos ansiosos por tirar fiesta. Después de un intro prolongado, apareció en el escenario y el público se volvió loco como pocas veces lo he visto, y en segundos se abrió un slam orgánico en el que entraron todo tipo de personas y no solo los rockers chavo rucos que frecuentan los mosh pits. Entre canción y canción, Andrew daba mensajes positivos pidiendo que todos sigan sus sueños y nunca dejen de tirar fiesta. Para "She Is Beautiful", una favorita de los fans, sacó una guitarra en forma de taco estilo tex-mex. Para el cierre, Andrew hizo un conteo regresivo del 100 al 0 antes de soltar "Party Hard" y podría jurar que ni Time Square en año nuevo ha hospedado tanta euforia en un conteo de expectativa.

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Al día siguiente, el dolor de cuello pulsante sirvió como recuerdo de que ya no soy un chavo que puede headbanguear por una hora sin consecuencias, y recordé que tenía que ir a entrevistar a Andrew a su hotel. A pesar de haberme preparado bastante para la charla, me di cuenta que varias de las preguntas que preparé las contestó el concierto de la noche anterior y tenía que ponerme creativo para llenar media hora de conversación.

Recurrí a las redes sociales de Andrew y me encontré con una serie de patrones interesantes. El personaje que ha creado en redes a base de su extraña carrera tiene una serie por Instagram en la que hace reseñas de productos ordinarios: Party Product Reviews. Estas reseñas duran los 10 segundos que Instagram te permite grabar para las historias, y por lo general no puede elaborar mucho sobre el producto. Por lo general son reseñas de dulces y productos de limpieza. A falta de llevarle una botella de Fabuloso compré unos dulces mexicanos para ver si se animaba a hacer reseñas de ellos en su cuenta antes de sentarnos a platicar. Particularmente le interesaron los Salsaguetti de Skwinkles. Entonces comenzó a hablar sobre cómo este tipo de videos cortos contribuyen a su filosofía fiestera:

“Esta música se trata de generar emoción y buenas emociones que contagien. Si antes no podías estar en una fiesta, ahora puedes tener una fiesta con tu computadora o celular y sigues teniendo una interacción real: se rompieron todas las barreras. Y ahora que puedes hacer estos videos cortos, estas interacciones cortas, hago estos videos en los que reseñamos productos con el objetivo de entretener a quien los vea. Si contribuye a la fiesta, es un producto que vale la pena y creo que las golosinas contribuyen a esa causa mayor.”

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Esta manera de ver todo como una fiesta es lo que ha distinguido más la carrera de Andrew; el armar una filosofía alrededor de la celebración y ligarlo a todos los aspectos mundanos de la vida, es un reflejo perfecto de su música. Recientemente, Andrew anunció su primer disco en nueve años You’re Not Alone. Aparte de la locura de portada que le hicieron Boris Vallejo y Julie Bell, Andrew nos platicó lo que podemos esperar:

“Hacer un disco es como cuidar un árbol. Las raíces pues son lo que no ves, son los años de preparación para empezar este proyecto. El tronco puede ser el concepto del artista, no lo abandonas pero luego empiezan a salir ramas y las ramas tienen hojas, tal vez flores y fruta. Pero todo es parte del mismo árbol…Si desde el principio la música que hago tiene como objetivo causar euforia y festejar, no voy a cambiar ese objetivo en un nuevo disco, solo voy a tratar de lograrlo de mejor manera. Con el tiempo, los discos, o hasta la guitarra en forma de taco, son testamentos físicos y tangibles del objetivo. El tener esta música y hacer estas cosas lo veo como una manera de demostrar que vale la pena vivir la vida, y quiero el público sienta lo mismo.”

Gracias Andrew W. K., por enseñarme cómo recibir mis treinta años sin dejar de rockear.

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