cárcel

Expresidiarios nos hablan de sus peores compañeros de celda

“Le dije que J. R. R. Tolkien no inventó a los elfos y me pidió que cerrase la puerta. Entonces supe que quería pelea”.
15 Enero 2018, 5:00am
Iain Masterton/Alamy

Lo que más teme la mayoría de la gente sobre ir a la cárcel es enfrentarse a lo desconocido. A menos que seas reincidente, lo más probable es que no tengas ni idea de lo que te espera entre las paredes de la prisión. Además, no hay forma de saber si va a ser como unas “colonias de verano”, tal y como los medios sugieren a veces, o como un auténtico infierno, como suelen afirmar los mismos expresidiarios. Una de las mayores incertidumbres son los compañeros de celda. A aquellos que esperan a entrar en prisión les surge la duda de si acabarán compartiendo celda con alguien que, a pesar de los delitos que haya cometido, sea tranquilo y de trato agradable, o totalmente impredecible. Todo es cuestión de suerte.


MIRA:


A diferencia de lo que se suele pensar de que los reclusos tienen al mismo compañero de celda durante toda su condena, parece ser que pueden llegar a compartir celda con hasta 20 personas distintas a lo largo de una condena de duración corta-media. A menudo, los convictos son trasladados a otras celdas o a los tribunales para asistir a algún juicio y, por tanto, dejan camas vacías que hay que ocupar.

Quise saber lo que se siente al tener la obligación de compartir una habitación diminuta con alguien con quien no quieres convivir, así que me puse en contacto con algunos expresidiarios y les pedí que me hablaran de sus peores compañeros de celda. Esto es todo lo que me contaron.

Jack Hill, cumplió 14 meses de condena por robos a mano armada

Estuve compartiendo celda con un tipo que estaba allí por agredir al personal de una ambulancia, bebido y con una conducta muy agresiva. El hombre era exmilitar y tenía TEPT (trastorno por estrés postraumático). Un día, poco después de que hubieran dado El señor de los anillos por la tele, tuvimos una discusión sobre elfos. Él me preguntó, “¿Sabes que J.R.R. Tolkien inventó todo el concepto de los elfos?”. Obviamente, no era cierto, así que le respondí, “Él no inventó el concepto entero, solo a los elfos de El señor de los anillos y también creó un idioma específico para ellos”.

Mi compañero de celda me respondió inmediatamente, “¡Cierra la puta puerta!”. Entonces supe que quería pelea y le respondí, “Vale”. El ambiente empezó a tensarse y vino corriendo hacia mí y me echó las manos al cuello. En ese momento, empezó a asfixiarme y a darme puñetazos gritándome, “¡No tienes razón!”.

La cabeza me daba vueltas y tenía morados en el cuello, pero me lo tomé como una victoria porque en ningún momento tiré la toalla

Para entonces, todos los reclusos de ese ala de la prisión se habían amontonado fuera e intentaban ver lo que sucedía a través de la pequeña apertura de la puerta. Mi compañero de celda estuvo pegándome hasta que acabó cansándose y paró. Yo estaba conmocionado, la cabeza me daba vueltas y tenía morados en el cuello, pero me lo tomé como una victoria porque en ningún momento tiré la toalla. Él sabía que yo tenía razón y acabó recurriendo a la violencia porque no tenía ningún argumento decente. Cuando todo se calmó, se negaba a hablar sobre lo que había pasado, parecía más afectado que yo. Después de aquello, no volvió a estar igual conmigo.

Shaun Attwood cumplió seis años de condena en la prisión de Arizona por tráfico de estupefacientes

El peor compañero de celda que he tenido estaba acusado de allanamiento de morada y de ser un torturador. Antes de entrar en prisión, había estado involucrado en secuestros de traficantes de drogas, a quienes daba martillazos en las rodillas. No quería que compartiera celda con él porque era mi primera vez en prisión y no era un recluso veterano. Además, éramos polos opuestos. Es decir, entre sus aficiones estaba fumar metanfetamina, chutarse heroína y hacer tatuajes ilegales típicos de los presidiarios, mientras que yo dedicaba gran parte de mi tiempo libre a leer y escribir en la celda.

Volví a mi celda y mi compañero estaba totalmente puesto de metanfetamina, se comportaba de una manera muy extraña y me enseñó el candado con el que pretendía aplastarme la cabeza

La noche que entré, mi nuevo compañero de celda me dijo, “Tengo un calcetín con un candado dentro. Puedo aplastarte con esto mientras duermes y matarte cuando quiera”. No pretendía atacarme directamente porque no hacía mucho había estado metido en problemas y no quería más follones. El tipo cumplía condena por haber celebrado un juicio ilegal contra un agresor sexual que acabó con este apuñalado numerosas veces. Para evitar tener más problemas con los guardias de seguridad, le pidió a un miembro de la Hermandad Aria que me atacara mientras yo iba a una de mis visitas.

Volví a mi celda después de la visita y mi compañero estaba totalmente puesto de metanfetamina, se comportaba de una manera muy extraña y me enseñó el candado con el que pretendía aplastarme la cabeza. Finalmente, tuve que avisar a mi madre para que llamara a la Embajada del Reino Unido y que ellos contactaran con la cárcel en la que estaba para que me trasladaran porque realmente temía por mi vida. Afortunadamente, ella pudo hacer lo que le pedí sin necesidad de explicar que mi compañero de celda me había estado amenazando, así que evité que me acusaran de chivato. Fue una experiencia muy desagradable que debería servir de lección a aquellos que se estén planteando saltarse la ley.

Leslie Abrokwaa, cumplió tres años y medio de condena por robo a mano armada

Leslie Abrokwaa en la Universidad de Cambridge

Uno de mis compañeros de celda no es que fuera precisamente curioso y no se duchaba muy a menudo. Tuve varios piques con él por ese tema, pues es algo que se hace insoportable cuando estás encerrado en un espacio tan reducido con alguien. Hay reclusos que no se duchan con demasiada frecuencia y lo único que hacen es ponerse desodorante. Después de unos cuantos días, el olor empieza a aumentar y se vuelve inaguantable.

El tipo era reincidente y estaba pendiente de juicio. Creo que estaba agobiado por su caso y se le había ido un poco de las manos. Le dije, “Mira, tengo que vivir aquí contigo. Si estuvieses en una celda solo, podrías hacer lo que quisieras, pero somos dos, así que apáñatelas como quieras”. Finalmente, captó el mensaje y empezó a ducharse. En verdad acabamos llevándonos bien, a pesar de ese roce que tuvimos, pero es lógico no llevarse bien con alguien que no se ducha nunca.

Tommy, sentenciado a 29 meses por numerosos delitos

Tommy

Mi peor compañero de celda no era el peor porque fuera mal tío, sino por cómo lo trataba la gente. Era débil y había sufrido acoso. El tío de la celda de al lado era realmente maligno –y mira que no suelo llamar a la gente “maligna”– y odiaba a este chaval. Solía quedarse despierto toda la noche golpeando cosas y amenazándole. Era raro porque se la estaba jugando, pues todo el mundo le decía que se callara, pero él seguía haciéndolo para asustar al chico. A la mañana siguiente, aparecía con unas ojeras inmensas de no haber dormido, pero le daba igual con tal de poder martirizar al pobre chaval. Como os podéis imaginar, mi compañero de celda no podía hacer nada, simplemente aceptarlo y tragar lo que le viniera. Al final se le hizo todo un mundo, se cansó y se suicidó. Sí, ese fue mi peor compañero de celda.

Gracias a Jack, Shaun, Leslie y Tommy por dedicarnos un rato de su tiempo para compartir sus experiencias. Tommy participó en una película sobre prisiones y justicia criminal cuando fue puesto en libertad. Shaun suele difundir vídeos sobre el sistema penitenciario de los Estados Unidos.

@nickchesterv