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Creciendo junto al gas nervioso

La ciudad de Kentucky, en Madison, era de muchas maneras un lugar idílico para crecer. Pero la pintoresca ciudad en mi corazón tiene un inexplicable lado oscuro.

por Sarah Baird
22 Septiembre 2015, 8:39pm

Iglúes que almacenan armas químicas, deposito Blue Grass del Ejército. Foto: BGAD/Ejército de Estados Unidos

Cuando el VHS enviado por el Programa de Preparación para Emergencias de Arsenales Químicos comenzó, se veía como un simple y mal actuado video instructivo de una clase de salud en los 90. Era parte de un kit más grande (que tenía, inexplicablemente, cinta adhesiva y tijeras), el que buscaba ayudar a los miembros de la comunidad a "refugiarse en el lugar" en caso de un desastre. El cursi melodrama del video casi te distraía de su propósito surreal y cuasi apocalíptico.

"Querida, ¿Escuchaste algo sobre el test de hoy?" dice ansiosamente un hombre sin pelo que viste un antiestético suéter mientras asoma su cabeza desde una casa suburbana.

"No creo. ¿Será real esta vez?" responde su mujer, mirando hacia arriba mientras riega las caléndulas y en sus ojos se asoma un miedo profundo. "Vamos niños, entren ahora a la casa".

A la distancia las sirenas chillan y gimen contra el cielo azul.

Alrededor de la mesa de la cocina las expresiones faciales demostraban que lo peor está a punto de suceder, mientras la familia enciende la radio de emergencia. ¿Esto está realmente sucediendo?

Una respiro. Una pausa.

"Esta es una prueba del sistema de emergencias…" dice una voz robótica en los altavoces y la madre respira aliviada.

Fue sólo una prueba. La familia del video ha sobrevivido por hoy.

Pero, ¿Qué va a pasar mañana? ¿Qué pasa en realidad?

Mañana el miedo todavía estará en ciernes. Mañana puede que todos estemos expuestos al gas nervioso.

***

La ciudad de Kentucky, dentro del condado de Madison, era de muchas maneras un idílico lugar para crecer. Los campos sembrados de tabaco, los arroyos con fango y los bosques de matorrales entregan interminables extensiones de tierra para explorar y mirar. Cada año los reyes y reinas que vuelven a casa hacen un desfile en la calle principal, antes del gran juego de fútbol americano, mientras la comunidad saluda a sus hijos e hijas.

Un primer vistazo y es totalmente encantador.

Cuando se conversaba, las armas eran llamadas simplemente como "el gas nervioso".

La pintoresca ciudad en mi corazón tiene un inexplicable lado oscuro, uno que preocupa internacionalmente. El estado de Madison es hogar de una de las últimas dos reservas de armas químicas en Estados Unidos, incluyendo gas nervioso (VX y sarín) y también gas mostaza.

Dentro de los cientos de miles de toneladas de armas químicas letales que fueron desarrolladas (y nunca utilizadas) por Estados Unidos durante la Segunda Guerra mundial, casi el dos por ciento está en la base de Kentucky, también hay otros siete sitios establecidos alrededor del país.

Trabajadores de químicos tóxicos inspeccionan las paletas de armas químicas. Foto: BGAD/Ejército de Estados Unidos

Ubicado sobre 99.5 kilómetros cuadrados y a poca distancia del patio trasero de mis padres, el depósito Blue Grass del ejército (o BGAD por sus siglas en inglés) reúne 902 iglúes estilo búnker llenos de armas químicas de guerra (casi 523 toneladas) diseñadas para destruir en masa a los enemigos. El BGAD guarda gas mostaza desde 1941 y agentes nerviosos desde el comienzo de los años 60.

El gas nervioso en cualquiera de sus formas es sinónimo del tipo de guerra química inconcebible que Estados Unidos rechaza casi en su totalidad (ISIS, entre otros grupos terroristas, han comenzado una guerra química utilizando gas nervioso). Desafortunadamente, las secuelas, del tiempo en que Estados Unidos no estaba en contra, todavía están presentes.

Cuando el gas nervioso es inhalado causa que el sistema nervioso se apague de a poco, lo que lleva eventualmente a una baja en la respiración y a la muerte. Incluso en pequeñas dosis, si una persona está expuesta muchas veces en el tiempo al gas nervioso, más severo y largo es el daño neurológico. El gas mostaza, por otro lado, es cancerígeno y mutagénico, causando muchas ampollas y quemaduras de tercer grado en los pulmones y la piel de las víctimas. Los dos fueron diseñados para matar y son muy difíciles de destruir.

Cuando era un niño era imposible para mi entender el peligro y la magnitud de las substancias que estaba en el BGAD, a un salto de donde jugaba fútbol y visitaba a mi dentista. Explicarle sobre desmilitarización a un niño no está en la lista de prioridades de ningún líder en nuestras escuelas y se hablaba de con mucha pasividad de las armas químicas, como si no hubieran razones para alarmarse. Cuando se conversaba, las armas eran llamadas simplemente como "el gas nervioso".

No fue hasta el 11 de septiembre que le presté atención a su presencia (y la lucha por deshacerse de ellas que duró décadas).

Ilustración: Shaye Anderson

Cuando crecieron los miedos sobre un potencial bombardeo terrorista sobre BGAD y la exposición de la comunidad a estos gases, mi escuela secundaria comenzó a tener "simulacros de gas nervioso" debido a la proximidad con el depósito. Durante estas pruebas todos los estudiantes fueron subidos a buses y evacuados falsamente a través del pueblo, salvandonos en teoría de la perdición a manos de nuestras vecinas, las armas químicas. El protocolo que seguimos no tenía mucho sentido en caso que ocurriera un desastre real, pero a mi me sirvió para un proceso personal más grande.

Repentinamente mis ojos estaban abiertos y pude ver la naturaleza profundamente perturbadora de las substancias que estaban dentro de los iglúes cubiertos de pasto en BGAD. También conocí a las personas que trabajan para hacer algo al respecto, llamados Fundación Medioambiental Kentucky.

La Fundación Medioambiental Kentucky o (KEF por sus siglas en inglés) comenzó oficialmente en 1991, a partir de los esfuerzos del vocero del movimiento, Craig Williams, quien ha estado trabajando para crear conciencia sobre este problema desde 1984. Luego de volver desde la guerra de Vietnam, Williams estaba sorprendido de saber que el departamento de Defensa de Estados Unidos planeaba incinerar los restos de armas químicas en BGAD, casi sin tener en cuenta la salud y seguridad de la comunidad alrededor. (En ese tiempo otra propuesta era botar las armas químicas al océano, donde ya hay unas 32 mil toneladas de agentes mostaza y nervioso). Su tarea personal rápidamente se convirtió en un movimiento, el que terminó por detener los planes de quema.

El firme enfoque de KEF ayudó a crear conciencia sobre las maneras más seguras de deshacerse de estas armas, todo esto mientras se defendían de la amenaza comunitaria que representaba la incineración. El trabajo de KEF también guió la fundación de una voz colectiva a nivel nacional respecto a este problema, a medida que resonaba en los pueblos y preocupaba a los ciudadanos alrededor del país, los que se unían para protestar contra la incineración de las armas químicas.

En 1997 el congreso norteamericano ratificó el tratado de la convención de armas químicas, el que obliga a los países miembros a destruir sus armas químicas y sus fábricas de producción en cierto periodo de tiempo. Una pregunta clave surgió rápidamente: ¿Cómo exactamente hacemos eso en Kentucky?

Luego de años de hostilidad, búnkers defectuosos que se filtran, líneas en la arena y un debate a gritos, los oficiales eventualmente decidieron que el (relativamente nuevo) método de oxidación por agua era la mejor manera de neutralizar las armas en BGAD. Este proceso funciona al llevar el agua más allá de su punto termodinámicamente crítico, luego del cual se transforma en un fluido con propiedades capaces de descomponer peligrosos componentes, como la materia halogenada y el agente nervioso.

¿Botarlas? ¿Incinerarlas? Ya no eran opciones. Craig Williams y la comunidad habían ganado.

***

Es dificil asegurar si mi ignorancia sobre las armas cuando era un niño fue para mejor. Después de todo, era (y soy) un preocupado y darme cuenta que estas armas se estaban filtrando silenciosamente a pocos kilómetros, me podría haber puesto en un estado catatónico.

De todas formas parece extraño tener tantas memorias cerca de BGAD (regalando un póster de Matchbox 20 en un cumpleaños con piscina, perder al limbo durante una boda en el club de oficiales del depósito) con sólo un débil reconocimiento que habían armas químicas letales muy cerca mío. (La entrada de civiles a las bases ha sido restringida desde que un pistolero abrió fuego en dos centros militares de Chattanooga, Tennessee, matando a siete oficiales).

"Lo que tenemos es un procedimiento experimental a larga escala que no ha sido probado"

Desde 2005, se ha progresado rápidamente en construir una planta piloto de destrucción de agentes químicos en Blue Grass, donde el agente nervioso de las armas químicas de Kentucky pueda ser destruido sin peligro utilizando la tecnología de oxidación por agua.

El plan le parece bien a todos los involucrados, muchos de los cuales son parte de la importante junta comunitaria para la destrucción de químicos, la que está compuesta por oficiales elegidos, expertos medioambientales, personal militar y más. El grupo ha tenido la tarea de abordar los aspectos de la construcción de estas increíblemente elaboradas plantas y de su sistematización.

"Todos están trabajando juntos ahora, no es un antagonismo como el que sucedía antes" dice Williams. "Los militares entienden que la comunidad es una importante voz y que deben escucharla. Ellos no habían recibido este trato en mucho tiempo".

Por supuesto que no todos están de acuerdo con el método escogido para la destrucción. El coronel en retiro Jack Edwards, antiguo comandante del depósito del ejército Blue Grass hasta el año 2002, todavía cree que la incineración era un mejor camino.

"Los legisladores federales de Kentucky se dejaron llevar por un grupo marginal de detractores radicales que nunca creyeron en el gobierno. Ellos le tienen fobia al humo" escribió en un email, "'Si lo queman puede producir una nube tóxica', al contrario: es más limpio que la mayoría de las plantas de energía. Sin embargo la minoría fue escuchada por el gobierno y demandaron algo más, sin humo. Lo que tenemos es un procedimiento experimental a larga escala que no ha sido probado". (A saber: El coronel Edwards es el padre del que fue mi novio durante la escuela secundaria).

Planta piloto de destrucción de agentes químicos en Blue Grass. Foto: Ejército de Estados Unidos.

Neutralizar los componentes químicos es un proceso lento y uno que no termina completamente por muchos años. El gas mostaza ha probado ser particularmente problemático ya que es más duro, lo que significa que no puede ser procesado utilizando la misma tecnología para destruir el agente nervioso. En cambio, será detonado utilizando tecnología de destrucción explosiva, un proceso a través del que el arma química es (lo adivinaste) explotada en un ambiente controlado. Un acercamiento similar será utilizado para destruir restos de gas mostaza solidificado en Pueblo, Colorado.

Actualmente, todas las armas químicas en BGAD se espera que sean destruidas el año 2023, cerrando el programa el 2026 (casi una década después del año 2017, fecha límite que fijó el congreso en el 2007). Suceda o no el cambio en la fecha límite o que el congreso ofrezca una extensión a la fecha final original, está por verse.

Para conmemorar el aniversario número 25 años de la fundación medioambiental de Kentucky y sus largas décadas de lucha, el grupo ha creado un documental llamado NERVE, el que "expondrá a la audiencia la inapropiado plan de eliminación de armas químicas y los peligros que plantea en los pequeños pueblos y comunidades alrededor del mundo".

Hasta que no sea completamente destruido, todos nosotros estamos esperando en Kentucky por una solución positiva. Esperamos el año en que aquel kit de "refugio en casa" no nos llegue. Ese podrá ser el año en que vuelva a casa.

All Fronts es una serie sobre la tecnología y la guerra permanente. Siguela aquí..