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Zach Randolph, los Memphis Grizzlies y el significado del esfuerzo

Los Memphis Grizzlies cayeron frente a los Golden State Warriors en los play-offs de la NBA, pero su forma esforzada de entender el baloncesto es una fuente de inspiración para cualquiera.
21.5.15
Photo by Kyle Terada-USA TODAY Sports

Zach Randolph no parece uno de los mejores ala-pívots de su generación hasta que le ves jugar a baloncesto. Es torpón y demasiado pequeño para la posición, pero también es listo y fuerte como un toro. El jugador de Indiana ha construido su juego a partir de varios pequeños dones: ganar la posición con inteligencia para recoger los rebotes, encontrar siempre posiciones desde las que hacer daño al rival… y tirar con una técnica que le permite caer ligeramente hacia atrás sin desequilibrarse, de forma que el balón siempre pasa unos centímetros por encima de los dedos del defensor aunque éste sea más grande.

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Randolph ha aprendido todos los trucos de la profesión y los aplica con un estilo salvaje y a la vez discreto. Además, Zach es mucho más ágil de lo que podría parecer, y éste es el auténtico secreto de un jugador cuya apariencia sugiere una velocidad en el giro similar a la de un transatlántico. De otro modo, no sería posible que alguien con una cintura aparentemente tan flexible como una viga de acero haya logrado promediar 17 puntos y 10 rebotes por partido en 14 años en la NBA. Bueno, eso, y que Randolph es un cabronazo más duro que una paella de tuercas. Sí, eso también ha tenido algo que ver.

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Llevamos unas cuantas temporadas presenciando la decadencia de Randolph, o al menos una especie de cúspide alargada de su carrera. Hace casi tres años y medio que sufrió un desgarro en el ligamento cruzado de su pierna derecha, lo que minó notablemente su capacidad de correr y saltar (que tampoco es que fuera nada del otro mundo, para qué engañarnos). Durante los seis meses que siguieron a la lesión, pareció que el rendimiento de Z-Bo caería para siempre, pero el jugador de Indiana volvió para disputar la temporada 2012-13 a un nivel más que aceptable. Durante ese año, Randolph demostró que todavía era muy difícil de cubrir para cualquier ala-pívot que no fuera capaz de soportar varios golpes con el hombro de Zach en el pecho en cada jugada.

Incluso a su avanzada edad (deportivamente hablando), Randolph es bastante bueno: sigue metiendo tiros de media distancia, continúa anotando ganchos y aún es capaz de cazar rebotes como si recogiera manzanas. No podrá hacerlo eternamente, por supuesto, pero esto ya lo sabíamos desde el principio. Sin embargo, cuando Randolph entra en un partido y le vemos realizar maniobras que muchos jugadores de 18 años no imaginarían, nos sigue dando la sensación de que, qué coño, quizás el tío aún pueda dar algunos minutos de rotación a los Grizzlies en 2020.

Esto es lo máximo de educado que Z-Bo suele ser en una pista. Mejor no meterse con él. Foto de Kyle Terada, USA Today.

Memphis, una ciudad que le ha adoptado y con la cual él se identifica, ciertamente agradecería la posibilidad de seguir contando con Zach. De los muchos elementos destacables de la carrera de Randolph en la NBA, seguramente la más notable es que un jugador capaz de representar lo peor de la etapa de los 'Jail Blazers' en Portland y de la época "¿Qué mierdas haces, Isiah?" de los New York Knicks también ha sido capaz de convertirse en un héroe en Tennessee.

Desde cierto punto de vista, su historia suena familiar: un tipo que aparentemente posee un buen corazón pero cuyas decisiones son terribles madura con el tiempo y usa su experiencia para volver al buen camino. No es un relato demasiado original que dijéramos; todos los jóvenes de veintipocos suelen sumar idioteces una tras otra. De hecho, la mayor parte de los veinteañeros aspiran a vivir un proceso similar.

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Lo realmente nuevo de Z-Bo es que ha sido capaz de rehabilitar su reputación sin entonar ningún 'mea culpa' hipócrita ni tener que cambiar de personalidad de forma ostensible. Sencillamente, Randolph ha alcanzado una especie de honestidad adulta. Zach ha cambiado en la medida en que ha dejado de fumar marihuana en su coche y de participar en carreras ilegales por la autopista a las tres de la madrugada, pero sigue siendo el mismo tipo directo y sin pelos en la lengua que había sido siempre.

Hay mucho que amar en un jugador así. Memphis le ha demostrado su total aprecio y le ha convertido en uno de los suyos. Z-Bo ya no es un 'Jail Blazer', un Knick mediocreo un Clipper olvidado. Ahora es un Grizzly, y lo será para siempre.

La identificación de Randolph con Memphis es precisamente la razón por la cual los Grizzlies Chatarreros, un equipo cuya fealdad es precisamente su mejor virtud, desaparecerán cuando llegue el inevitable fin de la carrera de Randolph. Las franquicias sobreviven a los jugadores, pero las épocas quedan fijadas para siempre. Cabe mencionarlo ahora que los briosos Golden State Warriors han eliminado finalmente a los Grizzlies (a pesar de haber tenido más problemas de lo previsto).

Randolph cumplirá los 34 años en julio. Es inútil especular sobre si éste habrá sido el último año bueno de Z-Bo, pero reconocer que es probable que sea así nos ayuda a apreciar tanto al mismo Zach como al equipo que ha ayudado a definir. Randolph es un jugado único, una pieza clave en un equipo con personalidad propia que ha logrado tener éxito a lo largo del tiempo en base a un estilo característico. Si os interesan los deportes por la experiencia de disfrutar de un espectáculo singular, de algo que no podéis ver en ninguna otra parte, los Grizzlies de Randolph os gustarán por su capacidad de ofrecer una rareza deliciosa partido tras partido. Son un tesoro.

Es plausible que Z-Bo aún tenga dentro de sí otros 75 partidos más de choques y canastas inverosímiles desde el poste bajo. Incluso puede que logre alcanzar los play-offs de nuevo. Algunos jugadores se queman rápidamente y otros duran mucho más de lo que nadie podría esperar: Randolph pertenece al segundo grupo.

Pero el tiempo terminará cazándole algún día: ningún jugador, ni siquiera Z-Bo, es capaz de jugar para siempre. Y como a Zach, el tiempo también cazará a los Grizzlies Chatarreros. Es una pena que la franquicia de Memphis no haya sido capaz de alargar más esta temporada si realmente es la última de este grupo, y a la vez es bueno que Randolph la haya exprimido hasta el final. La conciencia de que quizás no podamos volver a disfrutar de algo así nunca más la convierte en algo aún más especial.

A lo largo de la historia del baloncesto, hemos visto a muy pocos jugadores hacer lo que hace Zach Randolph: puede que no lo volvamos a ver más. Razón de más para disfrutarlo mientras podamos.