Pesca

La pesca de abulón casi me convierte en una viuda

La fuente de mi estrés es la pesca de abulón, la cual tiene lugar cada año con un grupo de amigos que mi esposo conoce desde hace casi una década. La última vez que fui, sentí frío, pero entendí porqué son tan ricos.

por Dalina Castellanos
08 Julio 2015, 8:00pm

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El sentir oleadas constantes de júbilo y pánico puede ser agotador en cualquier circunstancia. La fuente de mi estrés es la pesca de abulón, la cual tiene lugar cada año con un grupo de amigos que mi esposo conoce desde hace casi una década.

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Los caracoles marinos de una sola concha son un manjar de la costa oeste. Y los buceadores, tanto inexpertos como expertos, se reúnen en su búsqueda. Un pequeño grupo de buceadores de nuestra comunidad de amigos se visten cada año para sacar algunos abulones y traerlos al campamento para la cena compartida más decadente que haya existido.

La temporada de caza del norte de California va desde abril a noviembre con un mes de descanso en julio. Los últimos tres meses ya han hecho este año el más mortífero en los últimos tiempos. Eso no calmó mis nervios cuando mi esposo se vistió con su traje de buzo y desapareció entre las olas espumosas del turbulento océano.

El atrapar a esos cabrones viscosos no es difícil de hacer. Los buzos se llenan de pesas para que los ayuden a hundirse mientras mantienen la respiración más profunda y nadan bajo las turbias aguas oceánicas -a unos 25-30 pies de profundidad- para intentar sorprender al molusco, arrancarlo de la roca, y nadar de vuelta a la superficie intentando evitar las junglas de algas.

"Muchos van allí e improvisan", dice Dave Murai, quien ha estado buceando por más de 30 años. "Tienes tu flotador y tus agallas".

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Para esta rata de desierto que se volvió citadina y cuya masa de agua más cercana en su juventud era un río seco, esto parecía una locura. ¿Por qué alguien se pondría pesas en su cuerpo voluntariamente y se hundiría hasta el fondo del océano por un caracol? Salí y los mire zambullirse y pensé, qué montón de locos. ¿Pero qué se yo? Nunca había probado el abulón antes.

Tanto Murai y SunHee Lee, otros veteranos del grupo, son muy inteligentes y calmos, lo que me bajó un poco la ansiedad. Aún así, ¿Pesas y aguantar la respiración?

El sacar la carne de las conchas es fascinante de ver. Los abulones son pegajosos, resbaladizos y si les rompes las entrañas, bastante asquerosos.

Entiendo por qué los tanques de oxígeno no son permitidos: los cazadores furtivos usan los tanques para quedarse más tiempo bajo el agua, sacar conchas como locos, y destruir su población . El Departamento de Pesca y Animales Salvajes de California atrapó algunos cazadores furtivos en San Francisco con 59 abulones sin sus conchas. En 2013, 18 hombres fueron arrestados por la misma razón.

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¿Este grupo? Tan solo quieren pasar el rato juntos. Lee junto a un montón de jóvenes que podrán continuar con la tradición mientras el grupo original se empieza a retirar. Los cazadores en trajes de buzo parecen las tortugas ninjas cuando van caminando hacia el acantilado con los flotadores en sus espaldas. Estos tipo parecen estar hechos de agua. Mi nivel de ansiedad: 4. El grupo de cinco -cuatro de ellos tienen alrededor de 30 años- fueron a la costa del condado sureño de Mendocino y cazaron de dos a tres abulones cada uno durante una sesión de buceo de dos horas. Con 69 años, Murai decidió quedarse afuera esta vez.

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Los buzos –y una reportera nerviosa- toman tragos de tequila luego de la zambullida para celebrar la caza exitosa del día. Luego cargamos rápidamente nuestros carros y nos volvimos al rancho donde nos estábamos quedando, y donde el resto de los acampantes se empiezan a mover para preparar el festín de abulones.

El sacar la carne de las conchas es fascinante de ver. Los abulones son pegajosos, resbaladizos y si les rompes las entrañas, bastante asquerosos.

¿Para qué fue que hicimos esto de vuelta?

Una vez que están limpios, un grupo de voluntarios bien armados rebanan y aplastan la carne hasta que está tierna. Las rebanadas de sashimi son consumidas en el momento mientras que otras son transformadas en delicados y mantecosos bocados empanados. Su textura está entre una almeja y un pulpo, chiclosos pero aún así crocantes en las puntas cuando recién son sacados del océano. En cuanto a su sabor, imagínense una almeja drogada con crack.

Nuestro festín incluyó maíz asado en el fogón del campamento que fue mezclado en una salsa dulce de pescado con mantequilla. Habían ensaladas y un pastel cocinado al carbón directo del horno holandés.

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Y sí, ahora lo entiendo.

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