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Cómo comprar un equipo de Fórmula 1 por menos de dos euros

La compañía francesa Renault se gastó una sola libra —esto es, menos de dos euros— en la compra del equipo Lotus, que compite en la Fórmula 1. ¿Significa eso que cualquiera puede permitirse una escudería propia?

por Charles Bradley
04 Enero 2016, 3:20pm

BIEL ALINO/EPA

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Veamos: ¿cuánto puede costar comprar un equipo de Fórmula 1? La respuesta que nos dieron hace unas semanas fue tan simple como sorprendente: apenas una libra esterlina —séase, algo así como 1,35 euros. Esa es exactamente la cantidad de dinero que el gigante automovilístico francés Renault pagó para comprar el equipo Lotus.

¿Cómo puede ser? Costear un equipo de F1 puede costar entre 65 millones de euros para un equipo privado pequeño y 300 millones de euros para un equipo grande —de la talla, por ejemplo, de Ferrari, que diseña y construye sus propios monoplazas y motores. En el medio de estos dos extremos está Lotus, que antes solía comprar sus motores a Mercedes por una cifra cercana a los 8 millones de euros sobre los casi 100 millones que gastaba en competir en la mayor competición automovilística del mundo.

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La compañía propietaria de Lotus, Genii Capital, tuvo que comparecer varias veces frente a los tribunales del Reino Unido en el pasado 2015: la oficina de Hacienda del gobierno de Su Majestad reclamaba a la empresa una factura por una cifra cercana a los 5,5 millones de euros.

En parte, eso explica por qué Lotus fue vendido por una sencilla moneda de una libra en vez de por varios millones. En la ecuación también figuran las enormes deudas que generaba Lotus, que hicieron rentable una venta a cambio de prácticamente nada.

Kimi Räikkönen al volante de su monoplaza Lotus en 2012. Imagen vía WikiMedia Commons.

Sorprendente... pero no tanto

Entonces... ¿es muy raro que un equipo que mueve un montón de pasta acabe siendo vendido —o mejor dicho, regalado— por tan poco dinero? Pues no: en realidad, no.

El caso más reciente —y seguramente uno de los más sonados— fue la venta del equipo Honda al antiguo jefe técnico de Ferrari, el ingeniero Ross Brawn, en el año 2008. Brawn rápidamente formó el equipo Brawn GP, y aprovechándose de una revolucionaria innovación técnica, se impuso con comodidad en el Campeonato del Mundo del año siguiente con el británico Jenson Button al volante de su monoplaza.

Lo más irónico del caso es que Honda se había gastado una fortuna para terminar fracasando miserablemente temporada tras temporada. Sin embargo, cuando el fabricante japonés decidió abandonar la F1, Brawn se movió rápidamente: llegó a un acuerdo con Mercedes para comprar los motores y diseñó una aerodinámica para los monoplazas que los convirtió en poco menos que invencibles.

Jenson Button al volante de un monoplaza de la escudería Brawn GP en 2009. Imagen vía WikiMedia Commons.

Al final de la exitosa temporada 2009, Mercedes compró el 75% de las acciones de Brawn GP por una cantidad más que notable y la convirtió en la poderosa escudería que ha hecho bicampeón del mundo a Lewis Hamilton. Seguramente se trate de una de las operaciones técnico-financieras más rentables de los últimos tiempos: Ross Brawn no solo ganó un montón de dinero, sino que además pudo seguir al frente de su equipo y sumar dos Campeonatos del Mundo más.

Una jugada maestra.

Añadiendo efervescencia a la F1

Unos años antes de ese milagro del automovilismo, Red Bull compró el enfermo equipo Jaguar F1, propiedad de Ford, por solo un dólar. La marca de bebidas energéticas convirtió uno de los presupuestos más bajos de la historia de la F1 en una escudería cuatro veces campeona del mundo... sin siquiera tener que producir un motor propio. De hecho, fue precisamente Renault quien fabricó los motores que permitieron a Sebastian Vettel levantar el título mundial.

David Coulthard al volante de un Red Bull en el Gran Premio de Canadá en 2005. Imagen vía WikiMedia Commons.

En sus 85 carreras anteriores, y aun siendo propiedad de uno de los mayores fabricantes de automóviles del planeta, el equipo Jaguar apenas había logrado terminar algunos Grandes Premios. Su sucesor, Red Bull Racing, ha logrado hasta 50 victorias: la comparación es sangrante.

Parte del acuerdo de la venta de Jaguar era que Red Bull se comprometiese a invertir un mínimo de 200 millones de libras (algo así como 270 millones de euros) en los tres años siguientes. El nuevo propietario no solo puso los billetes sobre la mesa, sino que además contrató al genio del diseño Adrian Newey y creó una exitosa escuela de pilotos dirigida por el cazatalentos Helmut Marko: aparte del propio Vettel, Daniel Ricciardo, Carlos Sainz Jr. o el jovencísimo Sérgio Sette han pasado por la academia de Red Bull.

Evidentemente, todo este proceso requirió un tiempo de desarrollo, pero el brutal músculo financiero de Red Bull permitió a la compañía darse el lujo de adquirir un segundo equipo (el modestísimo Minardi) para poder ofrecer más volantes a sus jóvenes promesas. La marca del austríaco Dietrich Mateschitz aportó una gran efervescencia a la Fórmula 1... aunque quizás incluso ganó demasiado poder, quién sabe.

Fernando Alonso en el Gran Premio de Canadá en 2004. Imagen vía WikiMedia Commons.

¿Qué lecciones puede aprender Renault?

Los últimos años de Renault en la F1 han sido una verdadera montaña rusa. Como equipo fabricante ha conseguido 35 victorias desde 1979, cuando revolucionó el uso de los turbocompresores en la disciplina. La escudería francesa logró sumar dos Campeonatos del Mundo, en 2005 y en 2006 —ambos con Fernando Alonso y frente a la omnipotente oposición de Michael Schumacher y su Ferrari.

Como fabricante de motores, en cambio, Renault tiene 12 títulos mundiales en su haber gracias a sus distintas colaboraciones con Benetton, Williams y Red Bull: solo Ferrari puede comparársele en este aspecto. Las dos últimas temporadas del fabricante francés con Red Bull, no obstante, han sido muy decepcionantes: el equipo austríaco ha criticado abiertamente los motores y el trabajo de Renault. No extraña que la compañía gala haya decidido volver... siendo dueña de su propio destino esta vez.

Lotus, el equipo que ha comprado Renault, es en realidad la misma escudería con sede en Enstone (Reino Unido) que Renault compró en 2000 y vendió en 2009 tras ganar los títulos con Alonso. Los orígenes de esta compañía británica se remontan ya a la época de Toleman, el equipo que se hizo famoso por lanzar a Ayrton Senna a la fama a principios de los años 80.

El brasileño Ayrton Senna pilotando un monoplaza Toleman en 1984. Imagen vía WikiMedia Commons.

El eje central de la cuestión es una verdad muy simple: los fabricantes entran y salen de la Fórmula 1 según les conviene. Los costes de la competición son enormes, pero solo las grandes empresas —bueno, y los multimillonarios excéntricos— tienen dinero suficiente como para pagar las facturas astronómicas que requiere el desarrollo de un equipo hasta que llegan los resultados. Siendo honestos, solo cuando se ganan carreras aparecen los patrocinadores de verdad... y solo entonces todo el mundo entiende por qué se estaba gastando tanto dinero en unos coches que dan vueltas a un circuito.

La idea de comprar un equipo de F1 por poco más de un euro, pues, es en realidad menos ridícula que la de liquidar una escudería, una operación financiera que también puede costar millones. En la Fórmula 1, solo los súper-ricos siguen vivos: el capitalismo ha llegado a su máxima expresión en la categoría reina del automovilismo de una forma aún más agresiva que en otros deportes como el fútbol.

Sea como fuere, Renault asegura que dispone de los recursos necesarios para volver a convertirse en "uno de los grandes". Los aficionados, hastiados de fracasos y equipos mediocres debido a la escasa inversión, lo esperamos con deleite.

Este artículo se publicó originalmente en Motorsport.com. Sigue al autor en Twitter: @Motorsport_Ed