Identidad

Cuando no puedes dejar de pensar en matar a tu novio

Violet sospechaba que podría ser una asesina en serie, mientras que Georgia no dejaba de tener visiones en las que mantenía relaciones sexuales con su padre. Para algunas mujeres, los pensamientos intrusivos no solo son molestos, sino que son un...
31.3.16
Illustration by Julia Kuo

Violet* afirmó que puede recordar el momento exacto en que empezó a pensar en matar a su novio.

"Estaba viendo La naranja mecánica cuando una pregunta surgió en mi cabeza: ¿Qué hace que alguien se convierta en un asesino en serie?".

"Y después apareció otra pregunta: ¿Cómo puedo saber que yo no soy una asesina en serie? Inmediatamente después de eso, casi para ponerme a prueba, surgió una imagen en mi mente, en la que yo estrangulaba a mi novio ahí mismo, en la cama".

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Violet sufría de episodios extremos de pensamientos intrusivos. Los pensamientos intrusivos, que se definen como impulsos no deseados que bloquean temporalmente nuestra claridad mental, afectan al 0,6 % de la población y la mayoría de quienes los padecen son mujeres.

Aunque muchas de nosotras hemos experimentado estos episodios a lo largo de la vida —como pensar en soltar la correa a un perro o colocar un dedo del pie sobre la vía del tren—, son poco frecuentes y pueden controlarse, pero para quienes padecen ansiedad extrema pueden tener el potencial de destruir su vida.

"Los pensamientos intrusivos pueden ser paralizantes", afirma el Profesor Dinesh Bhura, de la Asociación Psiquiátrica Mundial. "Son recurrentes y muy persistentes".

Violet, que sufre de TOC, encontró sus impulsos tan paralizantes que su mundo fuera de estos pensamientos quedó en standby. Habiendo sufrido períodos de ansiedad y depresión a lo largo de su vida, Violet vio que una vez que le entró en la cabeza la idea de hacer daño a su novio no tardó en empezar a pensar en hacer daño a miembros de su familia e incluso a sus profesores de entonces.

"Llegó el día en que decidí que tenía que contarle a alguien lo que me estaba pasando, no porque pensara que necesitaba ayuda o porque padeciera un problema mental, sino porque me había convencido a mí misma de que era una asesina en serie, o más bien fue mi ansiedad la que me convenció", explicó.

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"A lo largo de las semanas y los meses siguientes, el miedo fue empeorando cada vez más. Cuanto más intentaba no pensar en las imágenes, más acudían a mi mente. Y también se volvió algo físico: tenía palpitaciones, mareos y náuseas".

Cuando los ataques se aceleraron, Violet vio cómo sus visiones tomaban vida propia y, en el punto álgido de sus episodios, suplicó a sus padres que la llevaran a una comisaría.

"No había ninguna parte de mí que realmente quisiera hacer las cosas que estaba imaginando, de hecho era todo lo contrario, pero no era capaz de convencerme a mí misma de que hubiera algo que me distinguiera de un asesino".

Además de provocar miedo hacia la gente que les rodea, estas visiones pueden provocar en quienes las padecen un tabú de proporciones inmensas, como puede observarse en el caso de Georgia*, que padecía un desorden de ansiedad generalizada y se veía acosada por visiones en las que mantenía relaciones sexuales con su padre.

Foto por Lumina vía Stocksy

"Tuve un sueño realmente vívido —y me pone enferma el mero hecho de decirlo en voz alta— en el que tenía sexo con mi padre. Lo peor fue que, en el sueño, tenía la sensación de estar disfrutando", afirmó.

"Ya sé que solo era un sueño, pero incluso saber que tenía en mí el potencial de tener siquiera un pensamiento como ese me volvía loca. Aquello abandonó mi cabeza y pasó a formar parte de mi realidad. Solo tenía 13 años, por el amor de Dios, ¿qué niña de 13 años piensa cosas como esa?".

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Georgia, abrumada por el asco que sentía hacia sí misma y temiendo ser juzgada por su entorno, como muchas otras personas que pasan por lo mismo, vio cómo su ansiedad empeoraba. Sus instintos se volvieron alarmantemente frecuentes y no tardó en ser incapaz de confiar en sí misma cuando estaba cerca de su padre.

"Huía de mi padre como de la peste. Antes de aquello habíamos estado muy unidos pero, ¿qué podía hacer? De cualquier modo, las consecuencias de mis pensamientos fueron terribles para los dos. Me sentía sucia. Solo cuando me mudé de casa de mis padres hace unos años fui capaz de volver a retomar algo de aquella cercanía con él".

Intentando evitar los pensamientos que activaban sus sueños, Georgia empezó a desarrollar tics nerviosos cuando los pensamientos sobre su padre aparecían en su cabeza.

"Hacía lo típico, contaba evitando los números impares, evitaba pisar las separaciones de las baldosas en la calle, prestaba una atención extra a las supersticiones… Empecé a imaginar que practicaba sexo cada vez con más gente que no me atraía, como amigos de la familia, desconocidos que encontraba en la calle y, en una ocasión, incluso con animales".

"Cuanto más se adentran en un tema determinado que tiene un impacto perturbador, angustioso y negativo en su persona, más probabilidades hay de que dicho tema afecte a quienes padecen estos episodios", afirma la Dra. Shamila Moodley, del Hospital Nightingale de Londres. "Los pensamientos intrusivos pueden influenciar a una persona para que piense en las autolesiones o el suicidio, por lo que la necesidad de enfrentarse a la enfermedad es primordial".

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Mientras que Violet no tardó en descubrir que sus padres también habían experimentado pensamientos intrusivos a lo largo de su vida, Georgia no desea hablar jamás a su familia acerca de sus experiencias.

"No existe un momento adecuado para decirle a la gente que has pasado los últimos diez años evitando visualizar imágenes de relaciones sexuales con tu padre", afirmó Georgia. "No puedo contárselo a mis parejas ni a mis amigos y de ninguna de las maneras puedo contárselo a mi familia. Se niegan a reconocer que padezco un desorden de ansiedad generalizada, así que mucho menos reconocerían mis síntomas. Hace bien poco que me di cuenta de que estas ideas son algo legítimo y saber que no estoy sola en esto es como haber hallado un tesoro".

Aunque Violet actualmente rara vez sufre estos síntomas, reconoce el conflicto que tuvo que superar para tomar de nuevo las riendas de su mente.

"Aunque sentí mucho alivio al darme cuenta de que aquellos pensamientos eran mucho más comunes de lo que pensamos, no confiaba en mí misma en absoluto. Tuve que atravesar otros seis meses de terapia intensiva para el TOC para retomar mi camino y volver a tomar el control, y con esto me refiero a volver a confiar en mí misma".


* Los nombres se han cambiado