Comer como

Comer como rapero

Fui a una comida del colectivo de hip hop Never Die. En el after, del after, del after, como una gran familia, comimos la mejor arrachera del norte de México y fumamos varios churros de mariguana.

por Memo Bautista; fotografías de Irving Cabello
18 Mayo 2017, 5:00pm

Foto de Irving Cabello

La parrilla escupe lenguas de fuego hacia el cielo. Las pequeñas flamas salen de una fogata hecha con carbón vegetal. De pronto una ráfaga de viento las golpea y comienzan a moverse de un lado para otro. Parece que llevaran el compas del rap que escapa de una pequeña bocina cercana al asador que ameniza la tertulia. Están listas para poner la carne. No es una simple comida de amigos. Se trata de celebrar con la pandilla, esos a quienes los hermana el gusto por la rima, la ropa urbana, el diseño, la mezcla de beats y el hip hop. Es el aniversario del colectivo Never Die.

En una azotea por el rumbo de La Viga, en la Ciudad de México se lleva a cabo esta fiesta familiar, la culminación de tres días dicados a la cerveza y a la música. Es el after, del after, del after. Hay que hacerlo. Hace ocho años —o más— no eran nada, apenas unos "vagos" que rapeaban donde podían, o unos provincianos recién desempacados del norte que vendían sus diseños en la calle o a las afueras del metro Insurgentes y soñaban con hacerla en grande. Ahora uno de los lideres del crew, Eptos Uno, ya está en las ligas mayores de la industria musical. Universal Music lo firmó para Hacer Historia, igual que el nombre de su primer álbum con la transnacional; el otro, Emecenas –Eme, como le llaman sus cercanos—, es un hustle, un empresario. Dirige la marca y la tienda Never Die Gang que viste a buena parte de la banda rapera chilanga, en una de las principales calles del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Antes que toda la pandilla, otro de los raperos que ha refrescado la escena mexicana con su proyecto, Hood-p llega a la casa Double Dee. Lo veo en la cocina preparando unas salsas. Hoy se quitó la ropa holgada, la vestimenta negra y la cadena al cuello. Lo único que usa de su outfit hip hop es su cabello, tan corto y cuadrado en la frente que me recuerda al que usan los emperadores romanos en las películas. Una playera y una bermuda turquesas es lo que viste. Si lo viera caminado así en la calle no sospecharía que es un M.C. pues ni siquiera trae tatuajes, por lo menos uno que sea visible.

Foto de Irving Cabello.

Tomatillo y jitomates para la salsa. Todas las fotos son de Irving Cabello.

Dee fríe en una sartén tomatillos, jitomates, cebollas, ajos, chiles serranos y de árbol. Después muele los ingredientes en la licuadora y al final sazona con sal de ajo y sal de mesa. La nombra salsa campechana; su novia le dice "La Campeches". Ella lo auxilia, le destapa una cerveza, prueba lo que él cocina. "¿Cómo quedó la otra salsa, Ma?", pregunta el rapero. La chica mete un totopo a un pequeño tazón con una pasta color café. Parece un adobo. En cuanto lo prueba abre los ojos y mueve la cabeza de arriba a abajo. El sabor integrado de la cebolla, el ajo y el chile la ha convencido. "Te quedó muy buena, Pa".

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Foto de Irving Cabello.

Chiles serranos y cebolla blanca.

Me llama la atención que se nombren así: "Ma" y "Pa", como si llevaran muchos años juntos. Solo lo había escuchado con mis tíos. Sin duda para Dee la familia es importante. Su banda la hizo con su hermano y su primo y se volvió carnal (hermano) de Eptos One cuando éste migró de Sonora a la Ciudad de México, prácticamente con una mano adelante y otra atrás, para participar por primera vez en la Batalla de Gallos, la famosa competencia de Hip Hop Freestyle hace 11 años. Eptos ya no es el chico regordete al que por ahí atacaban los raperos a los que se enfrentaba.

Foto de Irving Cabello.

Chiles y cebollas tatemados para la salsa.

Foto de Irving Cabello.

Todos los ingredientes para la licuadora.

"Les pregunté quién iba a traer las salsas y me dijeron que nadie. Y no quiero que a la carne le pongamos salsa de la tortillería", me dice Dee con un gesto de desagrado. "Mejor yo las hago. Me gusta cocinar". Pruebo su adobo. Tiene buen sabor, no pica pero el chile está presente. De pronto ese gustito se incrementa en el paladar y el chile desencadena su furia en mi boca durante unos segundos. Luego disminuye. Me gusta la sensación. Quiero probarlo en la carne.

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Double Dee

Double Dee preparando las salsas para la carne asada.

Al poco rato llega Eptos Uno con el rapero Dafonk James y otras tres personas. Subimos a la azotea para asar la carne. Eptos tiene presencia no solo porque mide como 1.80 m. Hay cierta energía que emite en la mirada que parece retadora. Su caminar es peculiar, balancea el cuerpo de un lado a otro mientras avanza, como si llevara el ritmo de algún beat. Parece que su cuerpo rapea sin que él se lo pida. Su rostro es serio, no sonríe y si lo hace es por breves momentos. Eso llamó la atención de alguien cuando ganó en 2007 la Batalla de Gallos. "Alégrate, culero, ya ganaste". Pero Eptos Uno solo esbozó un pequeño movimiento de labios.

No tardan en arribar Emecenas y otros integrantes del colectivo, con varios kilos de arrachera y diezmillo. El enorme sujeto sonríe todo el tiempo, bromea con su peso, habla golpeado. A Eptos Uno y a Emecenas los une el terruño. Ambos son de Sonora, —el primero de Obregón y el segundo de Hermosillo—, tienen cierta simpatía y sencillez. Además son líderes. Si Eptos tiene el talento para improvisar rimas, Emecenas tiene el don del bisne (negocio), sabe vender y hacer dinero. Es un tipo inteligente. Mira lo que tiene y cómo lo puede usar para su meta. Por eso aprovecha sus "200 kilos en el micro", como se autodescribe en su página de Facebook, para promocionar sus playeras. No pasa desapercibido y en algún momento alguien le preguntará en donde compró esa ropa estampada tan chida.

Double Dee

Eptos Uno vierte cerveza en la carne para darle sabor.

Emecenas saca unos billetes de la bolsa de su pantalón. Está de antojo. Quiere aguacate aunque el kilo ande por los 60 pesos. "En la mañana no podía comer. Me comí dos tacos pero sentía que no pasaban", me dice mientras da el dinero a tres de sus compañeros que van al mercado de Jamaica a conseguir lo necesario para el guacamole más unas cervezas para las micheladas. "Llevamos tres días en alcohol". El hombre ríe. Brindamos, el con cerveza y yo con mezcal. "En Sonora el bacanora es más fuerte que el mezcal y es de las bebidas que todavía se elaboran de manera artesanal", me platica el hustler (el vendedor, o sea Emecenas). "Hay que tenerle respeto". "Al mezcal también", le respondo mientras le doy un trago grande a mi pequeño vaso.

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Mientras tanto Eptos, porro en mano, junto a Dafonk se encargan de la parrilla. A Dafonk no le importa ensuciarse y acomoda el carbón vegetal hasta hacer una especie de cilindro donde coloca ocote. Entonces prenden el fuego. Dafonk también es de Obregón, Sonora, y ha estado con Never Die desde los inicios. Sabe que no basta con ser amigo y parte del colectivo para destacar. Ha tenido que trabajar mucho. Hace tres años tuvo un problema en Sonora que lo hizo desaparecer de la escena, hasta de las redes sociales. Pero ahí también estuvo la familia protegiéndolo. Hoy además de ser M.C. es barbero.

Emecenas y Yoga Fire conversando.

Después de un rato, el asador ya está listo. Los dos raperos colocan la rejilla de metal y le embarran una cebolla partida por la mitad y un trozo de grasa. Después de otro rato Eptos pone al fuego los primeros trozos de carne que, a falta de sal de mar, sazona con sal de ajo. Todo el tiempo Dafonk vigila los cortes.

Foto de Irving Cabello.

Arrachera, nopales y cebollitas cambray al fuego.

Decido no ayudar, a pesar que me gustan las parrilladas. Solo observo. Llega un momento en que se deben reconocer las debilidades y por muy experimentado que uno se considere, nadie que haya nacido y crecido en la Ciudad de México supera a los norteños en la tarea de preparar carnes asadas, parrilladas y barbacoas. Nadie. Si de algo saben estos vatos es de música urbana —por su cercanía con Estados Unidos—, y de carne.

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Foto de Irving Cabello.

La carne está lista y las tortillas de harina en el asador.

Cuando regresan los comisionados del mercado de Jamaica, Eme se acerca a la barra que está a un costado de la parrilla. Saca de la bolsa los ingredientes para prepararse una michelada. Toma un vaso desechable, lo escarcha, o más bien le embarra chamoy espeso. Luego exprime unos limones al interior del contenedor. Agrega sal, jugo maggi y salsa búfalo. Por último abre una lata de cerveza y la agrega en la mezcla. La espuma sube pero no se derrama.

Enseguida el resto nos preparamos una michelada. No faltan las gomitas de fresa con chile para las gomichelas.

Foto de Irving Cabello.

Vaso con chamoy para hacer una michelada.

Dafonk suspende por un momento su tarea de parrillero y se acerca a la barra. Quiere una michelada. Toma un vaso, mira las charolas con los ingredientes y duda por un momento que poner primero. Se decide por el jugo maggi, pero cuando se dispone a embarrar la boca del vaso con chamoy se da cuenta que en la michelada chilanga el orden de los productos sí altera el resultado.

Foto de Irving Cabello.

Un poco de cerveza para sazonar la carne.

De tanto en tanto otro de los integrantes del crew vierte cerveza sobre la carne para que tome un poco de su sabor. Cuando la considera lista corta un pedazo y lo ofrece a Eptos, que lo comparte con la chica que lo acompaña. Después da trozos al resto de la gente. La arrachera es suave, no importa cómo sea cortada, se desprende sola. La sal con ajo balancea bien el fuerte sabor de la carne res.

Emecenas prepara entonces guacamole, o más bien una especie de pico de gallo con aguacate. Pica la cebolla, corta en trozos el jitomate, el chile y el aguacate y los revuelve. Luego sirve un poco en una rodaja de pepino. No se me había ocurrido y para los días de calor es una comida fresca.

Foto de Irving Cabello.

Guacamole, una versión con jitomate, cebolla y pepino.

Eptos pasa a la parrilla y de una bolsa saca las tortillas de harina de trigo, las norteñas, esas grandes y delgadas como para preparar burritos, están precocidas y uno les da el término que desee en el fuego. Después de un rato toma una, le coloca láminas de queso y carne. Tapa con otra tortilla y la manda de nuevo a la parrilla para que se gratine. Emecenas hace lo mismo. Dee también se acerca para servirle a su novia. En todo momento le pregunta qué quiere y la atiende. Al mismo tiempo está atento a lo que haga falta: la cubeta para las cervezas, el hielo, la sal. No es su casa pero tiene muy desarrollado un sentido protector.

Eptos poncha un churro (hace un porro) de mariguana. Ha terminado la comida y el cuerpo pide reposo. Le da unas cuantas fumadas y me pasa el cigarro. Regularmente lo hago al revés porque me gusta el monchis y le encuentro mayor sabor y textura a la comida. Ahora fumo. Me relajo.

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Foto de Irving Cabello.

Tacos de carne asada con guacamole y rodajas de pepino.

Poco a poco llegan más invitados, entre ellos el rapero Yoga Fire, que por un tiempo, antes de abandonar su oficio de peluquero y dedicarse por completo al trap, tuvo su barbería compartiendo local con la tienda Never Die Gang. Ya no es tan delgado como cuando adquirió su nombre en alusión a Dhalsim, el peleador indio de Street Fighter, pero sigue teniendo fuego en la boca cada vez que canta.

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El hombre es extrovertido, no puede estar quieto, se mueve de un lado a otro mientras platica, mientras come. De cuando en cuando rapea alguna frase. Todo el tiempo sonríe y es inevitable no ver sus dientes plateados. Le llaman grills a esta clase de joyería dental. Es curioso, a diferencia de los gringos, la mayoría de los raperos mexicanos no portan joyería, o por lo menos no es tan exagerada.

En un momento dado, toda la pandilla está junta en un extremo de la azotea. Están platicando y bebiendo. Nada perturba su momento. Entiendo esa frase que arroja Eptos Uno en su canción Amstedam: "Elijo mis palabras como elijo a mis amigos…". Las palabras bien cuidadas, bien pensadas lo han llevado al punto en que está hoy. Las palabras también no dejan que olvide su origen humilde. Por eso confía en ellas, por eso también confía en el crew. Cuando hay una bronca todos jalan. Si ofenden a uno ofenden a todos. Y en tiempos de paz, como ahora, comen y beben juntos. Son familia.

Entiendo ese sentimiento. El rap es como un maestro que da mensajes y es cuestión personal entenderlos. Esa es la razón porque dejo la reunión del Never Die. Mi compañera de vida y mi hijo me esperan en casa.

"Cámara banda, a mi también me espera mi crew". Sí, mi pequeño crew. Entonces me despido.


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