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Hip-hop, tiroteos y fiestas en casas okupas: la historia no contada de la escena del Street soul de Manchester

"Lo del Madchester era lo que se vendía al mundo exterior. En Moss Side, Cheetham Hill, Whalley Range y el resto de barrios marginados lo que se movía era la música negra".

por Oscar Rickett
19 Octubre 2016, 9:38am

Todas las fotos cedidas por Mark Rae.

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"Voy a dejar algo bien claro, y lo voy a hacer basándome completamente en mi experiencia personal", dice Mark Rae. Habla de los recuerdos de sus tiempos como DJ, promotor de discotecas, dueño de una tienda de discos, mitad del dúo Rae & Christian, y cabecilla del sello de Manchester Grand Central Records. Pero quizás lo más importante es que también esté redefiniendo los libros tan estudiados de la historia cultural mancuniana.

"Por lo que yo sé, los barrios bajos de Manchester no tenían nada que ver con lo que se cocía en la Hacienda. Lo del Madchester era lo que se vendía al mundo exterior. En Moss Side, Cheetham Hill, Whalley Range y el resto de barrios marginados lo que se movía era la música negra. Las principales tiendas de discos de Manchester vendían jazz, funk, soul y hip-hop."

El divertido y parlanchín de Rae, que ahora está a finales de sus cuarenta, acaba de publicar Northern Sulphuric Soulboy —un libro y vinilo de diez pulgadas que cuenta la historia, con palabras y con música, de su flipante vida hasta el momento. El objetivo principal del proyecto es hacer justicia. Pues Manchester —la ciudad a la que se mudó cuando era un torpe adolescente obsesionado con la música negra— es venerada en todo el mundo como la cuna del rave y la lluviosa ciudad natal de los Smiths, pero la ciudad en la que Rae vivió y trabajó durante casi dos décadas estuvo definida por un tipo de música muy diferente.

En la visión que Rae, y seguramente muchos otros, tiene de Manchester, la imagen y sonido de la ciudad en los 80 y 90 estuvo ambientada con hip-hop, reggae y street soul —una versión británica, llena de sentimiento y bajos pesados del género jamaicano conocido como "lovers rock", hecha por la comunidad negra de Harlesden, Birmingham y Manchester. "Los Stone Roses y los Happy Mondays alzaron la bandera de la ciudad de cara al exterior, pero desde dentro su música no podía estar más lejos de lo que se cocía en los clubs", dice Rae. "La gente quiere seguir contando la misma historia popular. Ha predominado tanto que se ha convertido en una verdad que nunca existió".

Como ocurrió con el garage en el Londres del 2000, el street soul fue el sonido que ambientó los clubs de los barrios bajos y las emisoras de radio piratas. Era una mezcla de "cajas de ritmos, pausas, sintetizadores baratos, líneas de bajo pesadas y una voz sórdida llena de sentimiento", que se emitía en lugares como Frontline Radio y Buzz FM, transmitiéndose desde lo alto de bloques de pisos. Loose Ends fue el grupo relacionado con la escena que más éxito comercial cosechó, pero Rae también habla de Gold in the Shade, Fifth of Heaven, Denise Johnson, Lalah Hathaway, Roberta Gilliam, Soul Family Sensation y Projection.

A diferencia del uniforme arquetipo de la Hacienda —sombrero de cubo, mandíbulas apretadas, tipos blancos— la escena del street soul nació de un crisol de culturas. Uno de los lugares de encuentro más populares era el PSV, que fue también el lugar de nacimiento de Factory Records. El PSV se encontraba en The Crescents —un enorme proyecto de viviendas construido en 1972— que el ayuntamiento abandonó a mitad de los 80, convirtiéndose en caldo de cultivo para artistas dispuestos a vivir en una ocupa sin calefacción ni agua y en una proliferación de bandas callejeras.

"La mafia de Moss Side, los aspirantes y sus chavalas y estudiantes pijos de Home Counties", dice Rae, recordando la topografía de la escena. "Era una combinación curiosa pero funcionaba a la perfección... A veces me llevaba una hora entrar, sobre todo si los seguratas habían sido atacados por los pandilleros armados con machetes que siempre parecían llegar desde Birmingham".

La jungla modernista decadente de The Crescents también sirvió para acoger otro club: The Kitchen, que organizaba fiestas de blues ilegales. Para crearlo se juntaron tres pisos y se instaló un sound system. "Allí vi a Bez, así que puedo dar fe de él", dice Rae entre risas. "Se deslizaba entre la semioscuridad al ritmo de los primeros ritmos de techno". Pero con la excepción de Bez y los visitantes de Home Counties, la escena del street soul estaba básicamente ligada a la cultura de pandillas del momento. Si los pandilleros blancos estaban en la Hacienda vendiendo pastillas a clientes de Cheshire y de Wirral, los pandilleros negros estaban escuchando street soul en los clubs de los barrios bajos —en The Crescents y lugares como The States y Precinct 13— con un tempo que apenas pasaba de 95 BPM algunas noches.

"Cuando poníamos street soul en Precinct 13, el lugar se llenaba de pandillas. Sonaba esa música lenta con líneas de bajo muy pesadas y la gente se subía a las mesas, cogía la botella y la golpeaba contra el techo, porque se dejaban llevar por la música", recuerda Rae, antes de pasar a ensalzar su propio talento como uno de los DJ más populares del momento. "Era impensable que la pista de baile fuera a responder ante un tipo blanco delgaducho con gafas y pinta de torpe, una licenciatura de psicología y un persistente interés en la marca Fila, a menos que ese tipo supiera muy bien lo que estaba haciendo".

Algunas noches, Rae, Ross Clarke y su colega Andy Madhatter eran los únicos en Precinct 13 que no pertenecían a una banda. "Antes de darnos cuenta estábamos en medio de todas esas bandas, con pistolas por debajo de los abrigos y tipos que le daban al segurata balas con su nombre grabado". Una noche, estalló una pelea en el club y Madhatter cogió el micrófono y dijo: "Hay un par de gilipollas aquí dentro". Antes de darse cuenta, la cabina del DJ fue abordada desde todos los rincones de la sala, los tocadiscos volaron por los aires y a uno de los colegas de Rae le partieron la cabeza con una botella mientras hacía ver que buscaba un disco. A veces la policía se pasaba por allí para ver si arrestaba a alguien, plantándose en uniforme, con casco y todo, en medio de la pista de baile.

En otra ocasión, un MC intentó disparar al segurata. Falló en sus dos intentos y el segurata, que era jamaicano, le cogió la pistola y le sacó hasta el último diente. Rae se encontró al tipo tendido boca abajo en el hueco de una escalera, con la boca ensangrentada y escupiendo sus dientes hacia fuera. La historia salió en las noticias locales al día siguiente.

En 1993, Rae y Ed Pitt abrieron Fat City, una tienda de discos en el palacio de Affleck, en el Northern Quarter de Manchester, y en 1995 empezó Grand Central Records. En unos momentos en los que la música negra británica seguía tristemente poco representada en los canales convencionales, intentaron acercar el sonido al público que se merecía. "Fue un reto abanderar la música que se estaba escuchando y pinchando en Manchester porque no tenía representación", dice Rae. "Me daba la sensación de que había una historia que no estaba siendo contada y que necesitaba una exposición más amplia. Esa fue mi gran misión: estoy aquí para sacar a la luz esta música que está siendo ignorada".

Rae ha estado obsesionado con la música negra desde que era un chaval creciendo en Tyneside. Sus padres eran bohemios de clase obrera. "De algún modo eran bastante molones", dice. "Mis padres bailaban cada noche. Ponían temas de disco y reggae y bailaban... No iban al pub y mi padre detestaba el fútbol, pero les gustaba mucho dar fiestas y bailar". Pero no fue hasta después de un viaje a Nueva York, a sus diez años, que se quedó completamente flipado con el sonido del hip-hop, que no había hecho más que empezar. "Para un enano pecoso que venía del campo fue como ir a otro planeta".

Como parte de la pareja Rae & Christian, Rae amplió más tarde las características de la escena del street soul de Manchester y empezó a trabajar con The Pharcyde, Tony D, The Jungle Brothers, Jeru the Damaja y muchos otros. El sonido de la pareja era, según Rae: "una mezcla de street soul, principios del hip-hop, la formación clásica de Christian y una gran ingeniería y producción. Pero uno de los problemas era que no sabíamos cómo llamarlo". Sus discos eran aclamados por la crítica pero nunca lo petaban. Aun así, lograron crear un negocio paralelo lucrativo convirtiéndose en los remezcladores favoritos de grupos comerciales como Texas, Simply Red y Natalie Imbruglia, además de todos los jefes del hip-hop y el dance que consideraban como sus almas gemelas. Incluso llegaron a grabar una de las primeras remezclas de Jay-Z e hicieron un puñado de pistas con Bobby Womack.

"Nunca conocí a Bobby y en cierto modo tampoco quería hacerlo, porque parecía tan chiflado por teléfono que pensé que podría estropear lo que estábamos intentando conseguir si llegaba a conocerle", dice Rae, que se ganó el cariño de la leyenda del soul preguntándole si había recibido alguna indemnización de Rod Stewart, que plagió "If You Want My Love Put Something Down On It" de Womack con su "Do Ya Think I'm Sexy"?. "Ya, no hice nada al respecto", le dijo Womack a Rae, que más tarde describiría Rae & Christian como "poco ortodoxos" y "con pinta de astrólogos".

Con todo, la carrera de Rae & Christian no duró mucho. A mitad de la grabación de su segundo disco, Sleepwalking de 2001, Rae fue testigo de cómo disparaban a un padre y a su hijo frente a las oficinas de Grand Central. Salió corriendo para encontrarse al padre yaciendo inmóvil y al hijo retorciéndose de dolor. Los dos sobrevivieron pero Rae se quedó traumatizado por lo que había visto.

Viajó a Londres en diciembre de 2000, para lo que debería haber sido el punto álgido de su carrera: una sesión de DJ con Texas en la Brixton Academy, como teloneros para el gran concierto de regreso de Madonna. "La zona VIP era una procesión de la gente más famosa del mundo", recuerda Rae. "Mick Jagger, Sting, Kylie Minogue, todos los famosos de Inglaterra estaban en la sala VIP y todos me miraban y luego miraban rápidamente hacia otro lado". Ese momento acabó siendo un "enorme bajón" para Rae desde el punto de vista psicológico.

"Se me hizo un nudo en el estómago al darme cuenta de que todas las personas de esa sala eran unos hijos de puta y que sus egos eran como un aftershave de terror; no era más que una burbuja de mierda. No había nada de amor en esa sala ni verdadera música, solo prepotencia. Y a partir de esa experiencia nunca quise seguir con lo mismo".

Grand Central Records dejó de funcionar en 2006, y Rae, cansado y desilusionado, se mudó Los Ángeles para intentar empezar de cero. Volvió a Manchester años después con su esposa y lo encontró cambiado. Una ciudad ahora dominada por el desarrollo privado. Todo lo que queda de la tienda que dirigía Rae es el logo de hierro de Fat City, "congelado en el tiempo en medio de Oldham Street".

Cuando la gente habla de los viejos tiempos, es inevitable no hablar de la Hacienda. Pero por debajo de esos recuerdos bañados de serótina hay otra historia: la que Rae plasma en Northern Sulphuric Soulboy, que cuenta la historia de la escena del street soul del Manchester de los 80 y 90. Una historia igual de importante, a pesar de haber caído en el olvido.

Cuando salgo del piso de Rae, me cruzo con un repartidor que se dirige hacia allí. Unos minutos después me llega un mensaje. Es de él: "Me traía unos 12" de street soul, ja ja". Todavía sigue siendo el jefe después de todos estos años.

Podéis escuchar y pillar el libro aquí:

Traducido por Rosa Gregori