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Lolla-Fucking-Palooza

Un fin de semana lleno de emociones, risas, aventuras y cansancio.
9.8.12

"Lolla-Fucking-Palooza", frase plasmada en un camisa que vendía un hermano de color por diez dólares mientras miles de personas trataban de salir de aquel caótico lugar llamado Parque Grant. Cansados pero contentos, divagabamos por la avenida de Michigan aferrandonos a los ultimos efectos del alcohol y buscando un lugar para sentarnos, comer algo y tomar unos whiskeys "para dormir a gusto".

Así terminó mi Lollapalooza, un fin de semana lleno de emociones, risas, aventuras y cansancio.

At The Drive-In me recordó la etapa de mi vida en la cual estaba grabando mi primer álbum, y el sencillo "One Armed Scissor" vino a romperme toda mi madre con dos mensajes muy claros: No seas maricón y toca con más distorsión. También entendí que debía moverme mucho más hetero-homosexualmente en el escenario para transmitir grandes dosis de "energía" a mis aficionados, que en el momento eran como cuatro compas.

Al tratar de ver a Jack White entre más de 70 mil personas me recordó mucho a esa noche de lluvia en el patio donde tomaba té y fumaba sin cesar mientras escuchábamos la cancion "Little Room" de los White Stripes. La canción habla de estar trabajando en algo muy bueno en un cuarto pequeño, y cuando resulta ser algo tan bueno se ve en la necesidad de irse a un cuarto más grande. Pero al estar en este cuarto enorme, no se sabe ni por dónde empezar y sólo pierde su tiempo acordándose de lo increíble que era trabajar en su cuartito. Creo que Jack por el momento (o mínimo en Lollapalooza), se encontraba en el cuarto grande, y como yo no tenía ni un cuartito de nada, no lo disfruté en lo más mínimo.

Die Antwoord fueron de las pocas bandas que realmente me movieron y me demostraron que al hacer las cosas diferentes y auténticas, tienes muchas más posibilidades de trascender.

Y bueno, Florence, ¿qué les puedo decir yo de Florence? Increíble ella, su voz, su banda, su show, su ingeniero de sonido, su ingeniero de luces, su tour manager, su jala cables, su doctor, su pediatra y su chingada madre que la trajo a este mundo. Bravo.

Por otra parte, mucha gente dice que lo mejor de Lollapalooza es Chicago y esta vez, más que nunca, estoy totalmente convencido.

Si andas por la Ciudad del Viento asegúrate de ir a uno de los restaurantes del chef Paul Kahan. Tuvimos la oportunidad de comer en el Avec, y aunque no hay reservaciones y tienes que esperar bastante, al saborear el primer bocado en tu boca se te olvida todo. En lo personal, disfruto mucho más los shows íntimos, y Tune Yards en el House of Blues fue de mis experiencias favoritas del viaje. Bailé y canté a pulmon todas la canciones con gente que realmente conocía a la banda y que no iba a empedar ni levantar viejas. Otro gran lugar por Wickerpark (el Williasmburg de Chicago) es The Bedford, un bar y restaurant que se encuentra en un banco antiguo y donde puedes tomar dentro de las bóvedas.

Puede ser que Lolla haya perdido el encanto que tenía hace años, o ya no es lo mismo porque ya no estoy en el terecer piso. Pero de lo que estoy serguro es de que Chicago es una gran ciudad (como Nueva York pero limpio) y cada vez que voy me sorprende más. 

Agradecimientos especiales a Ballantine's México

Fotos por Toni François