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Las reinas de la semana de la carne

Este año, seis mujeres compitieron por el título de Reina de la Semana de la carne.
28.9.11

En algún lugar entre Sydney y Brisbane, en la costa este de Australia, hay un pueblo de unos 10,000 habitantes llamado Casino. Se menciona a este pueblo en la segunda estrofa de “I’ve Been Everywhere”, una exitosa canción de Lucky Star de 1962, junto a un montón de otros pueblos de los que, en muchos aspectos, éste no se diferencia en nada. Es pequeño, verde, bonito y, más allá de la franja horaria que va de las 9 de la mañana a las 5 de la tarde, inquietantemente desolado, al estilo de Twin Peaks.

Como muchos otros pueblos del paisaje campestre australiano, Casino tiene la firme determinación de poner su nombre en el mapa. En vez de levantar un monumento de relevancia histórica, cultural o industrial –o de relevancia inexistente, como el Dog on the Tuckerbox, en Gundagai, o el Big Pineapple de Woombye–, el hecho diferencial de Casino es un acontecimiento anual llamado Beef Week, la Semana de la carne. Casino se autocalifica de “la capital de la carne de Australia”, a pesar de que hay un pueblo más grande en Queensland, Rockhampton, que se adjudica ese título para sí. Pero aunque las calles de Rockhampton estén adornadas con esculturas de ganado –cuyos cojones son rutinariamente arrancados por los gamberros y repuestos por el ayuntamiento–, Casino no les va a la zaga con su Semana de la carne.

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Unos cuantos datos históricos antes de comenzar: la Beef Week se celebra a lo largo de diez días y cada año atrae a cerca de 20.000 visitantes. En la Beef Week puede disfrutarse de actividades tales como un rodeo, valoración de ganado vacuno, latigazos, un pase de modas, carreras de coches customizados, square dance, cultivo de orquídeas, hipnosis, algo llamado “lotería de pastel de vaca”, un desfile callejero y/o un homenaje a Slim Dusty llamado “Dustier Than Ever”. El certamen varía de tema a cada edición, siendo el de este año “Italiano”.

Decidimos hacer la ruta pintoresca de Casino en su vigésimo novena edición de la Semana de la carne. Para entrar en ambiente, estando todavía en las afueras de la ciudad, sintonizamos su emisora de radio especialiada en carne, C.O.W. FM. Lo que más nos interesaba era el concurso para escoger a Miss Casino Beef Week, el acto más distinguido del festival, básicamente un concurso de belleza cuyas participantes están apadrinadas por distintas asociaciones de criadores de ganado. La ganadora representará al festival y al pueblo durante un año como una especie de simbólica personificación de la belleza de la carne.

Este año, seis mujeres compitieron por el título de Reina de la Semana de la carne. En Casino, aquella era la noche de noches, seria y prestigiosa. Las parejas llegaban elegantemente vestidas, y aunque la invitación lo sugería como opción, nadie se presentó vestido al estilo italiano.

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El año pasado la corona la ganó Amy Morton. Esta es la última noche en que podrá llevar el fajín y la real túnica azul que componen el vestido oficial de la Beef Week Queen. Con la tiara de ganadora en la mano izquierda, cuando un fotógrafo se aproxima se pasa el peine por el cabello. Amy explica que las participantes pueden escoger qué raza bovina van a representar. Ella eligió el Angus porque “siempre me ha gustado el Angus, supongo”.

Como todas las participantes con las que hablé, Amy dice que se decidió a concursar para darle algo a la comunidad. También es muy vehemente respecto a la industria de la carne: es una cualificada carnicera -tiempo atrás trabajaba en el matadero de Casino y actualmente se dedica a la manipulación de carne-. De las participantes de este año, dice Amy: “Todas son unas personas maravillosas y creo que cada una de ellas tiene posibilidades de ganar”.

Conozcámoslas:

Anna Supple tiene 21 años, trabaja haciendo planes financieros y lleva cuatro años participando en el concurso. Los bistecs le gustan bien cocidos: “No me gusta la sangre”. Aunque ha estado en Tailandia y ha viajado en crucero, siempre se alegra de volver a su casa en Casino.

Anna representaba a la raza Brahman, y cuando le pregunté sobre ella suspiró y dijo: “Ay, señor, ahora tengo que recordar eso”. Con la voz pausada de quien lee un libro de texto, se puso a recitar: “Pueden adaptarse a cualquier entorno. No beben mucha agua, para que así los nutrientes permanezcan más tiempo en su torrente sanguíneo; esto les hace especialmente buenos para… ¿el sistema reproductivo?” Y después: “Ah… proceden de… Sur… América, y había… su origen parte de cuatro razas en Indi… a y una de Inglaterra. Son muy fértiles, fáciles de mantener, y esa es la razón de que sean una vaca tan buena de Australia”. A continuación se disolvió en un mar de risitas.

Tiarna Brooker tiene 19 años y nació en Casino. Cuando termine sus estudios y su período de prácticas quiere mudarse a Gold Coast y espera “vivir en una bonita casa, tener un buen trabajo estable y buenos ingresos”. Le gustan los bistecs entre poco y medio cocidos y con salsa BBQ, y está representando a la raza romagnola.

“La Romagnola”, dice, “es conocida por su capacidad muscular, y por lo tanto producirá carne de alta calidad. Puesto que es un animal de carácter tranquilo, el riesgo de que ataque o hiera a alguien es muy bajo”.

Como la raza a la que representaba, la Angus roja, Margaret Young, de 18 años, tenía el aire de las ganadoras. Su seguridad en sí misma provenía de su pedigrí en la industria cárnica, habiendo estado presente en desfiles y jurados de categoría júnior durante los últimos ocho años. “Y además”, dijo, “vivo en una granja de vacuno a la afueras del pueblo. Tenemos algo menos de mil acres de terreno”.

La Red angus, explicó, tiene un excelente temperamento, lo que la convierte en una vaca muy segura con la cual trabajar. “Cuando las envían al matadero es muy fácil sacrificarlas, porque no se ponen nerviosas. Se mantienen tranquilas y dóciles, por eso su carne es tan buena. ¡Una res de alta calidad!” Y nos dedicó una sonrisa de ganadora.

Como Margaret, Kathleen Hancock, de 20 años, lleva en contacto con el ganado desde temprana edad. “Participé en los desfiles y los jurados júnior, y pensé, ¡Ahora que soy mayor voy a darle una oportunidad al Beef Week Queen”. Nació y creció en Casino, y hasta no hace mucho su ambición era dirigir un cebadero de animales. Actualmente espera proseguir su carrera en el campo de la geriatría.

Le pregunté a Kathleen qué raza estaba representando. “Soy una Bradford”, dijo. “Son criadas para resistir bien el calor y las picaduras de las pulgas. Y, bueno, los ojos… son, um… ¿cuál es la palabra? Tienen menos riesgo de padecer cáncer ocular y conjuntivitis, así que son buenas para cualquier zona climática. Y su tono muscular es muy bueno”. ¿Y saben bien? “Ye-ah”, dijo entre risas. “Digo yo”.

Animada a inscribirse por una compañera de trabajo, Cathy Broadrick creció en Casino pero su familia se trasladó y vivió en otra población seis años. Durante ese período ella viajó hasta Casino cada año para asistir a la Semana de la carne. Escogió la Santa Gertrudis como raza a representar porque, “cuando maduran, los toros llegan a los 900 kilos. Las hembras tienen un instinto maternal natural, y cuando paren puedes ver vacas con hasta diez terneros rodeándola. Tienen una gran resistencia a todo tipo de climas, ya sea el de Victoria o el de los territorios del norte, se aclimatan enseguida”. Hace una pausa para respirar y se prepara para una nueva andanada. Le agradezco su explicación. “¿Ya está?”, preguntó ella, sorprendida. Sí.

Pasamos a un tema más personal: los chicos. El novio de Cathy desde hace dos años y medio está en el ejército, “en alguna parte en los bosques en Singleton”. Aunque está al tanto de que ella participa en la competición, tendrá que esperar a su regreso para saber si es la ganadora. “Lo he visto cuatro veces en cinco meses”, dijo Cathy. Le pregunté qué es lo que quiere de la vida. “Una familia. La familia es muy importante para mí… solo que… um… no lo sé. Cosas sencillas, como mi familia y mi compañero. Me gustaría estar con él”. Para elevar un poco los ánimos, le pregunto cómo le gustan los filetes. “¿Que cómo me gustan? Bien hechos. Me gusta un poco de sangre y un poco de carne rosada, pero cualquier cosa más allá de eso… Ya no es un buen bistec. Es sólo carne muerta”.

Courtney Lane tiene 19 años y, como la mayoría de las demás chicas, es nativa de Casino. Trabaja en una inmobiliaria y hace poco recibió un ascenso. “Ahora trabajo en el departamento de gestión de las propiedades”, me contó con orgullo. Su descripción de Limousin, su raza de elección, fue la más coherente que oí en toda la noche: “La Limousin se originó en Francia y ahora se encuentra en 70 países. En la raza más común en Inglaterra y la séptima en Australia. Se puede vender y comer hasta un 80 por ciento de su carne, lo cual está bastante bien. Las francesas nacen con cuernos, pero en Australia hemos desarrollado una variedad que nace sin ellos. Y aun cuando nacen con cuernos, se les eliminan a corta edad”. Como su explicación de la vaca Limousin, a Courtney le gusta la carne bien hecha.

En el interior del Mirage Room, donde iba a tener lugar el desfile, unos pocos de cientos de personas estaban sentadas en mesas redondas comiendo filetes de dos dedos y medio de grosor. Amy y las participantes se sentaron juntas, su masticación siendo documentada por tres fotógrafos: una chica embarazada de varios meses, un tipo que parecía haber estado cubriendo el evento durante los últimos veinte años, y mi novio.

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Tras unos cuantos discursos y chistes que no entendí, las chicas fueron presentadas una a una. Ellas, nerviosas, regurgitaron sus peroratas, lo cual dio como resultado frases como “La Beef Week es un acontecimiento espiritual para Casino”.

Media hora más tarde se anunció que la Reina de la Semana de la carne de este año era Margaret Young. Courtney Lane fue la dama de honor. Alguien gritó, “¡Red angus!”, entusiasmado por que hubiera ganado su raza favorita. Sosteniendo un enorme ramo de flores y con la incredulidad y la humildad en sus ojos, Margaret Young estalló en lágrimas.

Mientras Margaret y Courtney eran abrazadas, fotografiadas y jaloneadas, varias de las chicas se sentaron en un sofá con aspecto de decepcionadas y nada impresionadas. Libres ya de la carga de la posibilidad de representar al pueblo durante todo un año, desaparecieron sus máscaras.

Courtney, la dama de honor, parecía aturdida. Le pregunté si estar en frente de tantas personas le había dado miedo. “Lo que más me asustaba era caerme escaleras abajo”, respondió ella entre risitas y sin aliento. Gente dispuesta a felicitarla se congregó alrededor suyo, y yo tuve aún un momento para preguntarle cómo se sentía. “Estoy en shock. Pero orgullosa. Para mí es, bueno, como un honor”, dijo ella con los ojos húmedos.

Como mis 30 segundos con la Reina de la Semana de la carne 2011 estaban llegando a su fin, rápidamente le pregunté si estaba contenta. “En éxtasis. Tengo ganas de empezar la semana, porque va ser una semana fantástica con las chicas. Creo que va a ser muy divertido". Las chicas en el sofá, los hombros caídos, sosteniendo sus vasos vacíos, parecieron encantadas.