
Para mí la guerra ya había terminado. El presidente lo había dicho y ya no estábamos disparando a nadie; sólo estábamos matando el tiempo, esperando para regresar a casa. Pasábamos los días agotados, tratando de no sudar demasiado en nuestros edificios de cemento mientras el calor del verano iraquí iba en aumento. Todavía teníamos misiones, pero nos parecía más una manera de evitar que perdiéramos la cordura que cualquier otra cosa; como cuando tu padre te lleva al parque después de ver caricaturas todo el día.
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