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Bradley Manning fue condenado por espionaje y fuimos a protestar a la Casa Blanca

Rabia e indignación por la condena al informante.
1.8.13

La mejor fiesta a la que fui en todo el verano fue a la de este martes en la noche, en el vecindario de Dupont Cirle en Washington DC, y todo ocurrió en tan solo 24 horas. Éramos como 200 asistentes; alguien trajo un sistema de sonido genial, y de alguna manera terminamos afuera de la Casa Blanca pidiendo al presidente  que perdonara al soldado Bradley Manning.

Esto no estaba etiquetado como una fiesta en sí; era más bien una reunión política planeada a último minuto, montada la noche anterior antes del anticipado veredicto de Manning en la corte marcial. Y aunque las cosas con el juez no fueron muy bien que digamos, las noticias no estaban tan mal. Como ya saben, Manning era acusado por "ayudar al enemigo" pero fue condenado por violar el Espionage Act y podría enfrentar 136 años en prisión.

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Hombre de 25 años, tres veces nominado al premio Nobel, Manning ha podido atraer mucha atención desde hace tres años cuando lo arrestaron y fue acusado por filtrar información confidencial a Wikileaks. Sus defensores y él mismo dicen que los documentos exhiben atrocidades y motivaban discusiones alrededor del mundo sobre las acciones de Estados Unidos en Medio Oriente. Algunos incluso acreditan esos documentos de acelerar el final de la guerra de Irak. Y aunque nunca se convirtió en un hombre de familia, vivió el que probablemente fue su día más importante el martes cuando todos los ojos estaban puestos en la corte militar en Fort Meade, Maryland, donde un jurado podía decidir si el soldado sería condenado por "ayudar al enemigo" y otros 21 cargos incluidos crímenes por computadora y espionaje por filtrar documentos a Wikileaks.

Si alguien celebró algo el martes por la noche por el caso, fue probablemente porque el Coronel Demise Lind, el juez encargado del juicio militar de Manning, exoneró al soldado de ayudar al enemigo y en cambio refutó la acusación del gobierno de que él indirectamente ayudó a Al Qaeda cuando envió miles y miles de archivos a Wikileaks, después de su primera misión en el extranjero en 2009. Ahora, a salvo de ser encontrado culpable por la mayoría de los cargos graves, después de la sesión de la corte del martes, el soldado enfrenta solamente una condena máxima de 136 años tras las rejas.

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Si acaso importa, Lins ya dijo que podría quitar 112 días de una eventual sentencia para compensar a Manning por los meses que fue mantenido aislado tras su captura inicial (y sumó la cuenta en 1274 días de una eventual sentencia). Por ley la sentencia irá al Corte Criminal Militar de Apelación, pero un amigo de Lind le dijo el mes pasado al Washington Post que la sentencia de Manning también se dará en ese panel, lo que implica una orden que debe ser firmada por el mismo presidente y aprobada por el senado.

El presidente Obama, quien basó su campaña en una plataforma de transparencia y protección a informantes, fue capturado en un video diciendo que Manning había "roto la ley", antes del veredicto de Lind. Desde entonces ha procesado más informantes bajo un esquema de la Ley de Espionaje de la era de la primera guerra mundial, que involucró a otros presidentes. Y antes en la semana su administración tuvo que mandar una carta a Rusia en la que prometía no torturar o matar a Edward Snowden, quien filtró información de la NSA, y siguen esperando que Moscú permita su extradición a Estados Unidos para ser juzgado por espionaje.

Manning ya fue torturado cuando estaba aislado, y después del veredicto del martes es oficialmente —ante los ojos del sistema de justicia estadunidense— un espía auténtico. Por compartir archivos sensibles, Manning juntó seis condenas bajo el cargos de espionaje, uno por fraude por computadora y abuso de confianza, y algunos otros cargos por robar al gobierno.

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Al compartir esos archivos, dijo Manning a la corte, esperaba generar un debate público. No estoy seguro que 200 defensores enojados afuera de la Casa Blanca sea lo que tenía en mente, pero sin duda esa información hizo que la gente comenzara a hablar. Incluso si fueron las tres docenas de turistas tomando fotos con sus iPads a las diez de la mañana un martes, fue una discusión más allá de lo que la mira del soldado puede disfrutar mientras está en la cárcel por sacar los trapos sucios del estado a la web.

Parados al rededor de Dupont una hora antes, la gente que estaba ahí compartió una emoción que no era precisamente alegría. Y como celebración por la exoneración, combinado con el enojo dirigido hacia la administración de Obama por calificar los hechos de Manning como espionaje, un catalizador en forma de un una película snuff del ejército filtrada por un soldado engendraron el más bello evento que pude experimentar en todo el verano en la ciudad.

Antes de que marcháramos a la Casa Blanca, alguien le mostró a la multitud una película que Wikileaks llamó Collateral Murder cuando fue publicada en 2010. El video de un helicóptero Apache estadunidense muestra marines de EU disparando fatalmente a civiles y periodistas en Nueva Bagdad, en 2007; Manning será condenado un máximo de dos años por mostrarlo al mundo. Desde entonces ese video ha sido visto millones de veces en Youtube y parece que ahora lo proyectan a desconocidos en parques de la ciudad. En caso de que no lo hayas experimentado por tu cuenta, no hay nada como pararse en el corazón de una gran ciudad con cientos de transeúntes mientras muestran una película en la que soldados de tu propio país disparan contra personas inocentes. Si eso suena sádico, te recomiendo verla en circunstancias similares y trates de decir si no es una experiencia que vale la pena.

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David Coombs, el abogado defensor de Manning, mostró extractos de ese video nada menos que tres veces durante el juicio marcial de su cliente.

Y aunque un solo unos pocos alcanzaban a escuchar el diálogo de los tripulantes del Apache palabra por palabra, el hecho de ver crímenes de guerra proyectados en un parque cerca de la casa presidencial crea una emoción indescriptible que sólo puede asemejarse a algo llamado celebración, porque evoca una rabia que no se puede calmar.

Para cuando la multitud bajó por 1600 Pennsylvania Avenue el martes por la noche, una marioneta de cartón de tres metros había llegado a la congregación y estaba junto a una parodia de la Estatua de la Libertad, mientras cerca de una docena de manifestantes completamente callados frente a la casa del presidente cargaban carteles negros con letras azules que decían "Liberen a Bradley". Alrededor del tercer kilómetro de la marcha perdí a Bill, un simpatizante septuagenario que había ido a Fort Meade más de veinte veces a los mítines. Por cada señor de 75 años con un cartel había también un niño con frenos y una máscara de Guy Fawkes cantando "Liberen a Bradley Manning".

Quizá Manning pasará el resto de su vida en prisión, pero sus simpatizantes olvidaron eso la noche del martes, y aunque el veredicto fue dicho y hecho, siguieron luchando. Sigue la fase de sentencia y luego, probablemente, una serie de apelaciones. Mientras el soldado Manning esté tras las rejas los activistas lo llamarán un prisionero político, otro ícono accidental representativo de un gobierno opresor.

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Y, al menos en esencia, Manning es la vida de la fiesta. Ha juntado gente alrededor del mundo al hacer esas declaraciones, y su juicio ha puesto a la democracia y al periodismo en lado defensor de una batalla muy deprimente. Mientras la miseria disfrute de la compañía, una legión de simpatizantes en todo el mundo seguirán enfocados en su lucha. Otros tal vez hagan lo mismo pronto, grandes noticias ya que la libertad de prensa depende de ello.

"El cargo por 'ayudar al enemigo' ha sido retirado", escribió el fundador de Wikileaks Julian Assange después del veredicto. "Sólo fue incluido, al parecer, para que hacer llamar al periodismo de ‘espionaje’ parezca razonable. No lo es".

Assange llamó el veredicto de Lind "la primera condena de espionaje contra un informante" y además, "un precedente peligroso y un ejemplo de una seguridad nacional extremista".

Y si eso no suena a una buena razón para tomar a 200 extraños y hacer algo ruido, yo seguro no se como reventarme.

Espera pronto la entrevista con Julian Assange sobre el tema, aquí en VICE.com.