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La nube negra que nos une

Los bogotanos son unos fantoches

Maneras seguras de andar por la ciudad hay varias, lo que pasa es que a ustedes como que les da miedito.

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A mí hablar del tráfico de Bogotá no me gusta, sobre todo desde que me di cuenta de que es una cortinita de humo para tapar los problemas de fondo. Ya una marcha no es una marcha sino un trancón, una protesta estudiantil es ahora un bloqueo; a todo el mundo aquí le importa un carajo lo que pase en la ciudad y en el país con tal de poder ir en su carro contaminando y haciéndole la vida imposible a los que van en bicicleta, caminando o  en silla de ruedas.  El nivel de vida parece estar medido no por la calidad de la educación o la salud sino por si los que tienen carro lo pueden parquear o cuanto se demoran en llegar al trabajo.

El otro día iba en taxi a la casa de mi amiga Julia que vive al otro lado de la ciudad, primero agarré Transmilenio para acercarme lo suficiente para que el taxi no me saliera tan caro. Ya en el carro empecé a escuchar las llamadas que hacía la aplicación de Tappsi con ese cántico medio operezco y desesperante. Después de recitar cada dirección el sistema parloteaba que había una propina de cierto valor para que el servicio fuera más efectivo. Escuché desde los mil pesos hasta los cinco mil. Pensé entonces en lo imbéciles que somos.

El señor Milton Friedman debe estar revolcándose de la dicha allá en su tumba. Para él esta tontería sería la más lógica; que el mercado se regule a sí mismo para que el consumidor pueda acceder a lo que más le convenga dentro de su presupuesto. Estoy seguro, señor don Milton que de aquí a cinco o seis meses ya nadie va a poder llamar un taxi sin ofrecer una propina y esto, aparte de encarecer el servicio, va a crear una competencia a sangre y muerte que no va a traer una mejora ni remota en ese tipo de transporte.  El servicio de taxi en Bogotá es barato, si no me cree vaya a ciudades como Medellín, Cali o Armenia, allá coger un taxi es pa' pudientes don Milton ¿por qué lo tenemos que volver más caro?

A esa pregunta creo que le tengo la respuesta don Friedman: porque somos unos fantoches. Nos gusta pagar más por todo, nos sentimos orgullosos cuando dicen que nuestra ciudad es de las más caras del mundo, nos parece súper del primer mundo pagar dos y tres veces por una comida en un restaurante o en la entrada de un bar de mierda. Somos así, educados bajo las premisas de que crecer es gastar más, que hay que aparentar, que hay que lucirse y brillar.

También resulta ahora que dizque el único transporte seguro de la ciudad son los Uber, o bueno, eso dicen por ahí algunos en las redes sociales. Que cómo así que les van a quitar esa, la única manera respetable de andar por la ciudad. Amigos fantoches: maneras seguras de andar por la ciudad hay varias, lo que pasa es que a ustedes como que les da miedito. Allá donde yo trabajo el patio está lleno de bicicletas de la gente que llega en ellas, hay ciclo rutas, también están las dos piernitas para ir de un lado a otro. Que hay indigentes, claro que sí, que hay ladrones, también, que la burundanga, toda la razón, que los ataques con ácido, verídico, todo eso pasa, pero entonces nos vamos a encerrar todos en nuestros “Uberes” y nuestras propinas? ¿Nos vamos a quedar en nuestra fantochería de ricos que no somos? Bueno, con todo respeto a los que son ricos, ustedes sí tienen mucho que cuidar.