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El estudiante que se comió su cadera como proyecto de arte

La vio fijamente, se la comió y empezó a llorar sin control.

Hacer que tu proyecto universitario de arte aparezca en Time, The Huffington Post, The Independent, The Telegraph, y Die Welt en la misma semana no es nada fácil. Se necesita talento, dedicación, buenos contactos, y, ocasionalmente, hervir y comerte un pedazo de tu cuerpo.

Ese el camino que decidió tomar Alexander Selvik Wengshoel, un noruego de 25 años que nació con una cadera deforme y que ha pasado la mayor parte de su vida con dolor, una silla de ruedas, horas de morfina, y un sinfín de cirugías. Hace cuatro años le ofrecieron un remplazo de metal. Aceptó bajo la condición de que los doctores lo dejaran grabar la operación y quedarse con su antigua cadera. Cuando llegó a su casa, la cocinó y se la comió acompañada de tartiflette (pastel de papas) y una copa de vino. Todo en nombre del arte.

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Fui a platicar con él y a ver por qué.

VICE: Tu pieza The Body Project ha recibido mucha atención mediática. ¿Cuándo decidiste convertir tu cuerpo en arte?
Alexander Wengshoel: En 2010, cuando estaba estudiando animación. Mi tutor me enseñó el arte sangriento de Hermann Nitsch, y me sentí verdaderamente cautivado e inspirado. Además, la sangre me parece fascinante. Y después de enteré que mi última cirugía de cadera por fin se iba a llevar a cabo, la cirugía que prometía darme una vida sin dolor y vivible. Mi tutor me dijo que la historia era demasiado fuerte como para no ser documentada y usada. Así que se me ocurrió la idea de grabar la operación y llevarme mi antigua cadera a mi casa.

La nueva cader de Alexander. 

¿Cómo convenciste al hospital de dejarte grabar la cirugía y llevarte la cadera?
Llamé al hospital e inmediatamente me dijeron que no podía grabar. Pero seguí llamando, varias veces al día, hasta que me pasaron al jefe de cirugía. Él también rechazó al principio, pero después de contarle mi historia y de presentarle mi proyecto, dijo “Claro que sí”. Por suerte le interesa el arte y le gustó la idea.

Luego estaba la cuestión del hueso. Por lo general lo muelen y lo usan para materiales para moldear. Quedarme con mi cadera estaba fuera de discusión. Pero le di un ultimátum: me la quedaba o me iba a otro hospital. Discutimos hasta que el cirujano se cansó de las enfermeras quejándose y me dejó quedármela.

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Cuéntame del gran día.
Fue el 18 de marzo del 2010. Me acosté en la cama del hospital, y unas personas me empujaron por el corredor hacia mi nueva cadera sin dolor. Puse el tripié y mi cámara entre mis piernas. Cuando llegamos a la sala de operación, el equipo médico empezó a hacer preguntas, pero mi cirujano les dijo exactamente lo que yo le dije. Al final, el anestesiólogo se ofreció a sostener la cámara. Luego me inyectó con la mejor droga de todos los tiempos. Estaba en el paraíso y me empecé a reír como loco, pero luego me inyecto algo más y empezaron a desarmar mi cadera.

¿Qué pasó cuando te despertaste?
Traté de estrangular al doctor. Me brincaron cinco tipos y me dieron otra dosis de alguna droga. La siguiente vez que abrí los ojos vi a mi novia. Gire la cabeza y vi mi cadera sangrienta. Estaba sellada al vacío en una bolsa de plástico con una nota de buena suerte que pegó el cirujano.

Llevarte una parte de ti en una bolsa de plástico es una cosa. ¿Pero cómo terminaste comiéndote tu propio tejido?
Originalmente mi carne no era parte del proyecto. Solo la iba a quitar y a tirarla. Cuando le di al hueso su primera hervida, en una pequeña olla, la carne se desprendió y la tiré al lavabo. Luego me entró un shock, y pensé Dios mío, esta es mi carne.

Llegué rápidamente a la conclusión de que era demasiado personal para fotografiar y agarré un pedazo. Me le quedé viendo un largo rato y luego pensé, “A la chingada”. Lo puse en mi boca, lo probé, lo mastiqué, lo tragué, y empecé a llorar incontrolablemente. Eran felicidad, enojo y frustración combinadas.

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Alexander no quiere tirar su vieja cadera jamás. Aquí está con parafernalia médica que ha juntado a lo largo de los años. 

¿Vomitaste?
No. Después de llorar unos minutos, se sintió bastante natural, y ya no lo pensaba como carne humana. Así que seguí hirviendo y raspando. Luego saqué un poco de chile y ajo, y lo cociné en un comal. La sal y la pimienta eran obligatorias, así como una buena botella de vino. Luego prendí unas velas y saqué el tartiflette. Me senté y me comí todo; se convirtió en una ceremonia, un ritual.

¿Cómo fue defecarte?
Jaja, solo salió. No hubo nada especial y se veía igual que siempre. Supongo que pude haber hecho un clon, pero no.

¿Qué piensas del canibalismo?
No lo veo de esa manera. El canibalismo se basa en su mayor parte en matar a otra persona y comértelos, generalmente crudos. Me gusta comparar mi acto con el de comerte tu placenta después de dar a luz. Es una parte de tu cuerpo. Llámalo canibalismo si quieres, pero yo no lo haré.

Este año exhibiste tu proyecto final en tu exposición de graduación. La instalación estaba hecha de tres partes: el video de la cirugía, una mesa con tu largo historial médico y unas cuerdas de suspensión. Cuéntame de las otras cosas.
La mayoría de las cosas que estaban en la mesa son de cuando me morí en Tailandia.

¿Te moriste?
El año pasado iba en una motocicleta en Koh Phangan sin casco, muy borracho y drogado. Choqué con una camioneta y me destruí bastante. Fragmentos de vidrio penetraron mi cuello a tres milímetros de mi arteria principal. Se me abrió la cabeza, pero mi cráneo estaba intacto. Se me dislocó el hombro. Se me rompieron los dedos y un codo. Me fui. Desperté cinco días después con placas de metal y tornillos por todos lados. Por suerte tenía un buen seguro y terminé en un hospital privado.

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Alexander forma parte de un grupo de artistas corporales en Berlín. Esto fue parte de su exposición de graduación. 

¿Cómo reacciona la gente a que te hayas comido?
He recibido un increíble apoyo de todas partes del mundo. La gente tiene curiosidad, y a muchos les da asco. Pero siento que a los que les da asco no entienden bien mi proyecto. No lo hice por la atención. Esta es mi historia y no quiero que nadie se sienta mal por mí. Mi vida es genial.

Mi meta es hacer que la audiencia reflexione. La vida es corta y la gente tiene el hábito de huir del dolor. Una cortadita y se toman pastillas. El dolor no es físico: es una idea, que puedes aprender a manejar. No necesita ser algo negativo. Solo quiero que la audiencia piense en la vida y en lo que tu cuerpo significa para ti.

¿Alguien ha hecho algo parecido antes?
No, y quiero cambiar la escena del arte. Literalmente inyectarle nueva sangre. Por el momento, todo es intelectual, teórico y filosófico. Quiero que la gente sienta.

¿Cuál es tu siguiente proyecto?
Voy a seguir con este proyecto pero lo voy a contextualizar en palabras. El próximo año planeo mudarme a Italia a empezar una galería de arte corporal. Después de eso, no sé. Mis tatuajes también son parte de The Body Project. Voy a cubrirme de tinta, y cuando me muera no me van a cremar: quiero que me quiten la piel, que la salen, y que la estiren como un lienzo. Van a ponerle a mi carme algún tipo de silicón para convertirme en una especie de escultura. Voy a tener mi cadera en una mano y mis pantalones van a estar abiertos para que mi cadera esté expuesta. Será mi última pieza.

¿Quién va a hacer eso por ti?
Estoy platicando con gente en Alemania y en Polonia. Es muy caro, pero a la chingada. Voy a sacrificar mi vida por el arte. Todo lo que tengo es mi cuerpo y mis historias.