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Más de 9 mil peleas: la violencia imparable de 'Dragon Ball Z'

Aunque 'La resurrección de Freezer' no ha recibido la misma atención en los medios como otras series, vale la pena analizar cómo esta caricatura ha sobrevivido por casi 30 años.
6.8.15

Imagen vía el usuario de Flickr BagoGames.

Este verano, el anime clásico Dragon Ball Z regresa a nosotros gracias al estreno de La resurrección de Freezer. El regreso de Dragon Ball Z no es lo mismo que el regreso de Los expedientes secretos X ni nada por el estilo. A diferencia de otras franquicias, que, hasta cierto punto, dependen de la apariencia de sus personajes que va cambiando por la edad, los personajes en el mundo caricaturesco de DBZ son atemporales: con músculos firmes y poco desarrollados o ligeramente más viejos dependiendo de la historia que quieran contar. Nunca hay un contexto nuevo para su reaparición, no hay inconsistencias sobre cómo adelgazó Turtle, sin líneas visibles en el rostro de Mario Castañeda para recordarte que un hombre de 53 años de edad está interpretando a un chico de 16. Es broma. Una nueva caricatura de Dragon Ball Z es solo eso: una nueva caricatura de Dragon Ball Z. Y aunque la película no ha recibido la misma atención en los medios como otras series, vale la pena analizar cómo esta caricatura ha sobrevivido por casi 30 años.

Dragon Ball Z, que empezó como un manga en 1988, debutó en la televisión japonesa en 1989 y llegó a Latinoamérica a finales de la década de los 90, era un programa bastante directo. Seguía las aventuras de Goku, que está ligeramente basado en el Rey Mono de la mitología china, un extraterrestre que se crió en la Tierra y que fue entrenado para convertirse en un gran luchador.

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Las esferas del dragón son un set de tótems mágicos que, cuando se juntan, le conceden un deseo al portador que cumple un dragón gigante; su existencia era más que nada un MacGuffin para que empezara la acción. (En general se empleaban para revivir a alguien en vez de, no sé, curar el cáncer o algo así).

Dragon Ball Z es la continuación de Dragon Ball, donde narran la infancia de Goku. Cuando empieza DBZ, Goku ya es un adulto, está casado, tiene un hijo y al parecer ya sentó cabeza. La felicidad doméstica de Goku se ve interrumpida al inicio del programa cuando un extraterrestre llamado Raditz, que resulta ser su hermano, llega para informarle que es miembro de los Saiyajin, una raza conquistadora de guerreros cuyo planeta fue destruido, por lo que tuvieron que sobrevivir regados por todo el cosmos. Su hermano quiere conquistar la Tierra pero como Goku ama a sus amigos terrestres, decide defender su planeta adoptivo. Pelean y Goku gana al final, lo cual desata una serie de eventos que no terminan hasta decenas de enemigos y cientos de episodios de DBZ después.

Esa es la historia en resumen. Todo Dragon Ball Z era sobre peleas. La diplomacia no resolvía nada en este programa. Los villanos siempre eran malvados y venían a conquistar la Tierra (excepto cuando se enamoraban y se volvían buenos). Los héroes, nobles y abnegados, siempre estaban para defenderla. La fórmula era simple: llegaba un villano, ganaba, los héroes entrenaban mucho y al final lo derrotaban. Después, cuando todo había vuelto a la normalidad, llevaba un enemigo aún más fuerte. Al principio, los villanos apenas tenían la fuerza para destruir una ciudad. Después, tenían la fuerza para borrar a la humanidad de la faz de la Tierra. Conforme crecía la amenaza, todos nos preguntábamos "¿Cómo le van a hacer los héroes para adquirir la fuerza necesaria y salvar al mundo?".

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La fuerza de estos personajes se medía con niveles de poder, el equivalente de los midiclorianos de Star Wars, una unidad de valor ambigua que medía cuántos planetas era capaz de destruir una persona. Al principio, era impresionante cuando alguien decía que su nivel de poder superaba los 9 mil. Después, más de 1 millón. Y así sucesivamente. Con el paso del tiempo, los personajes se redujeron a matemáticas. Se volvieron un deporte. Las teorías de los fans sobre quién iba a ganar —como en Batman vs. Superman: Dawn of Justice— se reducían a aritmética fría, con lo que dejaban fuera a personajes menores como Krillin o Yamcha ya que el nivel de poder de Goku, de su hijo Gohan y de su amigo/enemigo Vegeta estaban por encima de todos, y crecían cada vez más. Los protagonistas se volvían personajes secundarios, destinados a apoyar y ver cómo les crecían los músculos y el cabello a los saiyajines. (En su etapa más poderosa, el cabello de Goku parecía un montón de plátanos.) Las decisiones de personajes en Dragon Ball Z no se basaban en quién era más interesante sino en quién era mejor para los putazos.

Cosplayers de DBZ. Imagen vía Wiki Commons.

Hay algo muy infantil en esta lógica. La narración consiste en enfrentar figuras de acción una contra la otra para ver cuál se rompe primero. Dragon Ball Z no es el primer anime o caricatura que funciona así: Power Rangers, Pokémon, Las adventuras Jackie Chan, tú escoge. Las amenazas constantes son una forma fácil de seguir con una historia y provocar una serie de clímax conmovedores donde el mal vence al bien y luego el bien vence al mal.

Lo que hacía que Dragon Ball Z fuera tan emocionante era la acción que destruía ciudades y planetas, el impulso nihilista de matar que tenían los villanos y el riguroso aspecto carnal del conflicto. Las peleas no las dejaban para los monstruos o los robots ni se llevaban a cabo con armas o espadas; eran combates brutales mano a mano en los que cada golpe, patada y bola de fuego de ki dejaba un rastro de sangre y moretones. En la versión censurada, se quitaba la sangre y la muerte explícita de la versión japonesa original. En vez de morir, los personajes "se iban a otra dimensión", pero nadie se lo creía, ni siquiera los niños. Los personajes sabían de inmediato cuando aumentaba el nivel de poder de su contrincante porque significaba que les iban a patear el trasero. (Por suerte, no había ningún Michael Bay en el estudio para preguntarse qué pasaría si los saiyajines tuvieran un cañón de riel; las armas no tenían poder en este universo y a los gobiernos nunca les daban ganas de intervenir en nombre del planeta.)

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A pesar de que el sector de la población que más veía DBZ era el de niños de entre nueve y 14 años de edad, el programa era súper agresivo y masculino. Los personajes se volvían más fuertes haciendo ejercicio y enojándose. Las caras y los sonidos que hacían los personajes cuando subían de nivel son típicos del ejercicio y, pues, del sexo. La serie se abrió cuando entró en acción el súper saiyajin, un estado de poder elevado que Goku y otros saiyajines alcanzaban cuando se enojaban tanto que les explotaban las venas. Recuerdo a mi yo más joven como un nudo de emociones propenso a los berrinches y ahora entiendo porqué me atraía tanto un programa donde gritar era igual a volverte más fuerte.


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"No me gusta la violencia", escribió el novelista Don DeLillo en Underworld. "Me da mucho miedo. Pero la veo como una expansión de la fuerza de la personalidad. Y creo que la capacidad que tiene un hombre para actuar contra sus tendencias en esta dirección puede ser una fuente de virtud, una forma de reafirmar su carácter y su paciencia". Dragon Ball Z tomó esta idea como una expansión literal —se ve tan solo en cómo resaltan sus músculos con el entrenamiento— al bendecir a hombres de bien con capacidades impresionantes para ver si podían ser fieles a su corazón en vez de volverse unos conquistadores brutales. Lo más importante que hay que recordar es que si los personajes se enojaban para volverse más fuertes es porque lo necesitaban.

La simplicidad de esta ideología de poder resuena porque es lindo imaginar que el bien gana y que es posible ganar si lo intentas con más fuerza. Por ejemplo, a Ronda Rousey, la estrella de las Artes Marciales Mixtas, no le da pena usar playeras de Dragon Ball Z y el dueto musical Sicko Mobb tiene dos discos de hip hop llamados Super Saiyan. Dragon Ball Z trataba sobre no rendirse, nada de "pero" ni "hubiera". No tenía la misma elocuencia temática de Evangelion, El viaje de Chihiro, Akira ni El puño de la estrella del norte pero, a fin de cuentas, ese era el punto. Ni siquiera la muerte podía detener a los personajes porque solo tenían que esperar en el cielo hasta que sus compañeros reunieron las esferas de Shen Long para que los reviviera y pudieran volver a la lucha eterna.

La nueva película de Dragon Ball Z promete más de lo mismo. Primero vemos cómo Freezer, quizá el villano más odiado del programa, resucita después de su muerte épica y lo envían a enfrentarse con Goku y a sus amigos. Conforme avanza el tráiler, vemos que es más fuerte que nunca. ¿Podrá Goku encontrar la manera de derrotarlo? Sí, a menos que todo lo que nos enseño Dragon Ball Z haya sido una mentira. Es predecible pero satisfactorio. Trae de vuelta a personajes que reconocen los fans y estructuras que siguen funcionando. Siempre va a haber otra pelea que ganar, otro enemigo que vencer y otro peinado que alcanzar con gritos de ira.

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