De izquierda a derecha: El presidente de Uganda, Yowei Museveni; el vicepresidente sudsudanés, Riek Machar; el presidente sudsudanés, Salva Kiir; el vocero de la asamblea legislativa, James Wani Igga, y el vocero de los diputados, Daniel Awet Akot, guardan un minuto de silencio en la lápida del fallecido líder rebelde sudsudanés John Garangen en Yuba, SudándelSur, el 21 de mayo de 2012. AP foto/PeteMuller.
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La mitad sureña de Sudán del Sur durante un tiempo fue conocida como Ecuatoria. Sus fronteras, más o menos, siempre han estado limitadas parcialmente por el Sudd, pantano cuyo nombre en árabe significa "barrera". Al agua que origina el Nilo Blanco le toma casi un año llegar a estas tierras, creando un pantano que en las temporadas de lluvias aumenta su superficie a unos 52 mil 500 kilómetros cuadrados. Estos pantanos reflejan la más grande y menos documentada migración de vida salvaje de África y una de sus más grandes concentraciones de cocodrilos, jirafas, hipopótamos, elefantes y antílopes, al igual que más de 400 especies de aves.En temporadas de lluvias los habitantes de esta región se aferran a las islas pantanosas. Los ganaderos cambian de lugar junto con las temporadas; cuando deja de llover y es temporada de sequía, ellos migran para buscar agua, y regresan a sus pueblos en terrenos altos cuando una vez más la temporada de lluvias se aproxima. Viven en pequeñas familias que practican la pesca, el pastoreo, la caza y la agricultura, y que están de cierta manera coordinadas con la ecología del terreno. Representan aproximadamente un cuarto de la población que vive en el mosaico de selva y sabana de Guinea, en un área de 1.5 millones de metros cuadrados que cubre territorios de 25 países, un amplio ecosistema que equivale a más de la mitad del tamaño de Estados Unidos.
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Como la historia lo ha comprobado, los humanos que viven así tienden a atraer una raza extraña de intrusos. Desde su “descubrimiento” una serie de hombres peculiares con varios propósitos personales han intentado “salvar” Sudán del Sur. Esto incluye a los que son originalmente de ahí, sobre todo ahora.Los miembros de las tribus dinka y nuer componen la mayoría de grupos rebeldes que operan en el área desde que empezó la primera guerra civil sudanesa en los 50s. A finales de los 70s, después de lo que culminó un cese al fuego de 11 años, la segunda guerra civil sudanesa estalló por casi las mismas razones que en los 50s. Pero ahora todos esos problemas habían sido literalmente bañados en gasolina. A mediados de los dosmiles ambos bandos se pelearon hasta la muerte.Para cuando George W. Bush fue electo presidente de Estados Unidos, Sudán se había convertido en un problema geopolítico: la crisis en Darfur estaba en su punto máximo, y el país estaba en riesgo de una racha violenta. Años antes, la mala situación de los sudsudaneses fue una cuestión llevada por Bush hacia la derecha evangélica (la mayoría quería equipar a rebeldes cristianos en el sur, en un esfuerzo de armarlos contra el gobierno musulmán sudanés). Esto llevó a Bush a nombrar una misión especial para Sudán a finales de 2011, con la meta de ayudar a encontrar una solución pacífica a la “brutal y vergonzosa guerra contra su propio pueblo” del gobierno sudanés. Con el alto al fuego de 2005 y el Acuerdo Comprensivo de Paz, la misión parecía haber logrado un gran éxito diplomático.
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Para Bush era un tema equis, una herencia entre muchas en su lista de asuntos de política exterior. Pero para la coalición bipartidista en el Congreso de EU, conocida como el Sudan Caucus, lo que sucedió en 2005 fue la recompensa a largo plazo de más de 20 años invertidos en tratar de convencer a tres administraciones de tomar a Sudán en serio. Después de años de ganar tiempo finalmente se construye un camino hacia la independencia de Sudán del Sur, con fronteras que incluían 75 por ciento de las reservas de petróleo que ofrecía Sudán en su totalidad.El acercamiento diplomático de Bush contrastaba con la mano dura de Bill Clinton hacia el gobierno sudanés, que a mediados de los 90s protegió a Osama bin Laden y miembros de la Yihad Islámica Egipcia mientras operaban desde Jartum. En 1996, tres años después del primer atentado con bombas al World Trade Center y un año después de que Bin Landen y compañía fallaran el asesinato del entonces presidente egipcio, Hosni Mubarak, el gobierno sudanés se dio a la tarea de poner presión internacional y expulsar a la red terrorista de su territorio. Bin Laden y su grupo migraron sus operaciones a Afganistán y Pakistán; y todos saben en lo que eso terminó.Mientras tanto, después de dos décadas de dirigir a fuerzas rebeldes en el sur, John Garang y su Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán (MLPS) al igual que su ejército (ELPS) fueron claves importantes para lograr el Acuerdo Comprensivo de Paz de 2005. Dos semanas después de que el tratado fue firmado y Garang fue nombrado presidente del ahora autónomo gobierno de Sudán del Sur, el mandatario murió en un accidente aéreo. El cuento oficial era que el helicóptero había fallado debido al mal clima, aunque por supuesto llegaron a concebirse teorías de conspiración sobre cómo fue el accidente.
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Después de la muerte de Garang, Salva Kirr tomó la dirigencia del MLPS. Kirr, un dinka de Warrap, había peleado con el ejército separatista Anyanya durante la primera guerra civil sudanesa; en años después con MLPS/ELPS, había fungido como el segundo al mando de confianza de Garang. Con 93 por ciento del voto, él fue elegido en 2012 como el hombre para liderar a Sudán del Sur tras el referendo, donde 98.8 por ciento de los votos dieron la venia para separarse del norte. Era un mandato que provenía de todas partes. Con su liderazgo Kirr brindó un profundo fervor religioso, como se ve, en el sitio de internet del gobierno de Sudán del Sur, con una similitud al sueño de Garang de convertirse en “Josué, de la Biblia, quien tomó el manto de liderazgo de Moisés justo cuando los israelitas estaban a punto de entrar a Canaán y logró que los fugitivos se establecieran en la Tierra Prometida”.Kirr, un hombre grande con una gran personalidad, está orgulloso de su legado militar y de sus 22 años de combate. Cuando la guerra terminó, quiso hacer evidente su decisión de mantener su “campo libre”. Durante una visita a la Casa Blanca en 2006, Bush le dio a Kiir una texana que por lo visto no se ha quitado desde entonces. Él rápidamente decidió portar la Stetson durante visitas de estado, apariciones públicas e incluso durante la firma de la declaración de independencia de Sudán del Sur.
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Los detractores de Kiir dicen que le gusta beber, que tiene problemas para controlar su enojo y que es paranoico; defectos personales que se entienden en un hombre cuya principal tarea durante dos décadas ha consistido en ejercer violencia impenitente y manejar las divisiones tribales de los pueblos. Pero esta actitud es un gran problema para un político a quien se le atribuye la conformación de un país dividido por la guerra.El sábado 9 de julio de 2011, la nueva constitución fue firmada y Sudán del Sur fue oficialmente una nación soberana. Kiir y Riek Machar, su vicepresidente y compaéro del MLPS/ELPS caminaron frente a los más importantes dictadores de antaño de África, caudillos y líderes democréticamente electos. Entre los que apoyaban al país en su reciente cambio eran el presidente de Uganda, Yoweri Museveni; Robert Mugabe, de Zimbabue —el gobernante que más tiempo ha fungido como presidente en África—; Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica; Meles Zenawi, primer ministro de Etiopía; el líder petrolero de Guinea Ecuatorial, Teodoro Nguema Obiang Mangue; y Omar al Bashir, de Sudán, un hombre acusado por la Corte Penal Internacional de genocidio en 2010.Pero el frenesí luego cambió de enfoque a temas de logística como alimentar a gente e imprimir timbres postales (que en varias ocasiones salieron mal). La ONU reportó que en 2012 aproximadamente 763 millones de dólares en ayuda humanitaria fueron requeridos para mantener a salvo al país. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) brindó un monto adicional de 323 millones de dólares en 2013, pero vio difícil de operar esta cifra debido a la “inseguridad, acoso burocrático hacia las organizaciones de ayuda humanitaria, retos de logística y las restricciones impuestas por el gobierno de la República de Sudán del Sur”. Una ola de buenas intenciones y donaciones monetarias inundaron a Sudán del Sur como el Nilo Blanco inundaba sus pantanos, pero la situación ya se estaba pareciendo a algo sin esperanza.
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Incluso con miles de millones de dólares para invertir, las 22 agencias que componen los esfuerzos de la ONU en Sudán del Sur vieron lo difícil que es tener presencia en la región, al afirmar que “los retos que enfrenta el nuevo estado del mundo son abrumadores tanto en escala como en complejidad. Las estructuras del estado apenas han sido establecidas y sistemas de cumplimiento en todos los sectores están ausentes o son disfuncionales. La corrupción golpea virtualmente todos los niveles del gobierno, y los mecanismos de rendición de cuentas, si es que existen, han fallado al enfrentar el desvío y mal manejo de los recursos públicos. En la ausencia de mecanismos políticos o socioculturales para resolver disputas, el conflicto violento permanece como un problema que sucede a diario”.Para el 2014, la ONU asignó 924’426,000 dólares para lidiar con los crecientes problemas de Sudán del Sur. Este era un cálculo anual asignado para solventar a ocho mil militares uniformados y policías para el resguardo de la paz, pagar varias formas de gobernabilidad y en ayuda en los desastres humanitarios que continuaban azotando al país de forma periódica y alarmante. En marzo del 2014, la ONU proporcionó una apelación urgente para una cantidad adicional de 1,270 millones de dólares en junio ayudar a contener el caos regional que estallaba a través de Sudán del Sur, República Centroafricana y otros países en la región. Las Naciones Unidas calculan que unos 3.2 millones de sudsudaneses pueden necesitar ayuda de manera urgente, lo cual sin duda impactará las naciones cercanas mientras los refugiados sigan huyendo de sus hogares.
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George W. Bush y Salva Kiir en la Oficina Oval en la Casa Blanca, el 5 de enero de 2009. AP Foto/J. Scott Applewhite.Una gran cantidad de ONGs, todas con sus propias agendas, llegaron a Sudán del Sur rumbo al referendo de 2011. Durante los últimos cálculos, en 2012, había unas 150 organizaciones no gubernamentales internacionales registradas oficialmente en la región. Todas ellas invirtieron demasiado dinero en contratar a locales y trabajar de varias maneras para mejorar la nueva nación. Ahora la mayoría han abandonado la causa, llevándose a sus empleados extranjeros y dejando atrás sus vehículos y equipo para que sean saqueados.En agosto del 2011, el gobierno de Sudán del Sur comisionó un reporte del Joint Donor Team, una organización de ayuda humanitaria que brindaba apoyo al gobierno para resolver un plan de presupuesto nacional basado en cálculos de ganancias de petróleo, que según el Fondo Monetario Internacional (FMI) compone el 98 por ciento de los ingresos del gobierno de Sudán del Sur, comparado con el 57 por ciento de las ganancias del gobierno de Sudán.El resultado fue un manual operativo para Sudán del Sur, de 413 páginas, a realizarse en cinco años, que mostraba las ganancias de petróleo en un punto máximo en 2011 y luego descendía de manera dramática hasta llegar a un fin. Esta falta de previsión, combinada con el esperado incremento de la población y un promedio actual de pobreza nacional de 50 por ciento, no ayudó en la meticulosa consideración de un plan financiero. La mayoría de los posibles dirigentes del país eran ex combatientes, sus familiares y amigos. Algunos habían estudiado, pero no eran mayoría. Los gobiernos nacionales, regionales y locales, líderes de tribus y empresarios tenían el mismo objetivo: explotar la corta vida de un optimismo rejuvenecido.
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Sepultado entre las 413 páginas del plan operativo estaba un estadística alarmante: el valor total de los 3,500 millones de barriles de petróleo de Sudán del Sur que serían extraídos del territorio en las siguientes dos décadas sólo recaudarían un aproximado de 38 mil millones de dólares. Y una vez que eso se acabara, no habría más.Mientras desarrollaban su presupuesto de 2014, los oficiales de Sudán del Sur calcularon que necesitarían cuatro mil millones sólo para operar las necesidades diarias del gobierno. Sólo lograron recaudar dos mil 200 millones, ya que el resto fue designado a cuotas de petróleo, deuda externa e infraestructura.El plan operativo de agosto de 2011 estaba basado en la idea optimista de que el petróleo se movería fácilmente a Puerto Sudán, en el norte, y que ambos países trabajarían en conjunto para exportar petróleo y compartir las ganancias. En enero de 2012, sin embargo, Sudán y Sudán del Sur se toparon con pared en cuanto a los costos del uso del oleoducto. Éste fue repentinamente clausurado —y con él el principal ingreso económico de Sudán del Sur—. La frontera se cerró al comercio. Kiir acusó al gobierno de Sudán de robar 815 millones de dólares en petróleo crudo de Sudán del Sur como forma de retribución. Kiir y Machar, políticos panzones que un día fueron guerrilleros esbletos, enumeraron sus quejas en Yuba y lanzaron amenazas a Jartum. Pero la tensión que crecía rápidamente en ambos lados era demasiada para soportar, y en septiembre de 2012 se acordó que el oleoducto fuera reabierto.
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El 3 de mayo de 2012, menos de un año después de que Sudán del Sur reanudara los negocios, Kiir envió lo que desde entonces dice que es una carta privada a más de 75 políticos de alto rango y oficiales gubernamentales, acosándolos de robar cuatro mil 200 millones en fondos del estado. Él exigió que ellos regresaran ese dinero y les dio instrucciones para depositarlo, de manera extraña, en una cuenta de banco especial abierta en Kenia por el gobierno de Sudán del Sur.Aunque Kiir insistió en que él y sólo otro miembro de su gabinete tenían acceso a esa carta, Associated Press la obtuvo a principios de junio. Mientras este incidente estaba en su punto álgido, los fondos desaparecidos se vieron reflejados en una problemática situación en 2006, cuando Arthur Akuien Chol, el ministro de finanzas interino del gobierno, fue destituido después de ser acusado de la desviación de 60 millones de dólares en fondos de Sudán que justificó con básicas funciones civiles. Él subsecuentemente implicó al secretario general del MLPS, Pagan Amum Okech, quien según Chol recibiría la mitad de esos 60 millones.¿Así que a dónde fue el dinero? Nadie supo. Y Kiir optó por mantener en secreto las acusaciones de robo y corrupción, por temor a que el gobierno se desintegrara. Una persona que rastreaba muy insistentemente el paradero del dinero era Machar. Esta curiosidad pronto se convertiría en un gran punto de conflicto con Kiir.
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Las tres cosas principales que el dinero tenía que haber cubierto era la contratación de soldados y empleados gubernamentales, pavimentación de carreteras y la creación de una reserva estratégica de grano. Pero mientras la carta de acusaciones de Kiir polarizó al nuevo gobierno, todavía no se avanzaba en la construcción de infraestructura, aunque miles de ex rebeldes y sus familiares estaban en la nómina del gobierno.Para junio del 2013, el negocio de petróleo había sido clausurado una vez más. Esta vez Sudán acusó a Yuba de apoyar a rebeldes que habían estado peleando contra Jartum. Sudán del Sur negó las acusaciones, pero eso no sirivió para reanudar el trabajo del petróleo.El Sudán del Sur “rico en petróleo” era realmente una nación con deudas, que había pedido prestado alrededor de 500 millones de dólares a otros países: para empezar cien millones al Banco Nacional de Qatar y otros cien al Standard Bank Group, un banco con sede en Johannesburgo. Para septiembre de 2013, el FMI había prometido otros 50 millones. Empezaron a circular rumores que apuntaban hacia la canalización de fondos de Estados Unidos a Sudán del Sur para apoyar al gobierno de Kiir. En noviembre de 2013, mientras los sudsudaneses negaron tener el dinero suficiente para pagar a funcionarios públicos, varios medios de comunicación reportaron que el país estaba en un hoyo de casi 4,500 millones, que habían sido prestados por varios bancos comerciales.
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Sudán del Sur estaba siguiéndole los pasos estrepitosamente a Sudán, cuya economía estaba en 41,500 millones de deuda externa, con 87 por ciento de eso en deudas acumuladas, según el Banco Mundial. Pero había tomado un siglo para que las cosas se pusieran tan horribles en el norte. Sudán del Sur tan sólo tenía dos años de existencia, y tenía control de la mayoría de petróleo. No había una justificación ni explicación adecuada para esta desenfrenada actividad ilícita, y a la vez nadie se estaba haciendo responsable. En pocas palabras, Sudán del Sur era un caso perdido.Más allá del petróleo, más allá del dinero en las manos de un gobierno incompetente y lleno de gente corrupta, ¿cuál es la verdadera economía de Sudán del Sur? No hay, en realidad. Los ciudadanos de Sudán del Sur sobreviven con escasos recursos, aprovechando la lluvia para cosechar, cuidando al ganado (cabras y borregos), construyen sus hogares de materiales naturales y gastan el poco dinero que ganan en objetos como sillas de plástico, camisetas o tarjetas telefónicas. Todo mientras se aferran a la esperanza de que la guerra y los asesinatos no interrumpan una vez más su arduo trabajo de la noche a la mañana.La triste realidad es que el único negocio que Sudán del Sur conoce bien es la guerra. Aunque el MLPS logró formar un partido político gobernante con su gente del ejército, el negocio a largo plazo de Sudán del Sur ha sido matar a su propia gente y manejar perversamente grandes sumas de dinero que en su mayoría han llegado de fuentes extranjeras con la intención de “ayudar”.Y como tal, mientras las elecciones de 2015 se avecinan ante un historial acusatorio de favoritismo congresista, corrupción y un hostil gobierno autoritario, Kiir reaccionó de la única manera que sabía. El 22 de julio de 2013, despidió a su gabinete entero y dio órdenes de detener a varios políticos que él había implicado en numerosos escándalos. Cuando escribió la constitución interina, Kiir se aseguró de incluir una cláusula que le permitía despedir democráticamente a gobernantes electos en caso de circunstancias extremas (bajo el pretexto de mantener la “seguridad nacional”). Pero legalmente eso ya no importaba cuando la constitución final de 2011 sustituyó su poder dominante con el proceso burocrático y las elecciones. De cualquier forma, Kiir ni se inmutó. Él hizo lo que quiso. En su mente, su estilo autocrático y militar sobrepasó la constitución y el proceso democrático. Los grupos contendientes dentro del gobierno empezaron a separarse de una manera que funcionó como un presagio del estado fallido.No se pagaban los salarios. Los seguidores de Kiir huyeron. Para noviembre de 2013, el primer ministro de Sudán del Sur, Aggrey Tosa Sabuno, admitió que la situación estaba en descontrol y que el gobierno colapsaría. “Nuestros préstamos nos alcanzaron, y no podemos huir de eso”, le dijo a la cadena de noticias Voice of America. Se implementó un plan de austeridad, pero excluía a un grupo de oficiales de alto rango que seguían recibiendo salarios e incentivos. La disconformidad llegó a manifestarse después de que la ayuda económica prometida a proyectos y acuerdos no llegó.Mabior Garang, el hijo más grande del ya fallecido John Garang, no iba a quedarse con brazos cruzados. Junto con la viuda de John Garang, el ex ministro de carreteras y transporte, y Machar, Mabior retó al gobierno y las cuestionables iniciativas económicas. El 6 de diciembre, el trío y sus partidarios tuvieron una conferencia de prensa y expresaron sus quejas en torno a la presidencia de Kiir.¿Por qué un país con menos de tres años de existencia le debía 4,500 millones a Estados Unidos? ¿Cómo es que Kiir justificó los gastos para crear el grupo La Guardia de la República, de 15 mil hombres que operaban a la par de las fuerzas armadas? Estas preguntas permanecen sin respuesta.Inspirados por la conferencia de prensa, un grupo mixto de tribus dinka, nuer, shilluk y otros miembros del partido MLPS anunciaron que tendrían una junta de Consejo de Liberación Nacional para afrontar la corrupción, y que terminaría con una manifestación pública el 14 de diciembre, dejando saber que no tolerarían que se repitiera lo de 1991 (la masacre en Bor contra los dinka por parte de rebeldes nuer). Los simpatizantes de Kiir empezaron a cantar canciones de guerra, y él mostró un documento que condenaba a sus detractores.Muchos políticos no asistieron a la intensa junta el 14 de diciembre, haciéndole creer a Kiir que había un plan para derrocarlo. Al siguiente día el presidente ordenó a su guardia presidencial desarmar a todos los miembros nuer del Batallón Tigre de la guardia presidencial y entregó una lista larga de oficiales que debían ser detenidos. Empezó un genocidio contra los nuer que cobró entre 500 y diez mil vidas, dependiendo de a quién consultes (al cierre de la edición no había una cifra definitiva ni confiable al respecto). Las peleas detonaron en las barracas de Yuba mientras se ordenó que los guardias nuer fueran desarmados. Al ejército armado dinka llamado Gelweng —“guardianes del ganado”— se les ordenó ir de casa en casa, colocar barricadas, levantar a los hombres en la calle y llevar a cabo interrogatorios, torturas y ejecuciones. Kiir llamó a Machar un “profeta de la muerte”. Tanques y tropas armadas llegaron a la casa de Machar y le prendieron fuego, matando a todos los guardias y trabajadores de la casa que se interpusieran en su camino.Pero alguien de la guardia presidencial alcanzó a advertirles del ataque a Machar y a su esposa, Angelina Teny; lo que les permitió escapar y salvarse.
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