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ENTREVISTA: MICHAEL ROTHER, DE NEU! Y HARMONIA

15.12.09

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Michael Rother fue miembro fundador de Neu! y Harmonia, dos de los grupos clásicos del krautrock, además de formar parte de una temprana encarnación de Kraftwerk. Desde la disolución de aquellos proyectos a mediados de los 70, Michael ha mantenido un flujo constante de edición de discos en solitario, si bien en los últimos tiempos se ha tomado un paréntesis para salir de gira con Harmonia, reunidos por vez primera en 30 años como resultado del interés generado a raíz de la publicación de Live 1974, una antigua grabación procedente de los archivos de Michael.

Vice: En los 60, antes de ingresar en Kraftwerk, estuviste involucrado en Spirits Of Sound, un grupo de rock tradicional. ¿Cómo condujo una cosa a la otra?

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Michael Rother: Spirits Of Sound era un grupo beat. Ingresé a los 15 ó 16 años de edad. Por aquel entonces me gustaban conjuntos populares de la época como Beatles, Kinks y Cream y me impresionaban mucho guitarristas como George Harrison, Jeff Beck, Eric Clapton y Jimi Hendrix. Al principio me pareció totalmente natural copiar sus ideas y sus estilos para así aprender los rudimentos de la música pop y rock, pero copiar dejó de satisfacerme al cabo de unos años. Probablemente entonces no supiera por qué, pero echando la vista atrás resulta claro que aquella insatisfacción se debía al proceso intelectual de tomar conciencia de mi propia personalidad. A finales de los años 60 se estaban produciendo grandes cambios en todos los campos de la sociedad, la política y el arte; especialmente en Alemania, donde era muy fuerte la lucha contra las estructuras conservadoras heredadas de la posguerra. Me di cuenta de la necesidad de olvidarme de todos los clichés y estándares musicales que había aprendido para, a continuación, forjarme mi propia personalidad. No más blues, basta de solos de guitarra. La mía era una actitud ambiciosa y el camino que tenía delante se me presentaba inexplorado, pero esa libertad me resultaba muy atractiva.

¿Recuerdas el momento concreto en el que tu música dejó de ser imitativa para convertirse en instintiva?

De principios a mediados de los 70 fue cuando los componentes melódicos y armónicos de mi música se me hicieron progresivamente claros y familiares. Cuando estoy tocando, el instinto y las emociones juegan un papel tan básico, tan importante, como la voluntad conceptualizadora. Puede que las notas que improviso de forma espontánea con la guitarra partan de mi interior, del inconsciente, donde no hay control alguno, pero la organización de la música y la mezcla de sonidos son procesos que dependen de la mente. Requieren acciones conscientes.

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Las filmaciones que se conservan de la encarnación de Kraftwerk en la que participasteis Klaus Dinger y tú muestran que el grupo tenía entonces bastante más que ver con Neu! que con los Kraftwerk posteriores. ¿Qué recuerdos tienes de aquellos días?

Me uní a Kraftwerk en 1971. En directo, la música que tocábamos Florian Schneider, Klaus Dinger y yo era primitiva y cruda, en ocasiones brutal. En vez de expresarnos mediante capas de armónicos o de melodías, la nueva idea consistía en reducir todos esos elementos al mínimo y regresar al acorde único, a una sola nota, una cuerda… Explorar las distintas expresiones posibles de la dinámica. Florian Schneider hizo cosas fantásticas con su flauta eléctrica, que filtraba a través de todo tipo de equipo y hacía sonar como ningún otro instrumento. Por desgracia, en esas filmaciones el equilibrio de volúmenes dista mucho de ser perfecto. Mueven a pensar que eran mi guitarra y la batería de Klaus las que llevaban el peso de la música. Para entender cómo sonábamos deberías imaginar la flauta de Florian mucho más alta en la mezcla. Florian no utilizaba sintetizador por aquel entonces; sólo flauta y, en ocasiones, un violín eléctrico, que tocaba como si fuera una guitarra rítmica. Tras la disolución pareció lo más natural que Klaus y yo siguiéramos por ese camino, mientras que Florian se reunió con Ralph Hütter para hacer juntos una música más suave y amable, como la que aparece en su segundo y tercer discos. Que me encantan, he de aclarar.

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En otras ocasiones has mencionado que, en algún punto de los años 70, desarrollaste un gran interés en Terry Riley.

Vimos una vez a Terry Riley en directo en Berlín. Recuerdo que su actuación me dejó un poco decepcionado, pero la idea de la repetición constante me pareció muy atractiva. En aquellos años yo apenas escuchaba música de otras personas. Prefería concentrarme en mi propio trabajo. Consideraba que era un retiro necesario si quería reducir el número de mis influencias. Llegué a los minimalistas de forma indirecta, a través de la gente con la que colaboraba. En 1973 visité a Hans-Joachim Roedelius y Dieter Moebius, de Cluster, con objeto de saber si serían los músicos más adecuados para unirse a Neu! de cara a una gira por Inglaterra. Me puse a improvisar con Roedelius, que tocaba órgano y piano eléctrico, y los dos conectamos de inmediato. Roedelius estaba decididamente influenciado por Terry Riley y los minimalistas. Sus líneas melódicas repetitivas se complementaban de manera ideal con los sonidos de mi guitarra. Dieter Moebius, con su equipo electrónico, se nos unió aportando sonidos extraños, y los tres decidimos aparcar nuestros respectivos proyectos y centrarnos en este nuevo grupo, que bautizamos como Harmonia. El nombre era una broma, ya que desde el principio hubo cierta rivalidad entre los tres. Una pugna de tipo musical. A veces era difícil sobrellevarla, pero las fricciones entre nosotros, en mi opinión, favorecieron en gran medida la creatividad.

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Siempre has sido proclive a adoptar las nuevas tecnologías, ya se tratase de loops de cinta o, más adelante, de ordenadores. ¿Crees que el uso de la tecnología puede en algún momento llevarse demasiado lejos, ya en el campo de la música o en cualquier otro?

El concepto detrás de mi música siempre ha sido y será más importante que el equipo que utilice. Aunque me encanta tocar la guitarra, no me considero un instrumentista. Para mí resulta natural decantarme hacia la tecnología en mi búsqueda de nuevas formas de expresión, nuevos sonidos, pero siempre será la idea que sostiene la música lo que a mí de verdad me interese. A comienzos de los 70 mi equipo era muy sencillo, el estándar de un guitarrista de rock: un pedal de fuzz y un wah wah. En 1972 añadí un filtro y un pedal de expresión, dos aparatos que permitían que mi guitarra sonara parecida, entre otras cosas, a un oboe, como en la canción "Neuschnee". Un sonido que me encantaba. Lo siguiente fue una unidad de eco; encuentro fascinante la repetición desde que, de niño, viví en Pakistán y descubrí la música india y árabe y la idea de la música sin fin. A finales de los 70 construí mi estudio particular y el estudio al completo se convirtió en mi instrumento. En cualquier caso, es el resultado lo que cuenta, no el equipo. Da igual si se trata de un ordenador Fairlight, como en los 80, o de una guitarra o una unidad de efectos. Por supuesto, hay trampas en las que hay que evitar caer cada vez que una nueva tecnología aparece ofreciendo soluciones fáciles para la creación de sonidos, como es el caso de los sintetizadores modernos.

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¿Qué me cuentas de la relación entre el productor Conny Plank y tus distintos proyectos?

Conocí a Conny Plank en verano de 1971, cuando Klaus Dinger, Florian Schneider y yo nos planteamos grabar el segundo álbum de Kraftwerk. Conny era un hombre de fuerte personalidad y un ingeniero de sonido con gran amplitud de miras. Fue nuestra elección natural cuando Klaus y yo iniciamos el proyecto Neu! en otoño del 71. Las contribuciones de Co
nny en los tres discos de Neu!, en el Deluxe de Harmonia y en mis tres primeros discos en solitario -Flammende Herzen, Sterntaler y Katzenmusik-, no pueden pasarse por alto. Era una persona entusiasta, creativa y respetuosa. Se consideraba a sí mismo una especie de comadrona cuya tarea era ayudar a los músicos a encontrar las circunstancias ideales para expresar sus ideas y darles un empujón cuando se quedaban bloqueados. Recuerdo sentirme muy impresionado por su habilidad para captar nuestras ideas y por su capacidad de recordar dónde exactamente estaba cada fragmento de música grabada en cinta durante los, a veces, caóticos procesos de mezcla. Hicimos casi todos nuestros discos con Conny antes de que llegara la tecnología de mezcla con ordenador. Conny poseía una mente muy dotada para la música y su habilidad para imaginar paisajes sonoros y centrarse en los elementos importantes de una grabación sigue siendo a día de hoy una fuente de inspiración para mí.

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Tu primer disco en solitario, Flammende Herzen, era como una combinación de los elementos que más te interesaban tanto de Neu! como de Harmonia…

En 1976 todavía llevaba a Neu! y Harmonia muy dentro de mi corazón. Mis aportaciones a esos proyectos reflejaban todas las ideas que yo tenía acerca de la música. A principios del verano de 1976, Harmonia llegó a un punto en el que sus componentes sentimos que ya no podíamos seguir trabajando juntos. Yo estaba muy decepcionado; creía en el proyecto pero, comercialmente, había sido un desastre, y nuestras pugnas musicales y personales ya no podían canalizarse por el lado creativo. No era mi intención emprender una carrera por mi cuenta, pero sabía perfectamente la dirección en la que tenía que avanzar mi música y, al no ser Neu! una opción, no tuve otro remedio que avanzar en solitario. Afortunadamente, Conny Plank mostró interés en grabar mi primer disco y Jaki Liebezeit, de Can, mi batería favorito junto a Klaus Dinger, se unió a mí e hizo algunas aportaciones excelentes. Es legítimo preguntarse cómo Flammende Herzen hubiese sonado de haber participado Roedelius, Moebius o Dinger, pero el disco, tal como quedó, me dejó totalmente satisfecho. Y yo fui el primer sorprendido por el éxito que alcanzó. De mis tres primeros discos se vendieron más de 350.000 copias sólo en Alemania. Mi fe en mi música en solitario era tan grande como lo había sido en la de Neu! y Harmonia, pero en 1977, de repente, de forma inesperada, el público alemán pareció ponerse de acuerdo conmigo, con mi visión.

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¿Qué intentas descubrir a través de la música?

Desde el primer momento, desde que a principios de los 70 empecé a crear mi propia música, el objetivo, la idea, era expresar mi personalidad, desarrollar una identidad musical individual. La música, para mí, es el más importante campo creativo, un medio de articular y canalizar pensamientos y emociones. En su forma ideal ofrece la posibilidad de combinar los procesos intelectuales con el subconsciente.

El Live 1974 de Harmonia tiene un aire muy suelto, muy relajado, y obviamente suena más espacioso que los discos de estudio. ¿Tú cómo lo ves?

Harmonia solíamos grabar casi todos nuestros conciertos, pero después borrábamos las cintas para reutilizarlas. Eran muy caras y no podíamos permitirnos estar comprando cintas nuevas cada dos por tres. Nuestro concierto en Penny House en 1974, sin embargo, fue tan especial que decidimos no borrarla. Me alegro de que lo hiciéramos, y también de que la cinta haya sobrevivido todos estos años sin degradarse. Cuando la transferí a digital, edité y separé por pistas, lo hice básicamente porque quería preservar este raro documento de nuestro trabajo. No esperaba reacciones tan positivas, tanto al disco como a los conciertos que hemos ido llevando a cabo desde el pasado año. El álbum presenta a Harmonia tocando música espontáneamente, tal y como hicimos durante el primer año y medio de vida del grupo. Subíamos al escenario, uno de nosotros empezaba un tema a partir de cualquier cosa que tuviera en mente en ese instante y los otros dos se le unían. Esta libertad produjo a veces música hermosa, de una intensidad que nunca hubiese sido posible individualmente (como en "Ohrwurm"), pero también el peligro de que los conciertos no fuesen a ningún sitio si ese día no nos sentíamos especialmente creativos. Neu!, por otra parte, no resultaba tan satisfactorio en un contexto de directo. Una batería y una guitarra simplemente no eran suficientes. Neu! necesitábamos el estudio de grabación y la tecnología multipistas para crear nuestra música. Creo que esa era la diferencia más significativa entre Neu! y Harmonia.

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¿Cómo te sientes en relación a los recientes conciertos de Harmonia?

Es muy extraño estar en los escenarios con Harmonia otra vez. Después de todo, nos separamos en 1976 y no nos reencontramos hasta el año pasado. Los tres hemos estado ocupados en proyectos individuales durante las últimas tres décadas y llevado nuestras respectivas músicas en diferentes direcciones. No obstante, nuestras personalidades no han cambiado; los mismos aspectos psicológicos de los años 70 pueden aplicarse en la actualidad. En directo, las pugnas siguen siendo las mismas. Lo asombroso es cómo ha cambiado, a mejor, la percepción de nuestra música por parte de la gente. Y es gratificante visitar países por primera vez y recibir el calor del público. Una vez, en 1974, tocamos ante tres personas. Ahora puedo reirme pero entonces no fue nada divertido. La mayoría de la gente en Alemania odiaba nuestra música. Teníamos grandes dificultades económicas para salir adelante. Es fantástico ver que ahora la gente comprende mucho mejor lo que hacemos y simpatiza con nuestra estética. Me pregunto cómo será la situación dentro de 10 ó 20 años.

¿Cómo era tu relación con Klaus Dinger antes de que falleciera a principios de año?

Fue un shock enterarme de que Klaus había muerto. Ni siquiera sabía que estuviera enfermo. Me resulta difícil hablar de él sin correr peligro de parecer malintencionado o agrio. La mayoría de los fans de Neu! estarán al tanto de las insensateces que hizo en los años 90, cuando publicó de forma ilegal el material de Neu! que habíamos producido a mediados de los 80. Klaus intentó solucionar sus problemas artísticos y económicos secuestrando nuestro proyecto; fue una experiencia muy amarga para mí. Klaus me daba la impresión de haber perdido el contacto con la realidad y de padecer manía persecutoria. Intenté razonar con él pero había demasiada desconfianza entre ambas partes. Ahora, echando la vista atrás, prefiero recordar los aspectos buenos de Klaus, sus enormes contribuciones artísticas a Neu! y la inspiración que supuso para mí, por la que le estaré siempre agradecido. Pese a que no conseguir arreglar nuestras diferencias tras la reedición de los discos de Neu! en 2001, él y yo mantuvimos conversaciones con vistas a hacer un nuevo álbum juntos. Klaus esperaba que hiciéramos una gira mundial bajo el nombre de Neu!, pero cada vez que nos encontrábamos o intercambiábamos mensajes –en los últimos años, sobre todo, a través de nuestro sello, Grönland-, me resultaba evidente que él, en realidad, no había cambiado nada. Esto provocó que yo me volviera cauto; quizá demasiado. Quería asegurarme de que estábamos de acuerdo al menos en los aspectos más básicos antes de organizar una gira o grabar un disco. Sabía que, de otro modo, el proyecto terminaría sumido en el más completo caos, como ya nos sucedió en el pasado. Las aportaciones de Klaus Dinger al mundo de la música permanecerán vivas durante muchos años, de eso estoy seguro, y los problemas entre él y yo serán olvidados. Eso es bueno. El concepto de Neu! sigue vivo en mi corazón. Todavía disfruto al coger la guitarra y tocar música dinámica y acelerada.

¿Verá Neu! 4 alguna vez la luz del día de forma oficial?

Actualmente tengo tantos trabajos musicales en los que centrarme que no he pensado en ello. Puede que el año que viene saque tiempo para escuchar las grabaciones y mezclas que
tengo en mi archivo del proyecto que en su día llamamos Neu! 85. Klaus no incluyó en su versión todas las canciones que grabamos. Ahora bien, no importa lo que yo haga porque, si sale, no será un verdadero disco de Neu! No lo será porque Klaus y yo no lo finalizamos juntos. Generalmente yo nunca ponía objeciones al material que él publicaba. Parte de ese material era bastante bueno. Lo que no me parecía bien era que lo hiciera a mis espaldas.

En la actualidad, ¿en qué ocupas el tiempo cuando no estás creando música?

La música es mi vida, las 24 horas del día. Ha sido un gran privilegio no tener que ganarme la vida haciendo otra cosa que no fuese música. Disfruto de la vida en Forst, un lugar mágico y tranquilo junto al río Weser donde Harmonia vivíamos y trabajábamos juntos. Es increíble que, después de 35 años, este lugar histórico ejerza todavía un influjo tan fuerte sobre mí. De vez en cuando me gusta quedarme algún tiempo en Hamburgo y sacar partido de los acontecimientos que una gran ciudad puede ofrecer, pero cada vez que regreso a Forst después de una gira o de un viaje, mi espíritu siente como si estuviera volviendo a su hogar.

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