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El NiÑo De PapÁ

El pasado 8 de julio, el Amado Líder norcoreano, Kim Il-Sung, emprendió finalmente el viaje a la gran zona desmilitarizada celestial. Ahora, apenas unos meses después, nos llega la noticia de que su cuerpo embalsamado reinará...
1.12.09

por jim finn

ilustraciones de tara sinn

a partir de fotos de AP

El pasado 8 de julio, el Amado Líder norcoreano, Kim Il-Sung, emprendió finalmente el viaje a la gran zona desmilitarizada celestial. Ahora, apenas unos meses después, nos llega la noticia de que su cuerpo embalsamado reinará por los siglos de los siglos desde el interior de un sarcófago de cristal cual omnisciente comida para perros en cuenco transparente. Y nos tememos que su hijo y natural heredero, Kim Jong-Il, se va a limitar a proseguir la ardua labor de su padre explotando, asesinando y aterrorizando a su pueblo. ¡Pero venga ya, pequeño Kim! Aún no es demasiado tarde. Humildemente te pedimos que lleves a tu país de una puñetera vez al siglo XX antes de que éste se acabe. Únete a nosotros, los años 90 no están tan mal. ¡Podemos ir juntos a pillarnos unos whoppers y echar unas partidas a la SuperNintendo! Y, lo que es más importante, entre el bloque occidental y tú puede haber una cosita llamada “buenas relaciones económicas y diplomáticas”. ¿La mayor parte de la ciudadanía de Corea del Norte se está muriendo de hambre? Bueno, ¡nosotros podemos ayudarte con eso! ¿Y no te gustaría disponer de un servicio sanitario mejor para que los niños norcoreanos no la vayan palmando cada dos por tres? ¡Pues nosotros tenemos médicos! Te los prestamos, si quieres. Todo lo que has de hacer es mantener la promesa de tu padre de no continuar con el programa nuclear, dejar de decirle a todo quisque que Occidente es Satán y sentarte con nosotros de buenas a hablar de las cosas tranquilamente. Incluso estoy seguro de que Bill Clinton te caerá bien.

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El asunto nuclear no es irresoluble si tenemos en cuenta que hace tres años, en 1991, la casa editorial oficial de Corea del Norte publicó

Por Un Mundo Libre Y En Paz

, panfleto de Kim Il-Sung con pasajes como, “El pueblo coreano, bajo la amenaza de las armas nucleares, ha propuesto su abolición, puesto que es un tema vital en el destino de la nación”. Con esto en mente, admitimos que fue poco elegante que hace meses el presidente Clinton enviara al ex presidente Jimmy Carter (habrás visto fotos, es el de la cara de duende avejentado) a convencer a Kim Il-Sung, maestro de los mensajes con segundas, de que congelara su no-muy-secreto programa atómico a cambio de petróleo y ayudita en la construcción de centrales nucleares de uso no militar. ¡Lo bueno es que Carter, el muy bandarra, tuvo éxito! El resultado—el Marco de Trabajo Mutuo Entre Estados Unidos y la República Democrática del Pueblo de Corea del Norte—, tiene como fin poner coto a la proliferación de pepinacos nucleares y tender puentes para una buena relación con el inminente régimen de Kim Jong-Il. En ausencia de papi, todo lo que el pequeño Kim ha de hacer es no dejar que las cosas descarrilen.

El problema es que todo quisque menos los norcoreanos sabe que Kim Jong-Il es un nene mimado que hace gárgaras con brandy y se pirra por dejar su simiente en los úteros jóvenes. Un mequetrefe que siempre pensó que el crecimiento de las artes norcoreanas pasa por rodar films de propaganda. Hoy, aquel productor de cabellera en forma de copete casi ha alcanzado el poder absoluto. Los sobreprotegidos ciudadanos tienen en él la segunda iteración de un culto a la personalidad que mezcla paranoia antioccidental, maoísmo y autocracia estalinista.

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La leyenda dice que el dinámico dúo padre-hijo rige los destinos de Corea del Norte desde que el futuro Amado Líder nació, ya en una base militar soviética (según el bloque capitalista), ya en una cabaña en el monte donde su padre planeaba su siguiente movimiento contra los japoneses durante la 2ª Guerra Mundial (según los historiadores de Corea del Norte). Tampoco ha sido tarea fácil: incluso con un control férreo y absoluto de todo lo que se publica en el país y entra y sale de él, Corea del Norte sigue rodeada por todas partes de enemigos y pseudoaliados.

Tras salvar el culo de milagro de una serie de situaciones potencialmente terribles (por los soviéticos tras una escaramuza con los japoneses y por los chinos tras matar Mao a unos cuantos americanos y acojonar al resto para que se largaran más allá del paralelo 42), Kim Il-Sung se encontró a finales de los 60 aislado, vulnerable y paranoico. Sólo confiaba en una persona: Kim Jong-Il, quien milagrosamente decidió serenarse y mantener su pajarito dentro de los pantalones (al menos en público). Kim Jong-Il se metió de inmediato en el negocio de promocionar el culto a su padre para, después, mover gradualmente el foco de atención hacia él. Produjo

Mar de Sangre

, una ópera sobre la brutalidad de la ocupación japonesa, y se hizo responsable de la producción de películas Juche (la ideología oficial del estado). ¿Que de qué iban? Pues, por ejemplo, de acusar de la carestía de alimentos a carroñeros y saboteadores. Actores con el rostro pintado simulando ser oficiales americanos se dedicaban con placer a tirotear a los campesinos; había niños que descubrían que en la guerra sus padres fueron unos malditos traidores y mujeres que se sacrificaban y casaban con un soldado norcoreano tullido.

Kim Jong-Il consolidó su poder durante los 70, y a principios de los 80 comenzó a hacerse retratos kitsch en los que aparecía rodeado de espigas de trigo. A papi y júnior se les veía frecuentemente en los noticiarios aprobando diseños de zapatos femeninos y criticando pasos de baile. Poco a poco, Kim Il-Sung se fue convirtiendo en algo parecido a la figura de un abuelo benevolente mientras que el peinado estratosférico de Kim Jong-Il se hacía ubicuo. Júnior lleva desde entonces metamorfoseándose en el Amado Líder de 1994.

El tema es que Kim Jong-Il quizá haya estado llevando en secreto las riendas del gobierno desde hace una década. La toma de poder de cara al público debería ser un proceso relativamente sencillo si descontamos lo de la carestía de alimentos y lo del maldito armamento nuclear. Por mucho que a Corea del Norte le guste creer en su independencia, depende de los subsidios de Rusia y China, su mayor socio comercial. Pero Boris Yeltsin y sus compinches están muy ocupados ingeniándoselas para hacer de las mujeres rusas jóvenes su producto más exportable, y China anda renqueante desde la matanza de Tiananmen y la caída del muro…

En otras palabras, que con la ausencia de superpotencias amigas que le ayuden a superar los tiempos de vacas flacas, el país es el equivalente global de una chica casera y poco desarrollada a la que nunca otro país pedirá una cita, sobre todo a la vista de ese temperamento que tiene, tan nuclear. Kim Il-Sung creía que hacerse con un disuasorio arsenal atómico sería lo único que evitaría la absorción de Corea del Norte por el Nuevo Orden Mundial post-Unión Soviética, pero, ¿quién sabe si Kim Jong-Il comparte esa opinión? ¿Estamos aún a tiempo de convencerle de lo contrario?