Sexo

Las relaciones abiertas molan hasta que la gente empieza a hacer preguntas

Preguntas tediosas que no deberías hacer sobre mi relación.
the dreamers eva green

Tengo una relación abierta. Hablando en plata: la persona con la que hago la cucharita para dormir por la noche no siempre es mi querido novio de hace cuatro años. Mola, porque a veces me llega un mensaje en el que pone: “Me voy a casa con X, te quiero”, así que los dos estamos de acuerdo. Todo empezó cuando llevábamos una relación a distancia porque parecía más sensato que engañarnos y fingir que mentir era lo correcto.

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Sin embargo, ha resultado ser superdivertido y nos ha unido más de maneras que ni nos imaginábamos. Además, ahora me siento como una especie de genio del sexo en otro nivel, porque los dos hemos aprendido, a base de ensayo y error, lo que queremos exactamente el uno del otro, tanto a nivel sexual, más divertido, como a nivel de intimidad y confianza, algo más aburrido. A veces ahora incluso utilizo palabras y expresiones como “pareja” o “hacer el amor”. Admitirlo me hace sentir como si estuviera en una pesadilla de hippie perroflauta, pero, ¿tú quién coño eres, Rutger Hauer?


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Bueno, ya sé lo que estás pensando (si eres uno de mis buenos amigos a los que les he contado esto): “¿No te odian todos esos poliamorosos de Londres por lo que escribiste aquella vez?”. Sí, lo hacen. Pero de todas manera lo que hacemos mi chico y yo no es poliamor. Ser poliamorosos implica estar enamorado y salir con varias personas y, sinceramente, ¿quién tiene tiempo de estar enamorado de más de una persona? Esto va más de ser un poco más golfos como pareja, unos golfos felizmente emparejados. El modelo de relación abierta trae muchos problemas, pero tantos como cualquier otro tipo de relación.

De los problemas a los que nos enfrentamos como pareja, diría que el más molesto es que una vez que has compartido tu estilo de relación, es lo único de lo que la gente quiere hablar el resto de la noche. Preguntas, historias y “mi ex estuvo en una relación abierta una temporada, se llama Jon y no funcionó, pero te voy a contar durante una hora cómo le afectó emocionalmente esa etapa de su vida…”.

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Aunque me importa una mierda la vida amorosa de completos desconocidos, estas son las cosas que no deberías decirles a los que tienen una relación abierta.

‘¿NO TE ENTRAN CELOS?’

La respuesta es: sí, claro. Todo lo que te han enseñado sobre relaciones se basa en este modelo de posesión del cuerpo, “Con este anillo, yo te castro. Nunca volverás a mirar a otra persona de forma sensual, ESPECIALMENTE si esa persona está buena. Solo a mí. Aunque los dos nos volveremos viejos y asquerosos”.

Lleva un tiempo acostumbrarse a no sumirse en episodios incontrolables de miseria después de enterarte de que tu pareja se ha tirado a otra mujer. Pero si te pidieran que explicaras por qué tu pareja es tan importante para ti, ¿responderías “principalmente porque no tocamos a nadie más” o enumerarías las cualidades reales y humanas que te atrajeron de ella en un principio? Los celos aparecen en cualquier tipo de relación —monógama, “monógama” o no monógama— y cualquier tipo de relación romántica se vería beneficiada si ambas partes intentaran ir más allá del sentimiento de posesión y de la inseguridad. Así que pasando de esta pregunta.

‘PERO, ¿ESO FUNCIONA DE VERDAD?’

Imagínate que alguien te dijera que está saliendo con un chico de la manera tradicional y que están muy felices y que se llama David y que le gusta mucho. Entonces, a mitad de su anécdota sobre la monada que hizo David en la cena de su segundo aniversario, tú vas y dices: “Una historia muy guay, pero estás segura de que no os estáis engañando a vosotros mismos sobre vuestra felicidad? Suena a que todo lo que te importa no es real”. ¿Ves? Cuando lo enfocas de esa manera, pareces gilipollas.

‘ME ALEGRO MUCHO POR VOSOTROS, POR SUPUESTO, PERO YO NUNCA PODRÍA HACER ESO’

Esta es una de las que más me molestan, porque es tan agresivamente pasivo-agresiva… Entiendo que la manera de llevar mi relación es confusa y puede que asuste un poco (porque es diferente y los cambios son difíciles), pero no te estoy pidiendo que de repente te lances a una relación abierta. Ni siquiera te he preguntado si tendrías o no interés en hacer algo así. Nosotros tenemos una, sí, pero no es una especie de proyecto de conversión a gran escala.

Nosotros simplemente… bueno, literalmente lo hacemos. Recibir toda esa condescendencia sobre lo monííííísimo que es que hagamos algo diferente mientras aseguras que tú nunca harías algo así, te retrata como pelmazo y vigilante del statu quo, seas o no consciente de lo que haces. Así que ya basta, por favor.

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¿QUIERES FOLLAR?

Una cosa a veces divertida y a veces rara que trae ser una pervertida semipúblicamente es que algunos de tus amigos (y bastantes desconocidos) te ven como una buena opción para resolver sus movidas sexuales. Es difícil culpar a la gente de esto, y creo que no puedo juzgar con precisión cómo me sienta porque —sorpresa, sorpresa— suelo ser bastante más comprensiva con las invitaciones a la pervexperimentación de la gente que me resulta atractiva.

Por una parte, hay desconocidos que asumen que una tía en una relación abierta está dispuesta a follarse a todo lo que se le pase por delante, ellos incluidos, y eso es asqueroso. Por otra parte, se dan interesantes y profundas conversaciones con otras presonas sobre sus propias preferencias e intereses secretos. Y luego están los de “¡Eh! ¿No sería raro si nos enrolláramos todos ahora mismo?”. Esos son divertidos.

En resumidas cuentas, cualquiera que haya ido soltero a la boda de un familiar o siendo gay haya vivido en un hogar conservador o haya pasado por una ruptura con amigos que parecen estar viviendo la plenitud en pareja, sabe que el hecho de que te definan por tu estado sentimental o por tus preferencias sexuales es tedioso y reduccionista. Como mínimo genera una conversación incómoda. Si quieres tener una buena charla sobre las dinámicas de las relaciones en algún momento, genial, pero yo no siempre estoy dispuesta a hablar del tema. Llévame a tomar un café o, mejor aún, algo con alcohol, y nos pondremos a ello. Hasta entonces, mejor nos dedicamos a criticar la barba de ese tío, que nos lo pasaremos mejor.

Sigue a Monica en Twitter: @monicaheisey

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