Brasil Bonus Track Wagner Pinto

¿No tenéis todavía el más reciente número de Vice, nuestro fastuoso especial dedicado a Brasil? Pues deberíais agenciároslo cuanto antes; es un consejo de amigo. Si pertenecéis al círculo de afortunados mortales que ya poseen un ejemplar, lo siguiente os supondrá un apetecible resopón. Si aún no lo tenéis, interpretad esta entrevista como un entrante. Wagner Pinto, emergente artista brasileño, se pasó por Barcelona para presentar una selección de sus obras (primera vez que se muestran fuera de su país) y nosotros aprovechamos para dejarnos caer por la galería donde se exhibían, examinar sus dibujos con cara de entendidos, bebernos sus cervezas y hacerle unas cuantas preguntillas. Pues sí, señores, ya ven; además de los culos, también nos interesa el arte. ¿Pasa algo?

Vice: ¿Cómo le explicarías lo que haces a gente tan profana como nosotros?
Wagner Pinto:No se me da muy bien clasificar mi trabajo… Hay gente que dice que se trata de street art, ¡pero es que yo pinto en casa, no en la calle! A veces lo he hecho, sí, cuando me han pagado por ello, pero generalmente trabajo sobre papel. Hace años estudié con una artista brasileña llamada Leda Catunda; solía decirme que mi trabajo era una especie de surrealismo abstracto, que unía elementos tanto de una cosa como de la otra. A mí me parecía un poco extraño, ya que las obras surrealistas parten del realismo, y el realismo está en el extremo opuesto de la abstracción. Creo que como etiqueta es confusa, pero eso está bien. Es bueno que el público se sienta confuso, esa es la idea. Digamos que soy una persona a la que le gusta dibujar sobre superficies. Así ya está bien.

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¿Te interesan el surrealismo y dadaismo clásicos? Man Ray, Breton, Duchamp
¡Sí, por supuesto! Me interesa Dalí, también Man Ray, y figuras contemporáneas, como Franz Ackerman, cuyas obras son como mapas mentales. Y Francis Bacon. Bacon y yo seguimos el mismo proceso a la hora de pintar. Empezamos trabajando en una onda abstracta y evolucionamos más tarde hacia otra cosa.

Ya que mencionas los mapas mentales… Una de las claves del surrealismo es dar salida a los pensamientos subconscientes. ¿Es éste tu caso?
Yo diría que sí, aunque parezca un cliché. Hay críticos que no comulgan con esto, que dicen que es una noción heredada del modernismo sin aplicación posible en el mundo contemporáneo. Yo, sin embargo, sigo volcando mi subconsciente en mis trabajos. Lo que hago es mirar en mis propios referentes, en las cosas que me inspiran, y después miro en el interior de mi mente, buscando algo. Lo que encuentro suele ser totalmente diferente de las fuentes originales. Es como si tuviera una biblioteca en mi subconsciente en la que almaceno las transformaciones que mi cerebro ha hecho de aquellos referentes y de la que siempre puedo ir extrayendo cosas.

Según me han dicho, sueles consumir ayahuasca. ¿Te resulta útil para tu trabajo?
En Brasil, la ayahuasca se consume en todas las iglesias consagradas al Santo Daime, que como toda religión tiene sus estandartes y de quienes a veces hay alguna pintura o dibujo colgado. En nuestro caso se trata de Master Irineu, el hombre que nos trajo la ayahuasca. A veces utilizo en mis dibujos los colores que veo durante el ritual, pero no la utilizo específicamente para esto. No tomo ayahuasca para mi trabajo, no tengo permitido hacer eso. Bebo ayahuasca con mi Padrino, la persona que organiza la iglesia, pero nunca solo, en casa. No es una droga.

Debe ser difícil reproducir sobre papel esos colores que ves…
Por supuesto. Los colores son más fluorescentes; yo intento representarlos lo mejor que puedo.

¿En qué medida te ha influenciado el arte tribal?
Tengo influencias del candomblé y del batuque, una religión originaria de África que se extendió por otros países con la llegada de esclavos africanos. Mi abuelo, que era negro, era hijo de esclavos, y también lo son muchos de mis parientes. Es decir, que siempre he estado en contacto con esta cultura. Además, por mi parte, hace unos años decidí investigar por mi cuenta acerca del tribalismo, de la lengua yoruba. También formo parte de un grupo de estudios de la mitología africana. Por supuesto, todos esos elementos tenían que reflejarse en mi trabajo, algo que considero totalmente correcto. El Santo Daime que profeso es una religión new age, distinta del primer Santo Daime: tenemos influencias de los orishás y de las deidades indias. Todas estas religiones están en contacto con las fuerzas de la naturaleza.

¿Cuánto tiempo llevas profesionalmente en el mundo del arte?
Antes trabajaba de diseñador gráfico. Lo dejé hace tres años para dedicarme exclusivamente al arte, aunque en ocasiones realice algún trabajo comercial. Todo artista tiene una historia detrás, y yo dibujaba cosas ya cuando era niño. Solía dibujar zapatillas deportivas y grupos de rock como Guns n’ Roses y Skid Row. Esto no lo pongas, ¿eh?

No, no, tranquilo.
Nunca he dejado de dibujar, dibujar, dibujar. Por eso digo que no soy pintor, sino que me gusta hacer dibujos. Pero no empecé a dedicarme sólo al arte hasta hace tres años.

¿Te resultó liberador dejar tu empleo de diseñador gráfico?
Claro. Así pude disponer de más tiempo que antes y dedicar todo mi cerebro a organizar mi vida. Ahora yo me marco mis horarios. Me levanto temprano y hago mis cosas. Tengo un estudio, con un amigo, vivimos y trabajamos juntos. Mantenemos una rutina muy concreta, lo cual me da una seguridad. Es como un trabajo, un trabajo normal. Quizá en el futuro deba hacer algo diferente, pero ahora, para dibujar, necesito seguir una rutina.

Parece que no crees en la inspiración caída del cielo. Debe estar respaldada por cierta disciplina, ¿no?
¡Oh, claro! Se necesita disciplina, ¡por supuesto! Cuando no me siento inspirado me pongo a dibujar cosas de forma mecánica, o hago algo distinto, pero la disciplina hay que tenerla. Eso tan romántico de decir, “Oh, no estoy inspirado”, y sentarte a esperar a que la inspiración llegue, es una chorrada.

Es la coartada que esgrimen los vagos.
Si te tomas el arte como un hobby, vale, puedes decirlo. “No estoy inspirado”, y te vas a ver la televisión, pero yo creo en la disciplina.

¿En qué momento decides que una pieza está terminada? A muchos artistas les resulta difícil y se pasan largo tiempo retocando esto o aquello.
Ya. Es muy complicado. Hoy tengo un ejemplo de esto. Estaba dibujando en las paredes y quería añadir más y más y más. A veces es bueno separar las cosas. Cuando piensas que algo de lo que estás haciendo no está bien, que no funciona, es positivo salir a la calle a tomar un café o una cerveza, y después volver. Miro de nuevo el dibujo con otros ojos y entonces decido si está acabado o no. Mi problema es que a veces dejo las cosas para el último momento. Si tengo cinco trabajos que hacer y una fecha límite, divido mi tiempo y, cuando el tiempo se acaba, doy las piezas por terminadas. Lo que nunca hago es revisar obras antiguas, volver sobre ellas una vez las he dado por acabadas.

¿Y qué sensación te produce ver ahora tus obras antiguas? ¿Te dejan satisfecho, te incomodan?
Antes sí, pero ahora… Es raro, ahora miro mis antiguos dibujos y noto aún me gustan, por algún aspecto o por otro. Recuerdo alguna obra que no me complació entonces pero, al volverla a ver ahora, la interpreto como fruto del momento en que la hice. Esta es la razón de que nunca haya arrojado una obra a la basura, ni creo que lo vaya a hacer en el futuro: le guardo un respeto a la obra y al momento. Algunas las tengo colgadas en una pared y, en ocasiones, cuando no me siento inspirado, me las quedo mirando.

¿También los dibujos de Guns n’ Roses?
Sí, sí. Esos también [risas].

Vives en São Paulo, ¿verdad? ¿Qué tal vive un artista gráfico en una megalópolis tan exagerada a todos los niveles?
Es como una Nueva York latina, una ciudad en la que puedes encontrar de todo. Puedes salir una noche de paseo y encontrar un drugstore, o un sitio abierto donde comer algo. Cualquier cosa que necesites. Por otra parte, es una ciudad en la que no puedo nunca sentirme totalmente relajado. Cuando voy caminando por la acera, tranquilo, perezoso, la gente que pasa a mi lado lo hace a toda velocidad, muy rápido, y en cuanto te quieres dar cuenta también tú te has puesto a andar a toda prisa. Hay una gran energía en São Paulo que produce a veces una sensación de enorme ajetreo. Desde el punto de vista creativo, es positivo. Es inspirador, sobre todo para las personas que proceden de otros estados, como yo. Mi familia vive a una hora de avión de São Paulo. Ahí voy cuando me quiero relajar, pero estando allí echo de menos São Paulo. Me encanta esa ciudad. Un amigo sueco me dijo que de São Paulo es una locura, porque está llena de imperfecciones. Si tomas una foto del suelo, sin duda saldrán en ella colillas de cigarrillo, chicles… Imperfecciones. “Algo así es imposible en Suecia”, me dijo, “no tenemos vuestras expectativas respecto a la vida”. Si has nacido en Suecia en el seno de una familia rica, lo más probable es que acabes trabajando en un banco. En Brasil es diferente. Y sobre todo en São Paulo.

Pero es que la perfección no existe. Probablemente tampoco en Suecia.
Yo no creo en la perfección. De hecho, no estoy preparado para hablar de ella. Creo que a través de la imperfección puedes llegar a ser una persona mejor. Una persona creativa. Para mí, la imperfección es el estado perfecto.

¿Qué metas te planteas dentro de tu carrera? ¿Contemplas la posibilidad de hacerte rico, trascender, pasar a la posteridad? ¿Es el éxito económico una prioridad para ti, como lo es, por ejemplo, para Damien Hirst?
¡Qué curioso! Verás, pertenezco a un colectivo de artistas afincado en São Paulo llamado Upgrade Do Macaco, y en este colectivo solemos hablar del mercado del arte, y en esas conversaciones suele salir el nombre de Damien Hirst. En lo que a mí se refiere… Bueno, ¡claro que me gustaría ser rico! Pero si lo fuera no creo que me convirtiera en una persona ostentosa. No me pondría a comprar casas, o cosas que no necesito. La mitad de la población brasileña está obsesionada con eso. En cuanto la gente se toma unas cuantas copas se pone a hablar de lo mucho que les gustaría que les tocara la lotería, que se comprarían una isla y que estaría llena de chicas… Esas cosas. A mí lo que me gustaría es tener dinero suficiente para seguir dedicándome al arte toda mi vida y no tener que trabajar en otras cosas. Estar rodeado de mi familia y amigos. Supongo que es lo mismo que desea la mayoría de la gente.

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