Dos pinturas de prisioneros en el corredor de la muerte de san quentin.
Obras de Alphonso Howard y Luis Maciel. Compuesto por staff de VICE
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Presos condenados a muerte venden su arte en Etsy (y es hermoso)

“No digo que estos hombres no deberían hacerse responsables de lo que hicieron. Estoy tratando de demostrar que pueden ser más que la suma de sus errores".
MF
New York, US
DS
traducido por Daniela Silva

La Prisión Estatal de San Quintín en California es la cárcel más antigua del estado; tiene más reclusos condenados a muerte que cualquier otra; y una de las historias más antiguas de condiciones de vida abusivas dentro de la cárcel, desde técnicas disciplinarias del siglo XIX como la flagelación hasta violaciones más recientes como “la multa más grande en el estado por no prevenir la propagación de COVID-19”, según Los Angeles Times

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También tiene una tienda de regalos.

“Allí en San Quintín, lo llaman el programa de hobbies”, dice Nicola White, fundadora de un programa independiente y no afiliado, ArtReach: Reaching Out with Art and Poetry from Death Row (Arte y poesía desde el corredor de la muerte). “Sin embargo, la situación del COVID-19 ha detenido los suministros. Desafortunadamente, pusieron en pausa todos los programas y los [reclusos] no han recibido visitas desde hace casi un año". La iniciativa de White comenzó en 2016 como una alternativa a la tienda de regalos (en la que solo puedes comprar presencialmente), y como una galería digital para las obras de arte de unos 40 hombres en el corredor de la muerte, que van desde joyas y pinturas hasta bocetos y poesía.

“México” por Luis Maciel, 211 dólares en Etsy 

ArtReach comenzó en 2016 no tanto por un capricho, sino por un instinto. Durante años antes de fundar el programa, White, quien tiene su sede en el Reino Unido y es una talentosa artista y mudlarker (persona que se dedica a buscar objetos de valor en los ríos), se hizo amiga de un preso condenado a muerte en San Quintín a través de una iniciativa de amigos por correspondencia dentro de una organización llamada “Lifelines”. “Después de unos cuatro años nos hicimos muy amigos”.

Finalmente, organizó una visita a San Quintín. “Pasé unas cinco horas con él”, dice, “platicando, simplemente platicando de todo un poco, incluida la obra de arte que me enviaría". Se enteró de que él era uno de los muchos artistas en el corredor de la muerte que intercambiaban su arte dentro de la prisión. "Me pareció increíble, y le pregunté si creía que alguno de los artistas le gustaría hacer una exposición".  

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Nicola White ArtReach

Foto: Nicola White (derecha) con un preso llamado Doug

A diferencia del programa de hobbies, que tampoco ha recibido suministros durante aproximadamente un año, la iniciativa de White otorga a los presos y/o a sus familias un porcentaje mayor de las ganancias de sus ventas que el programa de hobbies, que tiene una tasa mucho más baja, otorgándoles más dinero para la elaboración y el economato. “No me encontrarían en la tienda de regalos”, dice el preso, escritor y dibujante del corredor de la muerte William “Bill” Clark, mientras le dice a VICE por qué prefiere trabajar con White. “Es una persona maravillosa y positiva. Además, [en la tienda ArtReach Etsy] más personas ven y compran nuestro arte”. 

ArtReach Bill Clark

Arte de William "Bill" Clark. Foto: Etsy

Caricatura por Bill Clark, VENDIDO

Clark ha estado en el corredor de la muerte durante años, algunos de los cuales los ha pasado en confinamiento solitario. "He estado aquí desde que naciste", se ejercita mientras charlamos por teléfono, "Sí. Fue entonces cuando entré. Me encerraron por un crimen con el que no tuve nada que ver".

El decreto de 2019 del gobernador de California, Gavin Newsom, ha detenido la pena de muerte, por ahora. Pero White cree que eso es solo el comienzo de lo que nosotros, y no solo los reclusos, necesitamos para construir un mejor sistema de cuidado mutuo. “Ciertamente ha habido gente que dice, '¿Por qué? ¿Por qué le dan una plataforma a estas personas? ¿Por qué querrías una obra de arte hecha por alguien que cometió un crimen en tu casa?'”, dice, “Pero también mucha gente lo mira [el arte] y ve más que un nombre y un número, y una persona que cometió un delito. Ven un corazón".

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“Venado de otoño” por Michael Combs, 43 dólares en Etsy

San Quintín fue fundada en 1852 y ha visto a todos, desde Johnny Cash hasta Charles Manson, caminar por sus pasillos. En muchos sentidos, es el modelo del sistema penitenciario estadounidense en su forma más severa; una ubicación oscuramente icónica y símbolo de un sistema penitenciario nacional vinculado a la policía racista y desprecio por la salud mental. Y no es que la crueldad invariablemente genere crueldad. Pero el corredor de la muerte ciertamente pone a prueba la voluntad de vivir de una persona. ArtReach simplemente plantea la pregunta: ¿Cuál podría ser la cura para todos?

“Laberinto de reinos ocultos” por Michael Combs, 153 dólares en Etsy 

Desde sus inicios, ArtReach ha tenido varias exposiciones virtuales y presenciales de las obras de los reclusos. “La primera exposición fue aquí”, dice White, “y fue genial crear conciencia y permitir que sus voces fueran escuchadas. Recordemos que la pena de muerte no existe en el Reino Unido, pero de todos modos, hicimos nuestra primera exhibición en Mill Valley, en la misma calle que San Quintín hace unos años, y la gente se emocionó mucho. Hace poco, la Universidad de Columbia también presentó gran parte de sus obras en un grupo llamado ‘The Digital Abolitionist’".

Particularmente a raíz del tardío ajuste de cuentas racial de 2020, los grupos abolicionistas y los museos están haciendo enfásis en la crueldad del sistema penitenciario de los Estados Unidos y el arte que logra florecer en esas condiciones.

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“Marcando el tiempo: el arte en la era del encarcelamiento masivo” por Nicole R. Fleetwood, 36 dólares en Bookshop

"El acto de crear algo puede darle a alguien un nuevo enfoque", dice White sobre la naturaleza terapéutica del programa, "hay una [gratificación] y un elemento de autoestima que de otro modo no encontrarás en la cárcel".

“Me alegro de que le guste [mi arte] a alguien”, dice el pintor Alphonso Howard, quien fue sentenciado a muerte en 1992. “Prácticamente aprendí solo aquí. Tenía que hacer algo con este tiempo. La pintura fue una de esas cosas que tuve que aprender para seguir avanzando. Es eso, o colapsar y arder". 

“Simplemente m´usica” por Alphonso Howard, 65 dólares en Etsy

Hace unos 20 años, Howard dice que estaba involucrado en el programa universitario y se angustió cuando lo sacaron. “Terminaron cerrándolo después de dos años”, le dice a VICE, “porque se quedaron sin fondos. Me frustró y me desconcertó, y necesitaba encontrar algo más que me mantuviera motivado para seguir mejorando".

“Te explico”, dice Steve Champion, uno de los poetas en el corredor de la muerte y que trabaja con White a través de ArtReach. “Hay muchas personas aquí que son artistas. Soy escritor y tengo un colega con el que trabajo principalmente y, por supuesto, cuando se nos ocurren cosas, nos damos retroalimentación. Para mí ha sido bueno tener a alguien allí para intercambiar ideas... Estaba leyendo mucha política y economía, y mi escritura tomó un tono más analítico. No quería escribir sobre mí, sino sobre cosas que estaban sucediendo. No fue hasta [hace poco] que quise contar mi propia historia".

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Celda en miniatura del corredor de la muerte de San Quintín hecha por Christopher Spencer, 656 dólares en Etsy

Sabemos que la arteterapia funciona, proporcionando una salida saludable a un corazón en problemas. Por ejemplo, Adolf Wölfli (1864-1930), uno de los primeros casos documentados (aunque inadvertidos) que practicaba la arteterapia, vivía con esquizofrenia y cometió varios delitos. Wölfli estuvo internado en un manicomio suizo durante la mayor parte de su vida. Durante ese tiempo, escribió un manuscrito de 25.000 páginas, compuso música y pintó montones de muebles y obras de arte para calmar su mente. “Todos los lunes por la mañana, a Wölfli se le entrega un lápiz nuevo y dos hojas grandes de papel”, escribió su médico, Walter Morgenthaler, en su libro de 1921, Ein Geisteskranker als Künstler (Un paciente psiquiátrico como artista). “El lápiz se le acaba en dos días; luego tiene que arreglárselas. Muchas veces escribe con pedacitos de cinco a siete milímetros e incluso con las puntas de plomo rotas, las cuales maneja con destreza, sujetándolas entre las uñas”.

Hoy en día, las obras de arte de Wölfli pueden costar más de medio millón de dólares cada una en Sotheby's, por lo general, las presentan junto con una descripción que dice "extrabajador agrícola que estuvo en un manicomio durante la mayor parte de su vida adulta..." para recordarle al espectador que este fue el pico del arte marginal. Pero muchos creen que estas etiquetas deben revisarse, si no eliminarse por completo. "Por supuesto, el arte se sostiene en cualquier ámbito o institución, pero algunos tienden a exagerar las conexiones entre el trabajo que, en su mayor parte, no está influenciado por el canon, y el trabajo", escribe Scott Indrisek en Why ‘Outsider Art’ Is a Problematic but Helpful Label (Por qué el “arte marginal” es una etiqueta problemática pero útil), piensan que esto ayuda a 'validar' el arte marginal, lo cual es, por supuesto, una tontería. En otros casos, es solo una estrategia de ventas".

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Es una abreviatura de artistas cuyo trabajo "no [es] académico o influenciado por referencias históricas del arte", dice Indrisek, con una insistencia en encasillar a los artistas en un lenguaje de "otredad". Además, estamos en 2021 y, al igual que con la comida o la música, estamos lo suficiente avanzados como para permitirnos admirar el arte de cualquier persona más allá de los artistas educados "formalmente". Georges Seurat fue un grande del puntillismo. Pero también lo es el recluso de San Quintín, Keith Loker:

Punteado de tinta original a mano por Keith Loker, 509 dólares en Etsy 

“No supe que era artista hasta los 30 años”, dice Daniel Landry, otro de los artistas del corredor de la muerte. En estos días, dice que le emociona sumergirse en las técnicas impresionistas. “No me gusta repetir o hacer un cierto estilo continuamente”, dice. “Varía. Sé lo que no me gusta. Soy mi peor crítico. He recibido comentarios bastante positivos y las personas que compran mi arte quieren saber cómo y por qué lo creé, así que es genial. La mayoría de las veces, no sé de dónde viene. Podría ser cualquier cosa".

“Sereno” por Daniel Landry, 241 dólares en Etsy

Clark dice que no quiere que sus creaciones sean consideradas como "arte carcelario". “Y lo que quiero decir con arte carcelario es tomar las imágenes de la prisión y ponerlas en papel, o lo que sea”, explica. “Quería hacer obras de arte sobre comentarios políticos y sociales. Para crear una conversación. Eso es importante para mí". Esa es una de las cosas que ArtReach hace con gran destreza: crea un espacio para que los presos hablen sobre la prisión. O no. No funciona como un punto de venta para que la gente adquiera algo de alguien que está en el corredor de la muerte, solo por lo perverso, fetichizando el trauma. Sí, parte de la catarsis de ArtReach consiste en ofrecer un medio para que los presos exploren sus sentimientos relacionados con los delitos que cometieron o el tiempo en prisión. Pero también comprende que, si bien el trabajo de los artistas puede estar informado por el trauma, no está intrínsecamente definido por el trauma. Es simplemente pedir que lo tomen en serio.

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“Mi Reflejo” de Tauno Waidla, 116 dólares en Etsy

Dibujo abstracto a tinta de Rodney San Nicolas, 342 dólares en Etsy 

Tarjeta de un labrador y un gallo durante una caza, 58 dólares en Etsy

“El imperio del Karma” por Michael Combs, 152 dólares en Etsy