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Comida española en Londres o el precio de un plato de nostalgia (de mierda)

Para los ingleses somos chorizo, sangría y Magaluf.

Es difícil vivir fuera de España y no sentir jamás el peso de la nostalgia. Levantarte un día gris en tu cama de Londres dispuesto a servir cafés con la mejor de tus sonrisas y que no se te caiga el alma a los pies al pensar que vives en una ciudad donde siempre llueve, te miden el alcohol en las copas y todo es carísimo. Afortunadamente, la gastronomía tiene el poder de trasladarnos momentáneamente al lugar donde deseamos estar cuando entra la morriña por eso la mayoría de los españoles que se encuentran en la tierra de James Bond y el repugnantísimo Fish & Chips, acaban cayendo en la tentación de consumir comida “española”. Craso error. La comida española en Londres es toda una aventura: tapas que son del tamaño de un cenicero y que, además, saben a cenicero, chorizo como complemento de todos y cada uno de los platos, tortillas de patatas tan secas que llegas a creer que la traen directamente de España por el Canal de la Mancha o kikos a precio de oro son solo algunas de las delicatesen que te venden en Londres como comida española. Pasa a ver el museo de los horrores de nuestra gastronomía patria, pero empecemos desde abajo.

Comida precocinada que hace llorar al niño Jesús

Al contrario que en España, donde todas las cocinas vienen de serie con unos ajos colgados, un limón viejo y los tuppers de tu madre en el congelador, en Inglaterra vienen sí o sí equipadas con un microondas. Porque las comidas preparadas son parte de la pirámide alimenticia de todo inglés medio. Por eso es maravilloso ir a supermercados como Sainsbury o Tesco y encontrar unas paellas preparadas que, cuenta la leyenda, cada vez que un español las consume la Cheperudeta (patrona de Valencia para los no religiosos ni valencianos) llora lágrimas de horchata.

Al contrario que en moda, en los platos preparados más es más, de modo que todas las paellas vienen con guisantes, pollo, pimientos, gambas y chorizo, al más puro estilo Benidorm, para que cuando las pruebes te entren ganas de hacer balconing. Todo esto por entre 4 y 10 libras, dependiendo de si la abominación gastronómica está en la zona de menú diario o de delicatesen. Pero no solo de paellas viven Tesco y Sainsbury, también te venden seis lonchas de chorizo y unas cuantas aceitunas por 3 libras o un bocata con, adivinad, más chorizo y queso manchego por unas 2 libras.

En general, como comida para perros, un pelín cara.

Puestos de comida callejera: la jungla

Los puestos de comida callejera son otra historia. Donde encuentras comida excelente de cualquier parte del mundo y además, si vas por la tarde, como por ley deben tirar todo el excedente, puedes cenar a mitad a precio (recursos de pobre). Hablo de mercadillos, de sitios como Brick Lane los domingos, Notting Hill o Broadway Market los sábados y la zona con mayor concentración de turistas y horteradas por kilómetro cuadrado: Camden Town y esa aberración para el paladar conocida como Camden Lock.

Precisamente en Camden encontrarás uno de los rincones que mejor atenta contra la gastronomía española: Hola Paella, donde se sienten orgullosos de hacer una paella con pollo, pescado, marisco y unos tropezones de verdura tamaño pezuña (¡todo en uno!) cocinada “en una auténtica paella que tenemos fuera”. Bueno, no por mezclar ingredientes a lo loco en una paella tienes paella. Podrías estar cocinando a un bebé y no te atreverías a llamarlo paella. En esas dos paellas del infierno se dedican a mover los ingredientes todo el rato durante todo el día y cobrar 8 euros por la caja de cartón grande a quien quiera pagar por ella (generalmente extranjeros). Mirad la foto con atención, ¿qué demonios son esos pinchos morunos?

Un pelín menos desagradable para los sentidos es la que ofrece la Spanish Caravan en el Up Market de Brick Lane, sobre todo porque la paella parece de esas que tienen como reclamo en algunos bares del centro de Barcelona que se miran pero no se tocan y lo que de verdad hacen son empanadas. Si eres del Norte se te saltarán las lágrimas.

La locura de los restaurantes españoles: todo vale como tapa

Aquí en Londres aunque te encuentres en un restaurante francés, te ponen tapas. En lugar de llamarlo “entrante” o “aperitivo” lo llaman tapa. Eso hace que cuando te pones a buscar un restaurante español la tarea se vuelva ardua porque aparecen quinientos en los motores de búsqueda. He tenido el (dis)gusto de probar cuatro, ya que mi presupuesto y la pérdida de fe en la bondad del ser humano no me han permitido probar más.

En Columbia Road, una calle cuqui y hipster del Este de Londres donde los sábados ponen un mercado de flores hay uno donde la tortilla de patata solo es comparable en sabor y textura a ese bloque nauseabundo que te venden en Mercadona. En Leicester Square, zona Erasmus por excelencia y cara de narices también, hay un restaurante con banderitas de España y fotos de toreros donde suenan canciones como Bamboleo y en el que sirven unas meatballs que son como las pelotas que disparan los antidisturbios con un poco de tomate por encima.

En la calle, Middlesex número 1, muy cerca de la City, pensé haber encontrado el restaurante español definitivo: Barcelona. Aunque había cosas en el menú que chirriaban como kikos a dos libras o almendras a tres, que si se entera el Manisero cierra el chiringuito y se viene a Inglaterra, hay que reconocer que las bravas (o mini bravas, que aquí todo es del tamaño de un puño), los calamares y la tortilla estaban ricas. Me sorprendió esta última especialmente por ser casi la tortilla perfecta: esponjosa, dorada por fuera pero un poco cruda por dentro. Pero tuvieron que rematar el menú con una paella que haría llorar a Rita Barberá, con salchichas y verduras, una maldita guarrada por alrededor de 20 libras.

Por último, igual que McDonald’s decidió cambiar el concepto de hamburguesería y vendernos a todos carne de rata a precios ridículos, en Inglaterra existe una cadena llamada “La tasca” que es la trampa perfecta para el turista o el español nostálgico. Mi parte favorita de este restaurante es que tiene menús cerrados por unas 25 libras que incluyen patatas bravas, calamares, croquetas y otros rebozados, paella como plato principal y de postre churros con chocolate, que es algo que todo español toma siempre después de una cena bien copiosa.

Bonus track: dos sitios de street food que sí

En Camden Lock encontramos sudando la gota gorda a Marcos, fundador de Circus & Bros que lleva siete años vendiendo comida por las calles de Londres. Se ha recorrido todos los mercadillos hasta terminar en el de Camden donde prepara unas deliciosas tortillitas de patatas rellenas al estilo vasco y acompañas de pan de ajo, cortesía de la casa. Marcos dice que su clientela es 80% española, que los guiris prefieren el reclamo de la paella y la sangría. Un reclamo imposible de esquivar desde que bajas del metro hasta que llegas al Lock. Sus tortillas te gustarán porque están más buenas que las de tu madre, las puedes rellenar de jamón serrano o de espárragos trigueros que en Londres son muy caros y el precio (unas 4 libras) es razonable a nivel Londres. Marcos dice que está un poco hasta las pelotas de que mucha gente venda mierda diciendo que eso es comida española y que prefiere centrarse en algo bien simple como la tortilla de patatas pero hacerlo como toca.

Y en Notting Hill, el barrio más pijo de Londres, encontramos los sábados otro puesto de comida callejera por el que a muchos españoles se nos debería caer la cara de vergüenza: Jamón, Jamón. Resulta que son australianos pero hacen paella auténtica. Su paella valenciana lleva pollo (conejo no que aquí les da mucha pena) judía verde y garrafó, tiene socarraet y te la sirven con una ramita de romero por encima. No es perfecta, pero en Londres este plato de nostalgia te sabrá a gloria.

¿Por qué? Es mi pregunta, ¿por qué los españoles no exportamos nuestra gastronomía como toca? ¿Por qué uno de los mejores sitios de comida española lo llevan australianos? En Londres tienes comida india y turca deliciosa, también francesa, encontrar buena comida española a cualquier nivel (sin necesidad de pagar 70 libras por cabeza) es casi imposible. Supongo que porque los españoles seguimos buscando la fortuna, cocinamos “para los de fuera” y exportamos los topicazos que “se venden”. Quizás en diez años, con una comunidad española más fuerte que quiera sentirse como en casa y exija calidad, la oferta sea a todos los niveles mejor y no caerá en el cliché, como los turcos o los indios, los restaurantes españoles serán algo más que sangría y olé.