Hace unos días, la vida me pilló caminando por el centro de Oviedo. Desde la estación de autobuses y por una avenida supertriste, me interné en la ciudad y, entre oleadas de señores pijos muy morenos y con el pelo engominado hacia atrás, vi una estatua sin pedestal. La miré de reojo. Era de un tío con traje, retratado mientras caminaba y algo en su cara me hizo mirarla un segundo más de lo normal.
La tocha del tío, el pelo, las ojeracas… Coño, ¡era Woody Allen! Entonces recordé lo del premio que le habían dado allí y la sonrojante parte de su película española que ocurre en Asturias… No había reconocido al tío porque le faltaba un detalle. La marca de la casa. ¡Le faltaban las gafas! Bueno, para ser exactos le faltaba solo una parte, lo que pasaba era que se las habían arrancado de cuajo y sólo le quedaba parte del puente sobre la nariz. Después de comprarme un helado en la tienda que hay frente a la estatua (que se llama «Regalos Woody» o algo así) me di cuenta de que la calle en la que estaba se llamaba «Milicias Nacionales» y decidí largarme de ahí, despacio pero decidido, y borrar mi rastro internándome en un parque que había al lado.
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De vuelta en casa y superliado como siempre, me acordé de la historia y me dio por buscar en Internet. Entonces leí esta frase simplemente gloriosa, pronunciada por la concejala de patrimonio de Oviedo a propósito de las gafas de la escultura: «Romperlas debe de ser una especie de yincana, tendríamos que arreglarlas casi cada semana». ¡Vandalismo! ¿Quién rompe las gafas del genial autor de Hannah y sus hermanas? El ayuntamiento sospecha que se trata siempre de la misma persona. ¿Sospechan? ¿Tienen calado a algún fanático de Mariano Ozores o algo así? (Siempre los consideré polos opuestos).
El ayuntamiento de Oviedo tiene 66.000 euros al año para reparar gafas de estatuas y otros efectos del vandalismo, pero no es mucha pasta pensando que solamente en los últimos meses:
• Han arrancado tres veces la placa del Monumento a la Memoria del Holocausto.
• Ha desaparecido un balón de fútbol de bronce de una estatua donada por las peñas del Barça a la ciudad (¿relacionado con algún jugador de petanca?)
• Una estatua de una madre de pie con su hijo titulada «Vida» fue serrada a la altura de las piernas y se tuvo que encargar una nueva.
Y esto sólo hablando de monumentos.
Todo esto supone un pico en ferralla, con lo que el ayuntamiento ha decidido que las gafas se repararán una vez al año y punto. De acuerdo que esto puede quedar bien de cara a la galería, tiene un rollo de político honesto y tal que mola, pero vaya papelón cuando Allen se paseó por Oviedo hace poco y se encontró desanteojado… El tío hizo un chiste, claro. Pero, ¿alguien le llamó para explicarlo?
Por algún motivo, hablar de España y vandalismo parece que es como hacerlo de Japón y el kárate. Es el lugar. En mi barrio lo normal era echar los petardos en los tubos de escape de los coches y esperar un rato a ver si venía el dueño y el coche no arrancaba (o mejor aún, explotaba) o colocar cosas en la vía del tren (como por ejemplo latas vacías de lubricante) para ver cómo las chafaba. Y eso era normal, como jugar a las chapas. Por eso tampoco me llama mucho la atención cuando cada semana aparecen decenas de noticias relacionadas con el vandalismo, unas más graciosas y otras algo menos.
Un ejemplo que no sé clasificar pasó en Madrid, donde la semana pasada una exposición que estaba en el Retiro fue reventada a pedradas por unos cuantos tíos supongo que bastante aburridos. «Ha sido un año y medio de trabajo, con apoyo de la Universidad de Alicante», ha dicho el autor. Aunque viendo algunas fotos, en serio, colega, ¿un año y medio?
Pero seguramente el mayor foco de vandalismo de España en la actualidad gira en torno a la extensión del servicio de préstamo de bicicletas que han ido poniendo en marcha muchos ayuntamientos en los últimos años. Bicing, Bizi, Sevici y algunos otros servicios sin nombre conocido. En Albacete, se puso en marcha el tema con 125 bicis, se robaron 93, se compraron 25 más y se llevaron otras 10. En Vitoria se roba una bici cada tres días. En Sevilla hace poco las bicis de siete estaciones en un radio de dos kilómetros, aparecieron una mañana con todas las ruedas pinchadas y la mayoría está sin puños en el manillar. Pero bueno, para qué continuar; si hay de esto en vuestra ciudad, de sobra lo sabéis.
En fin, el vandalismo tiene un punto ambiguamente cachondo, parecido a una de esas recopilaciones de accidentes de moto que antes ponían en la tele con música de Ben
ny Hill. Hay quien se descojona viendo cosas así, sobre todo porque no conoce de nada a los pilotos.
JUANJO VILLALBA
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