Música

​Conrad, el «Bowie» de la escena experimental

A pocas semanas de haber dado a conocer su cartel oficial, Eric Namour, director del festival de música nueva y experimental El Nicho, externó vía redes sociales su sentir tras el fallecimiento del músico norteamericano Tony Conrad (1940-2016), dedicando la sexta edición del festival de forma simbólica a su memoria.

Para algunos el nombre de Conrad no les dice mucho, sin embargo, quienes se han adentrado aunque sea un poco al mundo de la música experimental a través del drone, el serialismo o el minimalismo, sin los cuales no se entendería buena parte del rock experimental y la música electrónica hasta hoy día, saben que la pérdida de Tony el pasado 9 de abril fue importante y sensible para muchos.

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Vastas y diversas son las líneas de conexión con el cosmos creativo de Conrad. Necesitaríamos una suerte de «árbol genealógico sonoro» para comprender la resonancia de un artista que resulta pertinente en nuestros días, y de quien su repercusión se extenderá por muchas décadas más.

Tony mamó de los influjos ideológicos de Cage y Stockhausen, hizo sus pininos con el ahora célebre colectivo Fluxus, trabajó con John Cale y un jovensísimo Lou Reed (sí, el del Velvet Underground), Faust, LaMonte Young, Charlemagne Palestine y con un sinfín de músicos y artistas de otras disciplinas que han explorado lenguajes genuinos y arriesgados dentro de la música y la exploración sonora.

Violinista, profesor, performer, cineasta experimental y un ser humano recordado por sus contemporáneos por su calidez humana e inteligencia, Tony Conrad es una figura de peso dentro de la esencia del festival El Nicho, que se llevará a cabo del 11 al 15 de mayo en distintas sedes de la Ciudad de México.

Entrevista exclusiva para THUMP, Namour nos platicó sobre el eco de Conrad en la música experimental, la vez que convivió en su casa en Londres, su trato como ser humano y la repercusión en el trabajo del director de El Nicho.

A pregunta expresa sobre si esta edición número seis del festival cambiaría su concepto tras la muerte de Conrad, Namour disipa toda suerte de oportunismo al contarnos que envió un correo a todos los artistas pasados avisando que dedicaría el festival a su memoria: «a muchos les encantó la idea. Marie Losier, quien hizo una película muy lúdica con Tony Conrad, nos cedió los derechos para proyectar la cinta. Quiero mostrar cosas de él, poner piezas sin intelectualizarlo demasiado pero que esté ahí. Tiene que ser natural y orgánico».

Eric Namour recuerda las cosas que vivió con Conrad, el artista que, confiesa, es el que más ha admirado y con el que mayor cercanía ha tenido: «Vivió conmigo una semana y no se me ha olvidado eso. Era como tener a tu abuelo en la casa. Literalmente siempre estaba siempre en pants, convivía con mis amigos y sus bebés. Un día para agradecernos hizo un pastel de puro chantilly con fresas. Estuvo conmigo, caminábamos; me hablada de su amor por el aguacate, la charla que hicimos en donde yo no entendía nada de lo que estaba diciendo y tenía que traducirlo. Una persona tan cariñosa e inteligente…».

«Pero también es importante para mí porque es el músico con el que más esfuerzos he hecho para ir a verlo. Una vez tomé un tren para ir a Nápoles, en donde tocó con Charlemagne Palestine en un concierto que luego editó Sub Rosa. Habíamos 30 personas y probablemente 15 eran de la producción del castillo en donde se tocó».

El eco del músico es una constante referencia para comprender la escena experimental actual. En palabras de Namour, para muchos artistas de estas vertientes sonoras Conrad es una suerte de «David Bowie» para ellos. Pero la influencia y el agradecimiento del director de El Nicho también es nítida musicalmente hablando: «Él me hizo entender lo que era el drone y me hizo regresar a cosas más folclóricas, elementos de cuerdas, un poco a la música hindú, también. Yo lo vi la primera vez en el 98. Llegó con sus pants, puso el velo y se puso a tocar…».

«Ese mismo año lo descubrí a él y a Metamkine, y de mi parte fue decir literalmente ‘¿qué es eso’. Y así me dieron ganas de aprender más de esas cosas con la sensación de en vivo. Y para mí es importante notar eso, ya que mucha gente piensa que soy un melómano; no lo soy por definición, no tengo miles de discos. He gastado para descubrir, pero lo que me ha hecho a mí el en vivo es lo más importante. Y Tony Conrad es fundamental en eso».

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