Fotos por Carlos Molina.
El pasado
Videos by VICE
Hace poco más de diez años hubo en Chile un festival de música al que llamaron SUE y al que yo recuerdo con cariño por haberme dejado ver a The Mars Volta, Morrisey y PJ Harvey en un día. Eso, en ese entonces, era algo raro de verse por acá. Los años previos a ello las bandas no elegían a Chile para tocar, el mercado acá no se daba cuenta del potencial y los grupos pasaban por Argentina y Brasil dejando a Chile, para variar, fuera. Pero al menos yo recuerdo ese momento del 2004 como un momento de inflexión que daría paso a ver en vivo a The White Stripes, The Strokes, The Evens, Battles y un largo etcétera. Digo esto porque hoy en día la cosa parece normal, están todos acostumbrados a que vengan bandas gigantes y bandas pequeñas y aunque sea de la mano de la marca cool de turno, las traen y podemos verlas. Eso, amigos, hace diez años era un milagro.
Phoenix.
El presente
Lollapalooza ya lleva cuatro años en Chile y lleva cuatro años reafirmando el nuevo pseudopoder económico del país, un poder discutido sin duda pero que por ahí está. Hay plata en Chile o hay lo suficiente para costear un festival así. Ya lo dijo Perry Farrell en esta entrevista pero la verdad eso que de que acá nos cobran caro y la gente va igual, ya lo sabíamos. Lo que creo importante es que la opción exista y que podamos ser parte de un circuito del que antes éramos excluidos.
Este año Lollapalooza tenía, como es habitual, un cartel variado para distintos tipos de gustos con cabezas de cartel a la altura de NIN, Soundgarden, Arcade Fire y Red Hot Chilli Peppers, de los cuales personalmente sólo me calentaba el grupo canadiense. Si a esto le suman un resfrío que me tenía lejos de mi condición humana entenderán que mi estadía el sábado duró una pena. Durante la hora que estuve pude escuchar a Phoenix y a NIN, ninguno de los shows los vi completos pero puedo decir que la sorpresa me la llevé por parte de los últimos. NIN es de esas bandas que si has dejado de lado toda tu vida, como yo, es hora de que descargues sus discos y aprendas a conocerlos porque después, cuando los ves en vivo, todo tiene sentido. Tuve que rendirme ante mi resfrío e irme del lugar porque mi estado ya era el de una ameba pero me gustó sentirme sorprendida con música que está ahí pero no conoces, que por equis motivo nunca escuchaste pero que al menos pude estar ahí para verlos y darme cuenta de ello. Y eso es algo bueno de el comentado «estar ahí» de ir sin rumbo pero salir con algo, en fin.
El futuro
El domingo mi resfrío no desapareció pero al menos habían en mi horizonte más bandas de mi preferencia así que la ida al Parque O’Higgins fue un poco más entusiasta. La decisión de ir sola había sido bien tomada, si bien el festival es una instancia perfecta para hacer vida social y activar tu perfil en Tinder (escuché a una joven contarle a su amiga de qué se trataba la red social y de que ya había hecho match con un español), ir a un lugar así en estado de ameba resfriada es mejor hacerlo sola, sin güeviar a nadie ni que te güeveen, porque la cantidad de gente por metro cuadrado ya es suficiente.
Julian Casablancas.
Y bien, empezó Julian Casablancas a quien había visto con The Strokes por allá por el 2005 cuando yo era joven y los amaba y cuando él no estaba hecho mierda, o probablemente lo estaba, pero lo disimulaba mejor. Partió y fue algo indignante escucharlo, sonaba mal así que me fui, encontrándome en el camino a varias personas a los que le había pasado lo mismo. Luego de flotar un rato sin hacer nada, algo quizás raro en un lugar que está lleno de estímulos, fui a ver a Vampire Weekend. Debo decir que me gusta más el Contra que el Modern Vampires of the City pero básicamente lo que me gusta es la voz de Ezra. Me asomé al escenario en el que estaban y alrededor mío sólo vi coronas de flores y vasos de alcohol. Pensé por un minuto que estaba en Spring Breakers pero luego salió la banda y empezaron a tocar. Me aburrí. La voz de Ezra sonaba bien, los demás sonaban bien, todos sonaban bien, pero sentí que faltaba algo, trabajo quizás o ganas de estar ahí. Eran sólo una banda tocando así que partí al escenario donde más tarde tocaría Lorde. Llegué y en el escenario habían cuatro minas cuya vocalista tenía el clásico look andrógino de camisa blanca escotada y pelo corto como niño pero que de alguna forma se veía más femenina que todo el resto. Estas minas eran Savages y estaban tocando algo con demasiada fuerza, su post punk oscuro que después de la playa que era Vampire Weekend me hacía bien. La canción era “Fuckers” y tenían al público enganchado, medio hipnotizado. Me acerqué y me sentí estúpida al notar que era la última canción que tocaban y que me había perdido quizás a una gran banda. Decisiones erradas que se toman en festivales de música.
Vampire Weekend.
Ya estaba lo suficientemente cerca para acercarme un poco más y asumir mi condición de fan de Lorde, la mega famosa neozelandesa de 17 años que sacó un disco y ganó dos grammys, que tiene espinillas y que no le importa. Lorde salió al escenario, saludó con una sonrisa y luego muy seria se puso a cantar, una tras otras canciones que el público se sabía y que el público coreaba, había un entusiasmo en ver a esta mina en vivo, en constatar ahí si realmente merecía los premios, las portadas y la fama. Y sí, lo merece. No sólo es impactante ver a una mina de la edad de mi hermana pequeña cantar de esa forma sino que además el manejo de los tiempos y del público fue perfecto. Antes de tocar re bien de sus mejores hits, nos contó la historia del carrete que hizo antes de componer esa canción, fue una historia larga sobre nuggets, carretes, tener 17 años y hacerse adulto pero el público la escuchó atento para dar paso a la interpretación de ribs en vivo, algo que a mis ojos y oídos fue perfecto.
Lorde está en su peak, o al menos, si este no es su peak entonces es un inicio muy bueno.
Arcade Fire.
Ahora sí, el futuro. El futuro es Arcade Fire tocando Reflektor por primera vez en Chile, el futuro es la puesta en escena de Arcade Fire que si bien parece una película de Michel Gondry, sigue viéndose como el futuro. O al menos es como los shows de música deberían concebirse, como un show donde uno ve y siente que hubo y que hay trabajo detrás, donde no hay displicencia hacia el público sino una entrega completa porque finalmente si nadie te escucha, nunca estarás ahí. Fue importante estar ahí y darse cuenta de que hay bandas de renombre mundial que no se dejan estar por la fama, que trabajan y se nota y que por ello hacen vibrar a miles de personas y de que aunque uno esté resfriado y apenas vea el escenario por los gringos altos que hay adelante quiera quedarse ahí, de pie y saltando porque Arcade Fire dio un concierto al que había que ir, al que hay que ir. Puede que no te guste mucho la música, puede que no te guste el público, pero los canadienses son profesionales, son trabajadores y eso se nota y se respeta.
Sigue a Elisa en Twitter:
@chalecodeladydi
Ana Tijoux.
Portugal The Man.
Johnny Marr.
New Order.
The Waylers.
Lee más en Noisey, nuestra plataforma de música y visita The Youthquake.