Marca España

Cosas raras que pasan en el vídeo de Felipe VI

Un peluche disfrazado. Una sopa oscura. Conversaciones extrañas. Alteración del flujo temporal. Lo normal escasea en la casa del Rey.
30.1.18
Todas las imágenes vía YouTube

Hoy, martes 30 de enero, nuestro rey cumple 50 años. Para “celebrarlo”, estos últimos días la Casa Real ha ido distribuyendo a través de varios medios una serie de imágenes inéditas del monarca haciendo vida en familia. El contenido formaba parte de un programa especial de Informe Semanal emitido en RTVE, una especie de recorrido audiovisual por la vida del presente monarca, con imágenes en Super-8 de su infancia y frases como “Para ser Rey, antes hay que ser persona”.

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Pero lo interesante del pequeño biopic son, precisamente, unos pequeños fragmentos que muestran el día a día contemporáneo en el Palacio de la Zarzuela —o donde sea que viva este tipo—, desde los viajes en coche hasta las comidas en familia. La idea, supongo, era humanizar la figura del Rey, acercarlo a los ciudadanos y descubrirlo como un humano más. El Rey también come sopa, también conduce, también lleva ropa. Como todo el mundo.

Aun así, el mayor error ha sido intentar mostrar lo que no es real. Este tierno intento de acercar la familia real al nivel del pueblo llano ha fracasado por completo, mostrando en su lugar a una familia extraña, distante, como una especie de teatro del absurdo de Bertolt Brecht; una suerte de ficción que, constantemente, fuerza al público a distanciarse y a no entrar en el simulacro.

No en vano, en medio de esta pantomima, don Felipe VI exclama una maravillosa frase —siendo esta una de las oraciones más destacadas de todo el metraje—: “Eso es complicado, transmitir las emociones; ahí en el escenario, imagínate los actores, cómo lo tienen que hacer siempre”, en una evidente referencia a su presente actuación y, por lo tanto, destapando la gran farsa de que su vida es como la de cualquier español.

En estos casi cinco minutos de vídeo hay varios momentos de naturaleza incierta, pequeños resquicios de febrilidad que se separan flagrantemente del intento de normalizar la Corona. Son “cosas raras”, como cuando descubriste que tu mujer se había comprado un vibrador LELO en Amazon, un vibrador que nunca te ha llegado a enseñar pero que desaparece de su “escondrijo” cada vez que asiste a una de esas “cenas de empresa” que duran hasta las 7 de la mañana.

EL TERROR

El inicio del vídeo, una secuencia de 16 segundos, transcurre en el interior de un coche que recorre un camino tenebroso, casi fantasmagórico. Este es quizás el tránsito de “lo etéreo” —donde viven ellos— hacia el “mundo real” —donde viven los españoles—. En esta travesía a través del umbral, todo resulta incómodo, pues está filmado con un plano secuencia que parece dirigido por Haneke, Lanthimos o incluso Kieślowski. Sin duda no es la forma de rodar algo que pretende que simpaticemos con la familia real.

Desde la puesta en escena hasta los diálogos y la dirección de arte resultan inquietantes, aterradores. Un pequeño espacio en movimiento, oscuro, no sabemos hacia dónde va, cuál es su destino. La ropa es oscura y los rostros apenas se identifican. La banda sonora —de un tal Chris Zabriskie— es la compañía perfecta para esta ópera del dolor.

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A nivel narrativo es muy sencillo pero, por debajo, se intuye un mensaje letal. La familia habla sobre varios exámenes que tienen o podrían tener las hijas, con un tono frío y severo. Cuando una de las niñas no sabe a qué hora tiene el examen de “Natus”, Letizia gira su rostro en señal de desaprobación y la imagen se funde a negro. Esta elipsis oculta el desenlace de la acción, las consecuencias de ese desconocimiento —¿cuándo sucederá el examen de “Natus”?—, dejando a la imaginación del espectador la terrible tragedia que se cierne sobre la niña, pues con esta puesta en escena, no puede ser sino un desenlace fatal.

“NO OS DEJÉIS NADA”

En este vídeo se nos presenta al Rey Felipe VI como un hombre con una sola obsesión: no quiere que nadie se deja nada.

Cuando la escena del coche continúa unos minutos más tarde, vemos cómo, después de aparcar el aparato, el Rey comenta un inocente “Bueno, oye, no os dejéis nada”. Lo que en un principio puede parecer un comentario sin importancia adquiere otro significado hacia el final del vídeo, en otra escena en la que la familia abandona su hogar —los que podemos deducir que son los momentos previos a la escena inicial del film, desdoblando el tiempo de una forma curiosa, cosa de la que hablaremos más adelante—.

En esa última escena, el Rey vuelve a comentar “¿Todo listo? ¿Sí? ¿Tienes todo en la mochila? ¿Seguro, seguro, seguro?”, por lo que podemos deducir que el tipo tiene una obsesión por no dejarse nada NUNCA. De comentario paternal a espiral obsesiva. De nuevo, un fallo enorme a la hora de intentar generar simpatía por parte de la realeza.

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Puede ser que este sistema de repetición responda a un intento de actuar de forma natural. Como no es un actor profesional —recordemos de nuevo esa frase: “Eso es complicado, transmitir las emociones; ahí en el escenario, imagínate los actores, cómo lo tienen que hacer siempre”—, podemos deducir que el tipo recurre a ciertos trucos interpretativos en distintos momentos del metraje, esa idea del padre que se preocupa por el bienestar de su familia y sus objetos. Pero es la repetición —sobre todo en un vídeo de menos de cinco minutos— lo que genera ese “algo raro” de lo que hablaba antes. El tipo no quiere nunca dejarse nada y es de las pocas cosas coherentes que se digna comunicar a su familia.

LOS DIÁLOGOS

Todos nos hemos dados cuenta: esta gente habla de cosas raras, poco concretas. Es como si la comunicación oral fuera una mera pantomima para ocultar un nuevo sistema de comunicación mental mucho más efectivo. En fin, el vídeo está repleto de frases cortadas y de conversaciones que giran alrededor de temas ambiguos e inexactos, aportando un aura de secretismo que no ayuda en nada al objetivo principal de estos vídeos: acercar la familia real a los ciudadanos.

Unos ejemplos:

Felipe VI: “Vamos a…” (y se calla).

Letizia: “Me han mandado hoy un vídeo, los ayudantes, del que van a poner el lunes de lo del previo, pero no lo he podido abrir, tengo que verlo luego”.
Felipe VI: “Sí, me lo han mandado a mí también”.
Letizia: “¿Y qué pone en el vídeo, lo has visto?”.
Felipe VI: “Todavía no, porque estaba haciendo el, bueno…” (Leticia interrumpe el asunto con unas risas).

Ante estos diálogos solamente nos puede surgir un buen puñado de preguntas. ¿De qué vídeo hablan? ¿Por qué Felipe VI no han tenido tiempo de verlo? ¿Qué estaba haciendo? ¿Quiénes son —y de qué mundo vienen— esos seres a los que se refieren como “los ayudantes”?

“CUIDADO CON LA PUERTA, QUE PESA”

Esta frase me encanta, funciona de relleno, está claro, es una herramienta para sustituir un silencio incómodo pero, qué diablos, es maravillosa. Evidencia el poco uso que hacen de este coche —de los coches en general—, es como decirnos que normalmente viajan en avión o con naves espaciales o a través de tubos subterráneos que descomponen sus moléculas y las reconstruyen en la otra punta de España. Sus esfuerzos para parecer humanos se van disipando cada vez más.

OLER CABEZAS

Cuando Letizia huele la cabeza del Rey. ¿Cómo debe oler la cabeza de un rey? Es, quizás, la gran pregunta que nos hacemos todos.

EL PRINCIPIO ES EL FINAL

El montaje es totalmente epiléptico, vamos avanzando y retrocediendo en el tiempo constantemente. Estos tipos desdoblan el tiempo a su antojo, quizás por eso mismo ellos son reyes y nosotros no.

En la escena del discurso de Navidad es una locura, ahí el tiempo no existe, todo se va solapando y moviendo de un lado para otro. Primero las niñas van a “besar” a su padre pero es más tarde cuando Letizia les dice eso de “Entrad a darle un beso, entrad a darle un beso” —una orden para cada niña, por eso lo repite.

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Como he dicho antes, la escena inicial del coche sucede inmediatamente después que ese final en el que vemos a la familia abandonando la casa por la mañana y dirigiéndose, cada uno, a sus tareas habituales. En medio, esa comida que intenta aportar un poco de coherencia temporal a todo el asunto pero que antecede a la escena de la mañana. En fin, un rompecabezas sin sentido. ¿No podían haberlo montado en orden cronológico? “Es que así es como sucedió, en este orden”, contestarían ellos.

El tiempo, el concepto del tiempo, para la familia real, es algo muy distinto del que tiene el pueblucho, que nace, “vive” y muere.

LA COMIDA

Este tema ya se ha comentado mucho en las redes y, de hecho, creo que es, precisamente, el momento más humano de todos, el error los une con el resto de Españoles. Si bien los diálogos que se suceden son, evidentemente, extraños, la “sopita” caliente hace que nos olvidemos de todo. Aun así, si el precio de no saber a qué hora era el examen de “Natus” se planteaba como terrible, ¿qué clase de pesadillas acarreará el error de la sopa?

EL ADJETIVO “RICO”

En varias ocasiones Felipe VI utiliza el adjetivo “rico” para referirse a la sopa. “Hmmm…qué rico” o “Uy, qué rica, esta sopa”. Debemos entender este guiño como un aviso para todos los españoles: ellos son los ricos y todos nosotros, los cretinos que vemos y juzgamos este vídeo, somos los pobres.

Sí, puede que hayan intentado acercarse al vulgo pero tienen muy claro dónde están los límites, tampoco nos pasemos.

EL OSO CON BOLSO Y CHAQUETA

No podíamos ignorarlo. Lo peor es cuando te dicen que, bueno, que está vivo. Que el bicho este VIVE. “Quédate quieto mientras te grabamos, Bruno, que parezca que eres un simple peluche”.