¿La cocaína es vegana? Depende a quién le preguntes

Hay personas que insisten en que la cocaína es vegana. Otras, en cambio, citan pruebas para demostrar lo contrario.
MA
traducido por Mario Abad
Ilustración por Lia Kantrowitz.

Kaitlin* lleva cinco años siendo vegana, pero a veces se salta las reglas al comer miel o llevar ropa de piel que tenía desde mucho antes de adoptar este estilo de vida. Hace poco, además, se compró un par de zapatos a precio de ganga y no los devolvió cuando se enteró de que eran de piel. “Seguramente no coincido con la definición estricta de vegano”, me explica. “No soy perfecta, tengo vicios, como todo el mundo”.

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Kaitlin tomó la decisión de ser vegana hace cinco años, y lo hizo de golpe. Todo empezó con una apuesta para perder peso. Antes de adoptar el veganismo, Kaitlin comía mucha carne, por lo que el cambio fue realmente brusco.

Después de unos seis meses alimentándose a base de verdura, Kaitlin empezó a informarse más sobre el maltrato animal en las granjas industriales y lo que vio y leyó la hizo llorar y tomar una decisión drástica: no sólo sería vegana por cuestiones de salud, sino también por razones éticas. “Pensé que podría comer otros alimentos sin hacer daño a los animales”, afirma. “No veía ninguna necesidad de seguir comiendo productos derivados de animales”.


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Tres años después de haber adoptado la dieta vegana, las circunstancias económicas de Kaitlin cambiaron, permitiéndole el lujo de comprar y probar drogas recreativas. Así empezó a consumir sustancias que nunca antes había probado, como la cocaína. Le pareció que su consumo no era incompatible con la dieta vegana. ¿Cómo podían sufrir los animales con el cultivo de la mariguana, la psilocibina o la coca, o con la síntesis del MDMA, 2CB o LSD? No podían, supuso. Entonces, ¿podríamos decir que la cocaína es, técnicamente, vegana?

“Seguramente tiendo a racionalizar las cosas convenciéndome a mí misma de que en la fabricación de la cocaína no se daña ni a los animales, ni a las personas ni al medio ambiente, sobre todo si se hubiese fabricado legalmente en laboratorios”, señala. “Si su fabricación fuera legal, podrían evitarse todos los aspectos negativos que la rodean, ¿no? En un mundo ideal, podría haber un cultivo ecológico y sostenible de plantas de coca y podría controlarse el vertido de los productos químicos necesarios para la elaboración de la droga. Podría regularse la venta y eliminar toda la violencia asociada a este negocio”.

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Si su fabricación fuera legal, podrían evitarse todos los aspectos negativos que la rodean, ¿no? En un mundo ideal, podría haber un cultivo ecológico y sostenible de plantas de coca

La fantasía que describe Kaitlin dista muchísimo de la realidad del cultivo de coca y de las redes encargadas de su producción y distribución, realidad que Kaitlin admite no conocer. El eterno debate sobre si la cocaína puede considerarse un producto apto para veganos ha sido objeto de discusión en infinidad de foros desde hace años, una ilusoria línea de pensamiento que suscriben muchos veganos y consumidores de cocaína, pese a que se ha rebatido en más de una ocasión por su impacto negativo desde el punto de vista ético y medioambiental.

“No sé… ¿se puede decir que el ácido sulfúrico, el permanganato de potasio, el carbonato de sodio, el queroseno, la acetona y el ácido hidroclórico son veganos?”, me pregunta Kendra McSweeney. “Porque, además de las hojas de coca, se necesitan esos productos químicos para producir cocaína”.

McSweeney es profesora del Departamento de Geografía de la Universidad Estatal de Ohio y ha centrado su trabajo en la región hondureña de La Mosquitia, donde la producción y el tráfico de cocaína ha provocado la deforestación de grandes extensiones de territorio en Centroamérica. “Que te importe o no, dependerá de si eres un vegano ético, preocupado por el bienestar de todos los seres vivos, o un vegano medioambiental, que cree que cualquier tipo de alimentación no vegana es perjudicial para el planeta”, me aclara McSweeney. “Si eres de los últimos, entonces no, la cocaína no puede formar parte de tu dieta vegana. Quizá en el primer caso puedas justificarlo”.

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La cocaína se extrae directamente de la planta de la coca; se recogen, muelen y pulverizan las hojas y se mezclan con una base que suele llevar óxido de calcio, sal y queroseno. La solución resultante se filtra y se seca hasta formar una pasta, y el producto residual se desecha en cuerpos de agua cercanos.

Plantaciones de coca en las Yungas, Bolivia, en 2007. Estas plantaciones han ido sustituyendo a las granjas de naranjos, melocotoneros, papaya, café y maíz, lo que pone en riesgo el suministro de alimentos de las aldeas locales. Foto: AIZAR RALDES / AFP / Getty Images

Dicho de otro modo, "cada paso de la cadena de producción conlleva cierta degradación del medio ambiente”, me cuenta Liliana M. Dávalos-Álvarez, del Departamento de Ecología y Evolución de la Universidad Stony Brook. “Los cultivadores de coca sitúan sus plantaciones en pendientes de difícil acceso para ocultarlas”, añade Dávalos-Álvarez. “Por los datos de que disponemos, se sabe que para el cultivo de la coca se usan más herbicidas que con cualquier otro cultivo. El procesamiento se suele llevar a cabo en laboratorios levantados en las cercanías y los residuos se vierten en masas de agua próximas, sin tener en cuenta el bienestar de la comunidad local”.

Dávalos-Álvarez ha centrado su investigación en los efectos nocivos del cultivo de la coca en Colombia sobre las poblaciones de animales más vulnerables, ya que, según afirma, no cabe duda de que la fauna también sufre los daños colaterales de la red que alimenta la demanda de la droga.

“Esas redes de tráfico que antes se especializaban en la cocaína ahora también trafican con madera, oro y fauna silvestre, agotando los recursos y diezmando la fauna de los ya mermados bosques del Amazonas y los Andes”, explica. “Por eso creo que justificar el consumo de cocaína alegando que no contiene ingredientes procedentes de animales me parece que es tergiversar la ética medioambiental”.

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Pese a ello, cuando expliqué estos argumentos a varios veganos consumidores de coca, la mayoría de ellos se mostraron verdaderamente perplejos, incluso aquellos que creían mantenerse muy fieles a sus principios.

Por ejemplo, Kaitlin duda cuando le hablo de una polémica reciente sobre veganos que consumen cocaína. Se pregunta si aquellos que se regodean despreciando a los veganos que consumen coca no estarán representando más bien un sector de la sociedad que desprecia a los veganos en general y que aprovecha cualquier oportunidad para criticar sus hábitos.

"Justificar el consumo de cocaína alegando que no contiene ingredientes procedentes de animales me parece que es tergiversar la ética medioambiental".

“¿Se impone a los veganos unos estándares más estrictos que al resto de la sociedad?”, me pregunta. “¿Se debe a que los veganos suelen ser tan críticos con la alimentación de los demás que sentimos la necesidad de ser críticos con ellos también, y con más fuerza, ante cualquier decisión que toman?”.

Arnold, estudiante universitario de 20 años, lleva un año y medio siendo vegano. No duda en alabar este tipo de dieta, y es que desde que la sigue ha perdido 45 kilos, pasando de pesar 102 a quedarse en 63. Su índice de masa corporal ha pasado de 37 a 23. Su devoción al veganismo es tal que desde hace poco se plantea sumarse al activismo.

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Arnold me explica que también ha consumido bastante cocaína desde que iba al instituto, y aunque no la considera un producto propiamente vegano, tampoco ve ningún dilema moral o ético en su consumo. De hecho, compara la cocaína con otras “cosas no veganas”, como los teléfonos móviles fabricados con minerales extraídos por mano de obra infantil en China. Una cadena infinita de discrepancias éticas relativamente inevitables que para él no supone un conflicto para su amor por los animales.

“El veganismo se centra más en disuadir el consumo de alimentos, ropa y entretenimiento”, insiste Arnold. “Hay otras cosas, como las drogas y los aparatos electrónicos que no tienen tanta atención”.


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Tampoco le conmueven los argumentos sobre el perjuicio medioambiental. “A fin de cuentas, el veganismo consiste en proteger a los animales”, me recuerda. “Hago otras cosas que no están bien, como ir en coche o fumar mucha mariguana. Tus actos siempre van a tener alguna consecuencia poco ética. Yo me conformo con no comer 200 animales al año; me parece mucho más beneficioso para ellos y el medio ambiente que abstenerme de consumir medio gramo de coca”.

El pretexto de que la ignorancia es felicidad y que no se puede culpar al consumidor por las negligencias en la cadena de un suministro, es una excusa que he oído antes con otros veganos que tampoco consideran que consumir cocaína sea una hipocresía.

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“Es como decir que hay bebidas alcohólicas no veganas, porque en su elaboración se han usan vejigas animales”, me explica Mackenzie, otra vegana. “O sea, no quiero comer la vejiga de un animal, pero si el vino que estoy bebiendo estuvo en contacto con una, creo que puedo vivir con ello”.

Algo similar opina Aaron, de 24 años: “Si alguien me dijera que mi licor favorito tiene algún ingrediente no vegano, no dejaría de beberlo. Seguramente no es muy lógico, pero no pienso renunciar a las cosas que me gustan”.

"Me conformo con no comer 200 animales al año; me parece mucho más beneficioso para ellos y el medio ambiente que abstenerme de consumir medio gramo de coca".

Esto también está vinculado a cierta sensación de impotencia y, por consiguiente, futilidad en intentar resistirse: “La cocaína no va a desaparecer porque yo deje de consumirla. Mi aportación no cambiaría nada”, me dijo Renee, otra persona.

Para John Joseph McGowan, estos argumento no son más que estupideces. McGowan saltó a la fama hace tres décadas como el vocalista de la legendaria banda neoyorquina de hardcore Cro-Mags, y se ha convertido en uno de los activistas más comprometidos con el fomento de las dietas veganas para tratar el alcoholismo. Incluso publicó un libro titulado Meat is for Pussies (La carne es para los maricas).

McGowan, que hoy tiene 55 años, empezó a consumir alimentos crudos en 1981, cuando empezó a trabajar en una tienda de alimentos naturales. Luego se volvió usuario recurrente de la coca en 1987, un mal año para los Cro-Mags y una época en la que Joseph se relacionaba con gente que se drogaba.

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“Nunca lo olvidaré”, recuerda, en alusión a su primera experiencia con esta droga. “Lo primero que dije fue, ‘ Ahora entiendo por qué Bruce Lee se metía coca’”.

La noche que la probó, se quedó a dormir en casa de un conocido en Florida; el tipo había robado la droga a un grupo de hombres a los que no conocía. Al día siguiente, el dueño de la coca apareció con dos AR-15 y vació los cargadores disparando a la habitación en donde dormían. McGowan apenas se salvó de recibir un balazo en la cabeza.

Pese a aquel incidente, McGowan no dejó la cocaína, y pronto su apetito insaciable por la droga lo llevó por el camino de la violencia y a las mismas puertas de la muerte. “Tuvieron que pasar dos años y varias experiencias negativas más para decir, ‘Tengo que dejar esta puta droga o no sobreviviré”, recuerda.


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Durante esa etapa, McGowan comía de forma irregular, pero se ciñó a su dieta vegetariana. Se pasaba tres o cuatro días despierto a base de coca y luego sufría recaídas. Cuando se recuperaba, tomaba gran cantidad de hierba de trigo para intentar “desintoxicarse”.

“Creo que eso fue lo único que evitó que mi salud decayera”, reconoce. “Todo lo que comía seguía siendo de origen vegetal”.

En 1990, McGowan finalmente logró superar su adicción. La experiencia le hizo desarrollar una especie de rabia contra las personas veganas que ven aceptable el consumo de cocaína.

“Como vegano, no es ético que estés a favor del consumo de cocaína”, añade.

Según él, existen tres clases de razones para hacerse vegano: éticas, medioambientales y de salud personal. El consumo de cocaína no es justificable bajo ninguno de esos tres pretextos.

John Joseph McGowan en plena actuación en el Fun Fun Fun Fest de Austin, el 10 de noviembre de 2013. Foto por Rick Kern / Getty Images

“Mira lo que la cocaína está causando al medioambiente y a los delicados ecosistemas y las selvas que aportan la mayor cantidad de oxígeno a nuestro planeta”, señala. “No sólo están deforestando selvas para que paste el ganado; también las están jodiendo para satisfacer la demanda mundial de cocaína. Si lo quieres ver desde el punto de vista compasivo, esos animales están bebiendo agua contaminada. Si lo haces por salud personal, ¿qué haces metiéndote esa mierda en el cuerpo?”.

McGowan habla sin tapujos de lo que él considera una bola de mentiras que se inventa la gente para justificar el daño que se están causando en el cuerpo. “Esa mierda no tiene nada de vegana”, concluye.

*Se cambiaron los nombres para proteger la identidad de las fuentes.