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Si odias a las Kardashian te odias a ti misma

Los estudios sobre las Kardashian son cada vez más abundantes. Esto es lo que nos dicen sobre la sociedad.

por Katya Lopatko; ilustración de Xavier Lalanne-Tauzia
15 Mayo 2018, 3:15am

Para la mayoría de nosotros, Keeping Up With the Kardashians nos ofrece esa ansiada dosis de evasión, una oportunidad de desconectar el cerebro y dejar a un lado las cargas existenciales de la vida moderna. A no ser, claro está, que seas un académico.

Mientras todas pasábamos el rato haciendo jugando con los labios carnosos de Kylie, estudiosos de todo el mundo han estado debatiendo sobre el significado profundo del fenómeno Kardashian, utilizando a esta emblemática familia para ahondar en las patologías más oscuras de la sociedad.


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En 2015, la doctora Meredith Jones, lectora de la Brunel University London, organizó el Kimposium, la primera conferencia académica del mundo dedicada íntegramente a, en palabras de la propia Jones, “la nueva familia ‘real’ de EUA”. Las presentaciones cubrían diversos temas, desde la cuarta ola de feminismo y las políticas del cuerpo a la raza o el neoliberalismo, y analizaban todos los elementos del imperio Kardashian, desde la transición de Caitlyn a la vulva de Kim. Activistas, artistas y escritores culturales exponían sus tesis junto a académicos de la vieja escuela, y es que la curiosidad que suscitan las Kardashian no hace distinciones.

“Quería organizar el Kimposium porque las Kardashian son un elemento cultural muy importante”, me explicó Jones en una entrevista telefónica reciente. “Si piensas en ellas en términos sociológicos o culturales, en muchos aspectos son el ejemplo definitivo de la vida contemporánea”.

La mayoría de las ponentes del Kimposium veían a las Kardashian como la culminación de una serie de tendencias culturales, un espejo perfecto de nuestra psique colectiva, nos guste o no lo que veamos reflejado en él. “No me gusta descalificarlas porque creo que lo que hacen expresa los valores que suelen tener nuestras culturas”, añadió Jones.

Criticar a las Kardashian por su obsesión por el “consumo y el consumismo” es una hipocresía, a menos que reconozcamos que dichas cualidades son producto de nuestra cultura

Esta aproximación benévola fue la tónica de muchas de las conferencias del simposio, en las que los expertos no dudaron en mostrarse críticos cuando era necesario, sin caer en la trampa de la reprobación fácil y superficial. Según Jones, criticar a las Kardashian por su obsesión por el “consumo y el consumismo” es una hipocresía, a menos que reconozcamos que dichas cualidades son producto de nuestra cultura.

No es fácil determinar en qué medida todo ese odio y desprecio hacia las Kardashian es fruto de la decepción por el deterioro cultural, pero los estudiosos parecen coincidir en que se trata más bien de una falta de voluntad para hacer un ejercicio incómodo de autorreflexión por parte de los haters.

En su presentación, titulada Kardashian Komplicity: Beauty Work in Postfeminist Neoliberal Times, la doctora Giuliana Monteverde, lectora de la Universidad del Ulster, sostenía que la imagen de las Kardashian debería ser a la vez “criticada y defendida”: defendida contra el desprecio machista basado en su belleza y sexualidad exageradas, pero criticada por cómo su marca perpetúa una “racionalidad posfeminista y neoliberal”.

Tal como señalaba en su ponencia la doctora Simidele Dosekun, profesora de Estudios Mediáticos y Culturales de la Universidad de Sussex, el posfeminismo es “una sensibilidad cultural muy festiva que presenta a una mujer empoderada, si bien ese empoderamiento está construido de formas delimitadas y problemáticas”, dando por sentado que las mujeres están libres del patriarcado, pese a mostrar patrones de apariencia física y comportamiento rígidos y tradicionales.

En opinión de Monteverde, debería reprobarse a las Kardashian por sacar partido de una versión arcaica del género, aunque también debería defendérselas de las críticas misóginas de muchos de sus detractores.

Monteverde hizo mención a un libro de 2013, de la doctora Amanda Scheiner McClain, Keeping Up the Kardashian Brand: Celebrity, Materialism, and Sexuality. “Me interesé por las Kardashian porque están en todas partes, por el extenso y profuso uso que hacen de los medios y por su indudable éxito. Todo esto las convertía en un interesante caso de estudio”, me explicó McClain, que también ejerce como profesora adjunta de Ciencias de la Comunicación en la Holy Family University de Filadelfia. “La gente odia o ama a las Kardashians, pero nadie se muestra indiferente”.

“Crean una ilusión de empoderamiento femenino, pero se trata de un empoderamiento encorsetado por las culturas de la belleza, la feminidad y la moda. Es como si el empoderamiento mismo fuera una marca: Empoderamiento TM"

Si bien Monteverde sostiene que las Kardashian perpetúan las ideas caricaturescas y nocivas sobre el género, Jones tiene una visión mucho más optimista. “Realmente es una familia de mujeres; los hombres desempeñan un papel muy pequeño”, y sus debilidades aportan la nota cómica al programa, señala Jones.

“Sin embargo, luego envuelven ese halo de empoderamiento femenino, de mujeres emprendedoras, dueñas de su sexualidad, con una obsesión por la perfección corporal y por los complementos”, aspecto “como mínimo igual de importante que el hecho de que estas mujeres sean dueñas de su destino económico, sexual, etc.”.

La doctora Elizabeth Wissinger, profesora de Estudios de Moda del Centro de Estudios de Posgrado CUNY, sugirió que la marca de belleza de las Kardashian está ligada al panorama social actual. “Creo que encajan bien en la versión Trump estadounidense de lo que se considera la buena feminidad”, me explicó Wissinger. “Se está puliendo esa idea de feminidad flexible y presentándola de forma uniforme”.

“Crean una ilusión de empoderamiento femenino, pero se trata de un empoderamiento encorsetado por las culturas de la belleza, la feminidad y la moda”, añadió Wissinger. "Es como si el empoderamiento mismo fuera una marca: Empoderamiento TM”.

“Una mujer puede hacer exactamente lo mismo que un hombre, y a él lo felicitarán, mientras que a ella le dirán que está gorda”

Los estudios sobre las Kardashian eran más bien escasos, si bien Jones asegura que, desde la celebración del Kimposium, han crecido considerablemente. La mayoría de los estudios recientes sobre medios mencionan a las Kardashian, e incluso se han escrito libros dedicados a esta familia, desde una perspectiva teórica, como la obra de McClain, y práctica, como el libro The Kim Kardashian Principle: why shameless sells (and how to do it right).

El galardonado poeta Sam Riviere incluso publicó una colección de poemas titulada Kim Kardashian’s Marriage, un viaje filosófico por el paisaje cultural moderno organizado en secciones tituladas igual que los pasos que sigue Kim para maquillarse (Primer, Contorno, etc.). También se han publicado disertaciones de posgrado sobre el fenómeno Kardashian.

La propia Jones está trabajando en un libro que analiza el papel de las Kardashian como referente del público, en el que se incluyen entrevistas con mujeres británicas de entre 18 y 35 años. “La mujer está sometida a una serie de expectativas increíblemente exigentes por parte de la sociedad, y no importa lo que haga, nunca estará bien, siempre será criticada”, señala Jones.

En referencia a las similitudes entre Kris Jenner y Donald Trumb, Jones también añade: “Una mujer puede hacer exactamente lo mismo que un hombre, y a él lo felicitarán, mientras que a ella le dirán que está gorda”.

Tres años antes de las elecciones presidenciales de EUA de 2016, McClain ya habló de la correlación entre Kris Jenner y Donald Trump. Lo que entonces era una simple observación espontánea, hoy podría interpretarse como una inquietante profecía.

“Al margen de la política, el auge de Trump y las Kardashian guarda muchas similitudes. En ambos casos eran ricos y celebridades no muy conocidas; ambos usaron los realitiy shows de la televisión para potenciar su imagen pública; ambos consolidaron su marca sirviéndose de la relación directa con los fans que facilitan las redes sociales y de su capacidad para crear y ofrecer un producto que se percibe como auténtico; ambos llevaron al extremo las tendencias culturales del narcisismo y el materialismo”, apuntó McClain.

"Para que unos pocos lleguen al éxito, otros muchos deben creerse la promesa de alcanzarlo"

Jones coincide con ella: “Los acontecimientos políticos más recientes no han hecho sino concretar más el concepto que tengo de las Kardashian. Todo el tema de la apariencia, la superficialidad y el culto a la riqueza. Podría hablar de Trump exactamente en los mismos términos”.

El fenómeno Kardashian también refleja las realidades económicas de nuestro tiempo, según Wissinger. En un ensayo que escribió junto con la doctora Brooke Erin Duffy, de la Universidad de Cornell, titulado “Mythologies of Creative Work in the Social Media Age: Fun, Free, and ‘Just Being Me’”, analizaban la economía de los trabajos puntuales y la Instafama.

La pieza examinaba “la retórica que fomentan las personas que forman parte de ese ciclo de enriquecimiento a base de fama”, como las estrellas de YouTube y los influencers de Instagram, a quienes pagan por promocionar productos. Se trata de una economía que se sustenta en el principio de que, para que unos pocos lleguen al éxito, otros muchos deben creerse la promesa de alcanzarlo, según Wissinger.

Pese a las muchas trabas que hacen que solo unos pocos lleguen a lo más alto de la fama, “para que el sistema funcione, todo el mundo debe creer que es capaz de ser una estrella de YouTube y así seguir viendo vídeos, dando likes y aportando contenido a la plataforma”.

La familia Kardashian son el ejemplo más extremo de este tipo de éxito contemporáneo que impulsa la “economía de lo que se lleva” haciéndonos creer que podemos llegar a lo más alto a golpe de likes, follows y tuits.

Sigue a Katya Lopatko en Twitter.

Este artículo apareció originalmente en VICE US.

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