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Ilustración por @sinmuchasfotos.
Semana Marihuana

Testimonios de adictos a drogas legales: "un día tomé 11 litros de refresco"

Estas son algunas de las drogas que consumimos todos los días sin poner atención a los riesgos –ni a la dependencia– que puedan generar en nuestro organismo.

Cuando escuchamos la palabra adicto, inmediatamente pensamos en drogas ilegales, en centros de rehabilitación, en gente inyectándose alguna sustancia o personas que se mueve lentamente con los ojos completamente rojos, pero si algo nos enseñó Requiem for a Dream fue que no necesitamos consumir productos ilegales para generar una adicción.

Las drogas ilegales están en la agenda de gobiernos e instituciones y en el discurso de aquellos que buscan cargos públicos, pero ¿qué hay detrás del consumo de productos comunes y corrientes que también nos causan dependencia? ¿Qué productos no reconocemos como tal? Si analizamos bien, veremos que hay más adictos en nuestro entorno de lo que creemos. Incluso, podríamos preguntarnos qué nivel de dependencia tenemos nosotros ante ciertos elementos.

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Son adicciones buena onda o al menos así nos lo han vendido, permitidas por la sociedad, pero como todas, igual de peligrosas. Algunas de estas causan daños severos a la salud a pesar ser permitidas. Pero, ¿quién está a salvo?, aquel que esté libre de sustancias nocivas que arroje la primera piedra.


Edelik, 22 años

Sustancia: Refresco

Han pasado semanas en las que no he tomado ni una gota de agua. Soy adicto al refresco, tomo hasta dos litros al día. Lo tomo diario desde hace 16 años. No hay día en que no tome. De ley, debo de tomar un refresco de medio litro por la mañana. En la tarde, por lo general, compro uno de dos litros para mi familia, pero yo me tomo la mayor parte, y luego otro de 600 mililitros en la noche.

A veces tengo problemas para ir al baño. La gotita se me sale antes de llegar. El olor de mi orina es muy fuerte. Tengo obesidad, mido 1.70 metros y peso 95 kiloramos: son 35 kilos de sobre peso. Siempre que voy al doctor, el médico me prohibe el refresco pero hago caso omiso.

Soy músico, toco el saxofón y la verdad sí me ha afectado, ya no aguanto una nota por mucho tiempo y me desafino después de unos segundos. He tratado de dejarlo pero cuando me doy cuenta ya tengo la botella pegada a mi boca. Me ha afectado en la autoestima porque engordé bastante en muy poco tiempo.

Si no tomo refresco me siento ansioso. A pesar de no tener dinero busco monedas por mi casa, entre los sillones o en el suelo, o le pido a mi familia para comprar mi dosis líquida diaria. Me siento aliviado cuando alguien más de mi familia lo lleva a la mesa. Incluso lo mendigo: cuando mis hermanos tienen, les pido de tal manera que me lo terminan dejando.

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Mi refresco favorito a la hora de la comida es la Coca-Cola y cuando botaneo bebo Jarritos, el que no me gusta para nada, pero lo tomo si no hay otro, es el Peñafiel.

Un día tomé 11 litros en todo el día: desayuno, comida, cena, fiesta, eventos musicales y peda. A veces en la casa de mi novia, cuando sus papás están dormidos, me levanto y tomo el refresco que sobró del día.

Creo que nunca podré dejarlo. Pienso que me tiene que pasar algo muy grave en mi salud para que lo deje. Sé que muy pronto tendré problemas renales pero, en verdad, no puedo dejarlo.


Julia, 32 años

Sustancia: Pastillas para perder peso

Empecé a tomar pastillas para bajar de peso hace cinco años para asistir a la boda de una de mis primas. Iba a ser la dama de honor y me propuse bajar de peso. Era el 2013. Un doctor me recetó las pastillas después de unos análisis de glucosa y presión. Yo siempre he sufrido de sobrepeso y desde entonces las tomo.

Sí me funcionaron. La primera vez que las probé, bajé 15 kilos en cuatro meses, fui a la boda y después vino el rebote, recuperé los 15 kilos que había perdido y subí cinco más. Dejé de tomarlas como medio año y de nuevo las volví a ingerir, aunque se supone que no puedo consumirlas por mucho tiempo seguido, debido a que contiene clonazepam, un antidepresivo que en exceso causa adicción.

Me tomo una diaria y aunque hay temporadas en que busco otro tipo de pastillas más naturales, siempre regreso a esas. Trato de ir al gimnasio o hacer ejercicio, pero mi dinámica laboral no me lo permite. Justo las pastillas que tomo son para inhibir el apetito. Yo sé que lo que necesito es cambiar mi estilo de vida pero no he podido.

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Las pastillas advierten que pueden causar afectaciones en el hígado, pero hasta el momento no me he sentido mal, lo único que evito es combinarlas con alcohol.

Cuando dejo de tomarlas comienzo a sentir ansiedad. Siento mucha sed debido al síndrome de abstinencia que me da. Puedo tomar hasta cuatro litros de agua el primer día que las he dejado de ingerir, incluso cambia mi estado de ánimo. Las dejo unos meses y luego regreso a ellas.

Por el momento no pienso dejar de tomarlas debido a que en medio año me casaré. Hace unos meses tenía 20 kilos de sobrepeso, y ya he logrado bajar cinco. El frasco con 30 pastillas me cuesta 980 pesos.


Roy, 22 años

Sustancia: thinner

Comencé a inhalar thinner a los 13 años. Lo hice por los problemas que tenemos todos: broncas en casa, falta de comprensión por parte de mi familia, ya sabes los clásicos problemas de esa edad, y también porque murieron familiares cercanos. Un día llegué a una tlapalería, me lo vendieron y así empezó todo.

Duré casi tres años consumiendo solventes. Al principio tenía temor y culpa por lo que hacía, pero me enganché tanto que no me importó. Inhalaba medio litro de thinner a la semana. Era mi favorito por lo discreto y lo fácil de conseguir.

No me drogaba con mis amigos del barrio, siempre lo hacía en mi cuarto porque era más seguro y estaba mucho tiempo solo. Había semanas en los que le ponía diario. Los problemas mi vida eran muy fuertes por eso lo hacía.

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Mi familia sospechaba, porque ningún padre es tonto, y me reclamaban todo el tiempo. No eran regaños, ni buscaban ayudarme, simplemente eran reclamos. Me tiraban mala onda. Yo inhalaba hasta que me ganaba el sueño.

Dejé ese vicio por decisión propia. Como dice la banda del barrio: “Por tus huevos entras y por los mismos sales”. Nunca fui a grupos de autoayuda. Por el vicio, había perdido amigos, me alejé de mi familia y me afectó bastante en la escuela. El problema fue que como lo dejé de golpe, siempre andaba de malas, estaba cansado. Me ayudó bastante la música, toco la guitarra.

Tengo seis años limpio. Creo que no tengo ningún daño crónico en vías respiratorias o pulmones pero sí se me va mucho al onda y se me olvidan las cosas.

Lo que me ayudó es que nunca fui como otra banda que desayunaba, comía y cenaba monas todos los días. Esos carnales sí están bien dañados. Ya lo dejé pero ¿qué crees? aún se me antoja, aunque sigo firme en no consumir.


Cuauhtémoc, 38 años

Sustancia: café

Sin café yo no funciono. Lo tomo desde los 8 años, por una tía que nos daba café en lugar de leche, pero a los 19 empezó mi consumo constante. Lo bebía para aguantar las jornadas laborales que tenía por las madrugadas. En es entonces ingería por la noche unas cinco tazas. Así fue como empecé a desarrollar mi gusto por el producto. Desde esas fechas no he parado.

Dos años después en un viaje a San Cristóbal de las Casas, Chiapas, conocí a amigos que me enseñaron todo sobre el mundo del café. Eso me atrajo bastante, más que estar obligado por las circunstancias laborales lo seguí bebiendo por gusto.

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Al año me fui de viaje a Italia y me di cuenta que allá consumen mucho más café que acá: la regla es tomar al día tres expresos y tres americanos. Ahora, me es obligatorio tomar café para empezar a trabajar, si no lo hago me siento perdido, no estoy al cien en mi capacidad productiva. Bebo unas tres tazas al día, a veces cuatro.

Los periodos más largos que he dejado tomar café son como dos meses y medio. Hay semanas en las que aumento mi dosis y eso provoca que tenga malestar estomacal, acidez y constantes visita al sanitario.

Para mi una semana sin consumirlo se traduce en ansiedad y cansancio. Es más, si en la oficina se acaba, lo resiento bastante, incluso en mi rendimiento laboral.

Cuando no lo tomo me ocurre algo similar a las personas con deshidratación que buscan desesperadamente una botella de agua para calmar esa necesidad líquida.

No sólo lo bebo en la oficina, incluso en la playa cuando estoy de vacaciones, a pesar del calor que haga. He considerado dejar de tomarlo, sobre todo para prevenir problemas de salud. Pero lo único que hago es mezclar mi consumo con leche o con pan para que el impacto sobre mi cuerpo sea menos severo.