'High Fidelity' creó un héroe para una generación de supuestos "chicos buenos" bien sociópatas
Foto: captura de la película

'High Fidelity' creó un héroe para una generación de supuestos "chicos buenos" bien sociópatas

El personaje de John Cusack, Rob Gordon, se convirtió en un héroe de culto entre fanáticos de la música romántica, pero no fue creado para ser agradable. De hecho era todo un imbécil.
ER
traducido por Elvira Rosales

Hace poco anunciaron que Disney está trabajando en una serie de televisión sólo con protagonistas mujeres inspirada en High Fidelity, la película de 2000 basada en la novela homónima de Nick Hornby. Y si bien los remakes femeninos de películas con elenco masculino, como Ghostbusters, han tenido buena recepción por parte del público, en el caso de High Fidelity —cuya trama depende por completo del sentido de masculinidad del protagonista— se siente particularmente extraña.

Publicidad

High Fidelity trajo al mundo a Rob Gordon, un obsesivo de la música triste que siempre está a punto de perder la razón. Para los "chicos buenos" que crecieron valorando el conocimiento de la cultura pop por encima de las habilidades atléticas, el personaje se convirtió en algo así como un héroe de culto. Después de todo, desde la perspectiva de los jóvenes que todavía viven en casa de sus padres, Rob tenía un estilo de vida envidiable: tenía el trabajo de ensueño de ser el dueño de su propia tienda de discos; de su círculo, él era el personaje menos torpe para socializar, dicho círculo incluía a Jack Black y Todd Louiso; e impresionaba bastante a los fanáticos de la música romántica que eran socialmente ineptos. De alguna manera se las arreglaba para acostarse siempre con chicas mucho más guapas que él. Gordon era el nerd más genial o el chico cool más nerd. Pero, a pesar de tener un estilo de vida al que los fanáticos de la música podrían aspirar, Rob Gordon no es un personaje digno de admiración. De hecho, Rob Gordon era un humano terrible, un sociópata mujeriego, un stalker y un novio de mierda.

Esto fue algo que Hornby entendió, pero a menudo pasa desapercibido por los fanáticos de la película. Se pierde un poco la personalidad defectuosa de Rob en la adaptación del libro a la película, en parte como resultado de un personaje interpretado por John Cusack y, bueno, que en realidad el hombre sí es muy agradable. Cada vez que muestra sus ojos tristes de cachorrito, genera un flashback a sus papeles románticos de adolescente en los años 80. Cusack es tan encantador que vuelve a Gordon mucho más simpático de lo que merece el personaje. Pero durante casi dos horas, High Fidelity intenta repetidamente aclararle a la audiencia lo imbécil que es Rob, e incluso en cierto momento dice: "¿Digo y hago estas cosas? Sí. Soy un pinche ojete".

Publicidad

High Fidelity empieza con Rob escuchando "You're Gonna Miss Me" por The 13th Floor Elevators mientras su novia, Laura, se muda de su apartamento. Para superar esta ruptura, Rob decide visitar a algunas exes con el propósito de evadir cualquier culpa por la culminación de sus relaciones. (Para ser justos, fue idea de Bruce Springsteen y es difícil discutir con The Boss.) La primera mitad de la película trata sobre la clasificación de las novias de Rob en orden de ruptura dolorosa, un juego numérico que juega con su amigos de la tienda de discos comparando a las mujeres con álbumes. Aquí hay un hombre que colecciona mujeres como acetatos y las cataloga por preferencia, la primera en una larga serie de pistas que advierten que quizás Rob no sea un personaje para ser idolatrado.

Rob primero se encuentra con la Número Dos en la lista, su novia de la preparatoria, Penny, a quien abandonó porque lo rechazaba cada vez que intentaba tocarla de manera sexual. ("No me interesaban las bonitas cualidades de Penny, sólo sus pechos, y por lo tanto no era buena para mí", es su cita textual.) Durante una cena de reencuentro, Rob le pregunta a Penny por qué no se dejaba y ella admitió que tenía el corazón tan roto después de la ruptura, que prácticamente dejó que su siguiente novio la violara y, en consecuencia, tuvo aversión al sexo durante toda la universidad, y luego salió corriendo del restaurante llorando. Básicamente, la reacción de Rob a esta revelación es: ¡Qué alivio! Wow, debería reunirme con más exes para darle cierre a las estelas de miseria que causé.

Publicidad

La próxima ex en su lista le confiesa que ha tenido una racha complicada últimamente y ha intentado mejorar con ayuda de varios medicamentos. Luego de acompañarla a su casa, Gordon rompe la cuarta pared y le dice a la audiencia: "Pude haber terminado teniendo sexo ahí. ¿Qué mejor manera de exorcizar a los demonios del rechazo que cogerte a la persona que te rechazó, ¿no?" Necesitas ser un sociópata especial para darte palmadas en la espalda por no aprovecharte de una mujer emocionalmente inestable por venganza.

En cuanto a su ruptura actual, Rob está desolado al saber que Laura ha estado viendo a un antiguo vecino llamado Ian Raymond (interpretado excelsamente por Tim Robbins), pero se siente aliviado al descubrir que no han tenido relaciones sexuales "todavía". Rob celebra esta nueva información levantando los puños triunfalmente como boxeador escuchando "We Are the Champions" de Queen y dice: "De hecho, me siento mucho mejor por haber dormido con Marie de Salle", una músico interpretada por Lisa Bonet. Pero su satisfacción postcoital se desvanece poco después, cuando Laura le cuenta que finalmente tuvo sexo con Ian. En ese momento Rob cae en un ataque de depresión, a pesar de que había tenido sexo con otra mujer hacía pocas horas. Rob perdió este juego de ajedrez sexual y comienza a acosar a Laura e Ian.

Rob se para en un teléfono público bajo la lluvia, afuera del apartamento de Ian con bastantes monedas para marcar repetidamente el teléfono de la casa. Esto sirve para recordar el icónico gesto romántico de Cusack en Say Anything, cuando se paró frente a la ventana de su novia con una grabadora, tocando "In Your Eyes" de Peter Gabriel. Para un adolescente enamorado esto podría resultar lindo, pero para un hombre de 30 años, es muestra de que se trata de un amante dañado emocionalmente y la razón de que las órdenes de alejamiento existan. También hay un flashback en High Fidelity donde Rob se para frente a la ventana de una ex de la universidad bajo la lluvia y grita una frase que encapsula de manera brillante su asombrosa falta de autoconciencia: "¡Maldita perra! ¡Vamos a arreglarlo!"

Publicidad

Ian Raymond es un personaje tan asqueroso, un hippie empapado en aceite de pachuli con una horrenda cola de caballo, que la yuxtaposición de los dos pretendientes masculinos lleva a la audiencia a escoger a Rob. Pero, al igual que el personaje de Michael Douglas que asesina al propietario racista de una tienda en Falling Down no se convirtió en el héroe de esa historia —como mucha gente cree falsamente—, aunque Rob Gordon tiene una mejor colección de discos y menos anillos en el meñique que Ian Raymond, eso no lo convierte en la mejor opción para Laura. Este es el mito del "chico bueno" que engaña a los hombres haciéndoles creer que el güey que no consigue a la chica debe ser, por defecto, el que más se la merece. Es la misma mentalidad que enfrentó a los geeks con los deportistas en Revenge of the Nerds y representó a los nerds como los buenos y no como un grupo de depredadores sexuales que filmaron en secreto una casa llena de mujeres en la ducha.

Todos estos ejemplos del comportamiento posesivo de Rob parecen ser parte de un arco de redención para su personaje, que eventualmente lo convertirá en un hombre cambiado que merece el amor de Laura. Pero la falla más grande de la película es que rompe la lección que se supone debe enseñar. Si bien Laura acepta a Rob de vuelta, él nunca hace nada para ganársela. "Estoy demasiado cansada para no estar contigo", admite finalmente. Entonces, básicamente el constante hostigamiento y el menosprecio emocional de Rob la dejaron tan abatida que está demasiado cansada para luchar contra él y se conformó. Lo que podría haber sido un amor duro para que los hombres buscaran la madurez emocional, en cambio promueve la idea de que el acoso funciona. El mayor salto de madurez que Rob alcanza al final de la película es que se siente atraído por una reportera de música pixie y se obliga a regañadientes a prometerle fidelidad a Laura, una mujer que todavía es devota a pesar de todos los defectos de personalidad ya mencionados.

Publicidad

Es difícil decir exactamente cuánto influyó High Fidelity en la música hecha por los hombres que crecieron viéndola. Pero sin duda puede rastrearse a través del pop punk y emo, donde el trabajo de Cusack en los años 80 ya había sido una presencia célebre. The Bouncing Souls dedicó una canción a citar sus películas en 1994. Lanemeyer, la banda pop punk de Nueva Jersey que incluía a Brian Fallon de The Gaslight Anthem, nombró a su banda como su personaje en Better Off Dead (1985) e hizo referencia a la película en su EP debut. Y Max Bemis de Say Anything admitió que también nombró a su banda en honor a la película de 1989 debido a que se sentía identificado con el personaje de Cusack.

En años posteriores al lanzamiento de High Fidelity, la música de los géneros underground dominados por hombres comenzó a tener más éxito comercial. Al mismo tiempo, sus letras, que siempre se habían inclinado hacia lo dramático y empalagoso, dieron un giro diametralmente opuesto, a veces con imágenes violentas. En 2002, Taking Back Sunday escribió el himno de autolesión, "You're So Last Summer", que incluía la frase, "You could slit my throat and with my one last gasping breath I'd apologize for bleeding on your shirt. [Podrías cortarme la garganta y con mi último aliento, me disculparía por sangrar tu camisa]". Brand New llegó con una sorpresa en 2003 con "It's cold as a tomb and it's dark in your room / When I sneak to your bed to pour salt in your wounds. [Hace frío como una tumba y está oscuro en tu habitación / Cuando me escabullo a tu cama para verter sal en tus heridas]". Y luego, por supuesto, estaba todo el catálogo de Drive-Thru Records. Los celos rabiosos, a veces asesinos, se convirtieron en un elemento básico del emo comercial a principios de la década de 2000 y no parecía haber una separación artística entre las obras y la mente de sus creadores. Y ahora, años después, todavía estamos aprendiendo que —¡sorpresa!— muchos compositores de este género no eran la imagen romántica que creían ser.

Pero para citar a Rob Gordon: ¿La música de los hombres era miserable porque miraban High Fidelity o High Fidelity era miserable porque escuchaba música masculina? Quién puede decirlo. Pero una cosa que el personaje de Rob Gordon hizo fue poner una cara engañosamente encantadora en la imagen victimizada de los chicos que venden en las tiendas de discos. La foto de Rob sentado en el piso de su departamento de Chicago entre montones de discos llegó a encarnar a la persona abandonada y afligida, adoptada por los heterosexuales fanáticos de la música masculina en los años venideros.

Tal vez la serie High Fidelity de Disney sencillamente utilizará la idea vaga de una propietaria de una tienda de discos que toma su propia dirección. Pero tal vez notarán las fallas del protagonista masculino de la película y las reviertan para demostrar el costo emocional que implica para las mujeres. Lo que sea con tal de evitar otra generación de Rob Gordons.

Sigue Dan Ozzi en Twitter.

Este artículo fue publicado originalmente por Noisey US