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Oda al noni, la fruta más asquerosa del mundo

Si pensabas que el durio era la fruta más desagradable, está claro que nunca te castigaste con el sabor del noni. Yo, por desgracia, sí.

por Myles Karp; traducido por Elvira Rosales
13 Julio 2017, 7:00pm

Photo via Flickr user Scot Nelson.

Amo la fruta y seguramente tú también. Esto es así, porque a diferencia de otros alimentos, la fruta quiere ser comida.

Las plantas frutales se reproducen de forma más prolífica cuando los animales comen sus frutos, viajan un poco y luego se hacen popó o desechan sus semillas en un lugar donde puedan crecer. Mientras que la carne literalmente huye de nosotros cuando la cazamos, las frutas se ponen maquillaje y perfume para nosotros. En un sentido evolutivo, es la supervivencia de los más deliciosos.

Entonces, ¿cuál era el plan darwiniano del noni cuando se convirtió en la abominación absoluta que es? El noni, sin duda alguna, es la fruta más asquerosa del mundo.

El noni ( Morinda citrifolia) crece perenne en las regiones tropicales. Ojalá no lo hiciera. Hace poco me mudé de Brooklyn a Costa Rica, un país del que me enamoré por primera vez investigando plátanos. Cuando llegué a mi primera casa rentada y descubrí que tenía árboles frutales de los cuales podía comer, estaba muy contento. Pero la alegría acabó convirtiéndose en consternación cuando, entre los árboles de guayaba y papaya, hallé un espécimen frondoso de cuyas ramas colgaban una serie de sacos oblongos y blancos de carne frutal que parecían listos para estallar. Yo era el guardián involuntario de un árbol de noni, y me generó una curiosidad mórbida.

Foto del autor.

La apariencia del noni por sí misma es suficiente para justificar una repulsión fisiológica y psicológica. Parece algo que el Dr. Seuss habría imaginado si hubiera incursionado en el género del horror. Del noni afloran cosas como verrugas, volviendo a cada fruta única, como los copos de nieve más horribles del mundo. Cada verruga está adornada con una depresión central circular, haciendo parecer que el fruto tiene ojos —o anos, más bien—. Parece resplandecer, como si un poco de aceite escurriese perpetuamente de los anos-ojos, cubriendo el exterior del mal que contiene dentro. El color cambia a medida que el fruto madura desde el verde, luego verde flema y finalmente blanco catarata.

Sí, es una apariencia que solo una madre podría amar, y obvio la mamá de todo noni es un noni. Pero no suelo juzgar a los libros por sus portadas. Sería fácil huir de los kiwis o las guanábanas por su apariencia. Sin embargo, en el caso del noni no es una falsa advertencia.

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El primer indicio de que el aspecto exterior cubre un interior aún más odioso es el hedor. Si alguna vez te encuentras con un noni, te recomiendo mantener un brazo de distancia entre la fruta y tu nariz. Pero si lo hueles, lo primero que notarás es el olor a queso de cabra expuesto al sol. Para su descrédito, el noni presenta un olor mucho más complejo que el chèvre podrido. Se percibe un aroma ácido parecido a la bilis acompañado de una nota sorprendentemente dulce, combinación que recuerda al vómito de una persona que comió demasiada miel. Al olerla podrías entender por qué algunos llaman al noni "la fruta del queso", aunque francamente, eso es un insulto al queso. Otro apodo, "fruta de vómito", es más apropiado, pero incluso ése puede ser un insulto al vómito.

Los pomólogos y viajeros, entre ustedes lectores, pueden afirmar que el terrible durio, famoso por ser prohibido en el transporte público de Singapur debido a su olor, es en realidad la fruta más olorosa del mundo. Créeme, esto es peor. Y si el gobierno de Costa Rica logra vencer la burocracia para conseguir un sistema de transporte público, supongo que el noni también sería prohibido.

Foto vía usuario de Flickr carmyarmyofme

Hasta que empecé a trabajar en este artículo, la experiencia olfativa fue el límite de mi relación con el noni. Pero en aras de la investigación, comí nonis en varias etapas de madurez, e incluso probé un jugo de noni del mercado central de San José. No recomendaría ninguno de estos producto.

El ejemplar más joven, todavía verde con inocencia juvenil, mostraba una ligera frescura vegetativa no tan parecida a la esencia del noni, como un pepino regurgitado. El noni más maduro estaba blando y pegajoso, chorreando un poco mis manos como si quisiera advertirme antes de proceder. Sabía igual que como olía. Estuve a punto de vomitar varias veces.

El jugo marrón pálido presentaba una base sorprendente parecida a la uva, quizá surgida por la colación durante el proceso de extracción del jugo. Pero aún colado, el alma del noni no puede ser enterrada. Ninguna estrella. Es oficial: el noni es la fruta más asquerosa del mundo.

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Los nonis son las pústulas de la Madre Tierra y debería estar avergonzada. Entonces, ¿por qué la gente planta, las hace jugo y consumen de buena gana su carne?

Aparentemente, se debe a que ciertas creencias sostienen que el noni cura todo. Sí, así es: todo. Las tradiciones culturales medicinales, así como los defensores de la medicina moderna alternativa, han elogiado la supuesta capacidad de la fruta para tratar el cáncer, enfermedades del corazón, fatiga, ansiedad, trastornos menstruales, impotencia, lo que sea. Algunos dicen que si se la ofreces al perro, las pulgas se alejarán solas (seguro las pulgas lo huelen).

Noni podrido en un contenedor de jugo. Foto vía usuario de Flickr Scot Nelson.

Por supuesto, cualquier cosa que supuestamente cura todo debe ser sospechosa. La mayoría de las cosas realmente no curan nada. De hecho, en los 13 años desde que la FDA envió a una empresa de jugo noni una carta de advertencia por divulgar afirmaciones sobre salud infundadas, varias instituciones científicas han investigado los potenciales beneficios para la salud que tiene la fruta. La conclusión de esta investigación es que, a pesar de que las increíbles propiedades curativas siguen careciendo de fundamentos científicos, el noni es generalmente "seguro".

El instinto de suponer que algo desagradable debe ser saludable es exactamente lo que nos condujo a siglos de trepanación, una práctica por la cual un pseudomédico curaba un dolor de cabeza (perforando la cabeza del paciente). No toleraría el sabor, la textura y el olor inhumanos de un noni para someterme a tal falacia. Francamente prefiero ser impotente.