El hip hop salvó mi vida: Akil Ammar
Foto: David Franco

El hip hop salvó mi vida: Akil Ammar

Una voz fundamental para la construcción de la música independiente mexicana en este siglo, nos regaló esta charla sobre sus más de veinte años siendo un referente del rap latino.

Convertirse en una referencia musical desde el indie, con todos los claroscuros que eso conlleva, se antojaba difícil en un género como el rap mexicano a principios de la década pasada. “Un sueño guajiro, la verdad; era un sueño tocar en mi propia ciudad. Recuerdo que cuando hice mi primer EP, Reflexiones (2002), le dije a mi mamá: 'esto es un hobby, va a ser el primero y último, ya verás'. Jamás imaginé que lo que escribía en aquellas madrugadas, casi como terapia, lo iba a rapear frente a muchas personas y que éstas iban a cantar conmigo. Un sueño guajiro”.

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“El hip hop salvo mi vida”, me dice Akil Ammar, uno de los referentes más importantes no solo para el rap, sino de la música independiente en Iberoamérica. Para apreciar esta sentencia hay que decir que lo respalda una discografía sólida de cinco álbumes, dos EP´s, un amplio reconocimiento fuera y dentro de la escena, y una militancia de más de 20 años en el rap hecho en la lengua de Cervantes. Akil es un pionero, pues.

De hablar grave y pausado, la personalidad que proyecta sentado en una mesa del sótano de la Bipo San Ángel —uno de los relativamente nuevos foros del rap al sur de la Ciudad, impulsado por la Marshall Family—, donde más tarde subirá al escenario para hacer lo suyo, es más la de un maestro zen que la de un rapero voraz y entregado a su público. Viste un conjunto de pants y hoodie Jordan, unos tenis blancos de la misma marca y trae un corte a la mohaw punk.

“Es para Noisey en Español”, le digo mientras enciendo la grabadora. Tengo la sensación de reencontrarme con un viejo conocido luego de muchos años sin mediar palabra. No se lo digo, pero estoy nervioso. Akil fue uno de los primeros raperos mexas en mi formación en el hip hop, durante los primeros eventos a los que asistía como un adolescente incendiario. ¿Cómo lo explico fuera del fanatismo? ¿Cómo poner al personaje en una balanza, sin etiquetas?

Me relajo, igual que él. La charla fluye.

NOISEY: Hablemos de aquella escena primigenia en la que te tocó crecer como rapero. Perteneces a una de las primeras generaciones del rap hecho en México, ¿comenzaste en la Life Style, cierto?
Akil Ammar: Más o menos, porque antes de Life Style ya hacía rap. En realidad, quien me enseñó a rapear fue un amigo de la colonia Obrera, David “El Manotas” (no el Manotas de Guadalajara). Él solía hacer el show de medio tiempo de las tardeadas que por entonces se realizaban en las discotecas de la periferia, de Neza y Ecatepec. Un día me dijo “por qué no vienes, me ayudas, me haces los backs y te doy una lana”. Fue él quien me enseñó a escribir, quien me mostró las estructuras. Luego empecé a hacerlo solo. El Manotas finalmente terminó en la cárcel.

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En 1993 no es que hubiera tanta escena. Éramos tan pocos en la ciudad, que la voz sobre quién estaba haciendo algo se corría de inmediato y nos juntábamos. Yo sabía, por ejemplo, de La Vieja Guardia, que se juntaba en la zona de Neza, Aragón. Comencé a juntarme con un crew, la DFK, en el sur. Estaba Ed One, Jacob, gente que hacía grafiti, Magú (Yak-Mak), ahí conocí a Aldo (Bocafloja), que también jalaba con ellos, y empezamos a hacer rap. Un par de años después conocimos a otra banda, entre la que estaba Zaque, Zqualo, Codak, Kch1: el Sonido Líquido. Y de ese encuentro formamos Life Style. Éramos como cinco. Si me lo preguntas, nunca salió un “disco” formal, lo cual era muy difícil, solo canciones en tape. Bueno, creo que al final sí grabamos algo en CD. Hay algunas de esas cosas que hicimos en tape en la red, la verdad no sé quién tuvo la paciencia de subirlas.

Detengámonos en esa parte, ¿cómo se producía eso en aquel momento?
Bien rústico. En una PC cuando ya era en CD, pero cuando era en tape, literal con tu boombox. De una lado el beat de alguien más, principalmente el de un artista gringo, ja, y del otro nuestro tape con nuestras voces, el micrófono conectado y así, tal cual. En aquel momento nosotros hacíamos todo, pero después, el primero que comenzó a hacer beats inéditos fue Ed One, posteriormente Zaque.

Mencionaste que tu compa Manotas era de la Obrera. Has hablado de ese barrio como el sitio donde creciste y te dio escuela, ¿no?, ¿vives aún allí?
No, ya no, pero mi madre y mi abuela sí. Las veo seguido y siempre voy. Nací ahí, luego mis padres, por varios motivos, se fueron a vivir a Satélite, en consecuencia yo. Un par de años después regresamos a vivir a un edificio de departamentos de los que construyó el gobierno como renovación justo después del Terremoto del 85. Volví con mi madre, a vivir con mis abuelos, y la pasé ahí hasta gran parte de la adolescencia.

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La Obrera me ha marcado. Lo que me gusta es su folclor y que mis mejores amigos estén ahí. Es una colonia con una gran tradición de cabarets, de salones, y está en triangulo Obrera-Doctores-Buenos Aires, donde crecí, donde cultivé amistad y me porté mal. Le aprendí demasiado y la quiero mucho.

¿Cómo marcó tu lírica esa relación con el barrio?
Escucho ahora lo que hacía en aquel entonces y entiendo muy bien por qué lo hacía: estaba en plena adolescencia, mi edad mental era muy joven e inmadura, lo normal. Escribía sobre cosas que a lo mejor anhelaba, por ser de ahí. Quería un carro, mujeres, mucha lana, y eso expresaba en mis letras. Tenía mucho odio guardado hacía la sociedad. Un reflejo del momento. Y si ya escuchaste lo que hacíamos en Life Style, en lo personal lo que yo tiraba eran hasta incoherencias, pero bueno, no me arrepiento, porque formó parte de mi crecimiento como MC.

Foto: David Franco

¿Cuál fue el momento en que definiste un discurso más allá, más “en forma”, por decirlo de una manera?
No sé si ya en forma, pero sí cambió mi forma de pensar a partir de una serie de viajes que hice a Cuba, las primeras dos veces con Bocafloja. No recuerdo exactamente cómo nos enteramos, quizá la segunda ocasión fue porque invitaron a Aldo a tocar al festival Habana Hip Hop. Me sorprendí, la escena de la isla estaba muy consolidada, a pesar de la obviedad: no tenían recursos, menos que nosotros. Hablaban de lo que vivían, de su cotidianidad, de sus sueños. Era una visión sobre el rap radicalmente distinta a la nuestra y eso fue un parteaguas en mi manera de ver las cosas. Recuerdo de aquel momento a Obsesión, Hermanos de Causa, Anónimo Consejo, Los paisanos y Doble Filo, entre otros artistas.

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Cuando regresé me puse a trabajar hasta que salió Reflexiones, mi primer EP en solitario y un trabajo casero cien por ciento. Hice todo yo, desde sacar las fotocopias de la portada, en blanco y negro, pegarle la estampita, ir a comprar la torre de discos (no recuerdo sí hice 100 o 150 piezas). Los fui a regalar, a la Raza, al Tianguis del Chopo, a los puestecitos de discos en todos lados. “Toma, te regalo mi disco”, les decía, y de me iba a dar el rol. Cuando volvía me emocionaba porque ya lo estaban tocando en sus equipos. Era la forma en que podíamos darnos a conocer, porque el internet no estaba en su boom, no había MySpace, medios. Con Momentos (2003) escalé, estuvo mejor preparado, hubo imprenta y fue maquilado por la maquiladora que trabajaba para Sony. Fue producido por Ed One.

Editaste ambos trabajos aún bajo el nombre de JR.
Sí, los dos salieron como JR, que son las iniciales de mi nombre de pila, Jhonatan Rojas. Pero en algún momento me comenzó a cagar que se confundiera “JR” con Junior, me decían Junior. Por eso busqué otra identidad. Di con Akil Ammar, palabras árabes. “Akil” significa “el que utiliza la razón” y “Ammar”, que significa “constructor”. Eso fue cuando nació Melokarma (2005).

Melokarma es tu primer disco como Akil, pero también significó un gran salto, desde la producción, con instrumentos en vivo, la lírica y la presentación.
Entre Momentos y Melokarma conocí a Edher Corte, mi amigo, quien produciría el disco en su totalidad. Edher es un gran músico y fue con él con quien comencé a experimentar. Nos sentamos días enteros a probar melodías, ritmos. Edher invitó a otros músicos y la mayor parte del disco fue realizado con instrumentos en vivo, con guitarras, saxofón, metales y muchos de los bajos en vivo.

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A la distancia volteó a ver este ejercicio y me encanta. La verdad es que no hice nada parecido después hasta mi más reciente álbum, Frenesí (2016), que tiene un 40 por ciento de esa vibra, repetimos un poco el ejercicio. Además, Melokarma representó algo inédito para el rap del país en aquella época. No se había hecho algo así, y en lo personal creo que al final reflejó la conexión que tuve con Edher. Imagínate, de pasar seis, siete meses juntos, se formó una amistad fuerte y todos los discos subsecuentes los grabé con él aunque no los produjera.

¿Cómo fue recibido el disco, es decir, ya con este nuevo sonido, nuevo nombre, las presentaciones en vivo?
Muy bien, la gente entendió la evolución. Fue clara. Entendieron que JR había muerto y Akil Ammar estaba haciendo algo nuevo, totalmente diferente. Las presentaciones fueron bien recibidas, en aquel momento mi casa era el Foro Alicia, no había un recinto con esa capacidad, que fuera accesible para bandas emergentes. Para el rap de la ciudad ese foro fue un pilar, sin duda.

¿A qué te dedicabas aparte de rapear, tenías una chamba formal, estudiabas?
¿Qué hacía? Mmmmh, terminé la secundaria, luego entré a un Cetis, de donde me corrieron al año por hacer tonterías. Luego estuve unos ocho o nueve años con la vida de la calle, literal. Terminé la preparatoria abierta, después a mi mejor amigo lo agarraron y lo condenaron a diez años. Eso me hizo reflexionar, conseguí trabajo, pude empezar a pagar una carrera universitaria en Comunicación, que no terminé. Justo en ese inter de cambio empecé a crecer como artista y los medios alrededor tuvieron un desarrollo brutal. Internet empezó a crecer, salieron Hi5, MySpace y ni siquiera supe cómo fue que de pronto ya me estaba dedicando de lleno. Me escribían de otros países, comenzamos a llenar foros en la ciudad y fue pum, el auge.

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Tienes una relación muy especifica con la vida urbana —como decíamos antes, con tu barrio, por ejemplo—, es un elemento muy presente en Melokarma y en prácticamente todos tus trabajos.
En realidad nunca he tenido una sola “temática”. Aunque muchas personas me han encasillado en el llamado “rap consciente” o “rap revolucionario”, siempre he escrito de todo. Nunca me he enfocado en la denuncia, y, como dices, la calle es algo que ha sido parte de mí, desde pequeño. Muchas de las cosas que cuento me pasaron, las viví en carne propia, y otras son historias de gente cercana que me inspiraron a contarlas y se dio natural que las rimara.

Foto: David Franco

Ya que tocas ese tema del “rap consciente” como una etiqueta con la que se te ha relacionado, creo que, aunque criticada, esa triada que formaste con Skool 77 y Bocafloja de alguna manera mantuvo viva la escena durante una etapa crucial. Me refiero a la producción de shows y de discos formales, ¿no?
Todos tenemos por lo menos varias rolas con esa temática y quizá lo que pasó es que esas canciones fueron las que llamaron más la atención de la gente, se les quedaban más en un momento específico. Obviamente me gusta esa temática, contar lo que vivo en mi ciudad, ser crítico políticamente, denunciar. Hay personas que me tachan de oportunista por hablar de ciertos temas coyunturales, pero ¿entonces cuándo hay que hablar de esos fenómenos?, ¿un año, dos, tres años después? No sirve.

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Si soy oportunista por contar en mis raps las cosas que en este momento ocurren y me afectan o me llegan al corazón, entonces sí, lo soy, pero en realidad es parte de una congruencia ciudadana: contar lo que está mal, ¿no? Como se sabe, el hip hop históricamente ha tenido está arista de lo social o del papel de las clases oprimidas, latinas o negras. Temas como la falta de oportunidades, la pobreza, las drogas, son parte del hip hop desde su origen, por qué no arroparlos y adaptarlos a lo que vivimos como mexicanos.

Has tocado en Nueva York, ¿no? Me imagino que como rapero o alguien cercano a la cultura, ir allá es casi como que ir a La Meca al menos una vez en la vida si eres musulmán.
Sí. La verdad es que fue un sueño. Es más, si era un sueño desde que comencé tocar en mi ciudad, ahora imagínate.

Jajaja, ¿de plano?
En serio, te lo juro. Es más, el escribir es más una terapia, porque siempre fui una persona muy introvertida, callada, que no suele abrirse mucho, ni con mis amigos, ni con mi pareja ni con mi familia. Me guardo muchas cosas, pero con el papel sí me desahogo.

De alguna manera, no sé por qué lo recuerdo así, entre Deja Vú (2006), que es el posterior a Melokarma , y Réquiem (2009), pensaba que dejarías el rap, que era tu despedida, jajaja.
Jajaja. ¿Por qué? Ya, bueno, hay un tema ahí, en Deja Vú, que se llama “El adiós”, quizá por eso. En realidad es que nunca sé cuál es mi último disco.

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Háblame de Frenesí (2016), tu más reciente disco.
Bueno, después de Postdata (2012) platiqué con Edher de nuevo. La idea fue que él produjera la mitad del disco, o hiciéramos el mismo proceso de Melokarma. Esta vez fue diferente porque aquella ocasión me sentaba con él y lo primero que hacíamos eran las melodías, después creaba las letras con base en la música, veía por qué mood me llevaba. Con Frenesí el proceso fue la inversa, escribí las letras y se las llevaba para que él se inspirara en ellas.

¿Cómo has visto el crecimiento del rap mexicano como uno de los primeros del juego y además en activo con una propuesta firme?
Ha sido exponencial, muy fuerte. Me da mucho gusto haber visto crecer la escena desde que era un bebé, al menos en mi ciudad, sabes. No puedo hablar de Monterrey, de Guadalajara o Tijuana, pero sí puedo presumir o alardear que estuve en el día uno de la escena en la Ciudad de México.

Todo ha crecido a pasos agigantados y a veces pienso que de pronto hay más raperos que público, jajaja. Nah, la realidad es que por nuestras condiciones musicales, de industria y escena independiente, es muy difícil ganarte un público. He tenido la suerte que gran parte de mi público me sigue desde hace muchos años. Desde lo que estamos platicando ahorita sobre los ayeres de JR, ha pasado tiempo. Han salido muchos artistas y he visto fuerte la evolución musical y lírica.

Me queda claro que yo ya estoy… viejito, jajaja, que soy de la vieja escuela. A veces veo shows de otros colegas y tal, algo que me sale en Facebook o YouTube (aunque la verdad no sigo mucho la escena mexicana) y la energía que tienen los jóvenes en el escenario es increíble. En realidad nunca he sido mucho de saltar, porque mis canciones no se prestan mucho, por las letras, ¿sabes? Pero estoy muy contento, por la transición, crecimiento y evolución de una escena como la nuestra.

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Foto: David Franco

¿Cómo ha sido en tu caso esa transición de ser un músico independiente, como dices, de la vieja escuela, al escenario que te enfrentas ahora?
La verdad es que nunca he tenido un manager. Todo lo hago yo, el booking, mis redes o, por ejemplo, nunca he tenido una disquera. Es decir, todo ha sido autodidacta e independiente. Recuerdo que cuando inicié, en los discos ponía mi contacto, mi mail, luego mi sitio, y ahí es donde llegaban las invitaciones: “Oye, te queremos traer acá”, “quieres venir a tal”. Y fui aprendiendo a la mala, porque muchas veces me vieron la cara.

La clásica.
Sí, de esas experiencias en las que uno es el que termina poniendo dinero, para tus viáticos, por ejemplo. También me ocurrió muchas veces que pedía tal cantidad y me daban una parte, pero llegando al lugar me decían “qué crees, mano, no salió, pero tú toca y ahorita vemos”. Luego supe cómo tenía que hacer las cosas. A partir de la explosión del streaming y con las experiencias, tengo un deal con una empresa que se encarga de poner toda mi música arriba y centralizar todo.

Es muy difícil para cualquier artista independiente en México, dentro y fuera de la música, vivir de su trabajo, ¿no?
Siempre será un reto ser independiente. Creo que he sido bendecido y no sé cuánto dure, por eso intento ahorrar, jajaja. Mientras tanto lo disfruto a tope, sigo creando y lo dejaré en el momento en que me sienta ridículo arriba de un escenario.

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En mi caso, algo que también me hizo crecer bastante fue el haber empezado a invertir en mí mismo organizando conciertos en México de artistas de fuera. Lo hicimos con El Chojin, trajimos a Nach por primera vez, Falsalarma, Rapsusklei, ¡a Guru!, a Masta Ace. Es decir, alimentamos a la escena con algo que no tenía en ese momento. Era rústico y estaba chido.

¿Cómo valoras el momento político actual, con la llegada de AMLO a la presidencia?
Nunca he militado en un partido político. No me gusta, no creo en algún color o partido. No obstante, me parece muy importante que la ciudadanía haya dado un voto, más como de castigo, ¿sabes? a este régimen pasado, el que está por terminar. Y no tanto por creer que López Obrador es un salvador; porque es muy sencillo: voltea a ver toda la gente que le rodea y sabrás que es la misma mierda, nada más que de otro color. Lo que sí, es que me parece importante que como ciudadanos hayamos dado ese voto de castigo. Les dijimos: “¿Sabes qué? no somos tontos”. Ahora veamos qué pasa, es la oportunidad de AMLO de demostrar, luego de tantos intentos, si en verdad quiere ayudar a la gente.

¿Dime qué es lo que más disfrutas o lo que más te ha marcado en tu carrera?
No sé si haya un momento o cosa en especial, pero la energía de la gente es lo que más me sorprende y me motiva. O recibir mensajes fuertes, como “Akil, gracias, porque con equis canción me salvaste de suicidarme”.

Eso es fuerte.
Claro, me ha pasado y lo valoro mucho, me inspira. Hace unos meses me mandaron un video de una boda. El novio canta completa una canción mía, “”, a la novia. Es increíble cómo tu música es arropada por la gente en eventos muy importantes de su vida y eso: ser parte de la vida de otras personas, es muy inspirador. También estar en el escenario, ver a la gente cantar, llorar… se me enchina la piel. Por ejemplo, me pasa con la canción que le hice a mi papá, la de “Te extraño”. Eso carnal, es lo que valoro mucho del hip hop. Y, seamos realistas, vivo de ello, me da comer, mantengo a mi familia, me ha permitido viajar, conocer lugares.

Quizá se escuche trillado, pero ¿qué papel debe fungir el artista en la sociedad?
Usar un micrófono es una responsabilidad enorme. Porque mucha gente joven te sigue. Sea como sea, aunque no me guste y no me sienta un líder o un profeta, mucha gente te ve así, quiere seguir tus pasos y repite tus canciones en sus oídos. Entonces, quizá estaría haciendo un daño si les digo que tomen una pistola y maten al de al lado, ¿no?, o incitar a la violencia o la misoginia, por ejemplo. No cuido qué decir o no, simplemente digo lo que pienso y punto; y sí soy consciente que tengo que ser responsable de la semilla que lanzo.

Resume toda tu experiencia en una frase.
El hip hop salvó mi vida.

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