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¿Debe la sociedad contactar a las tribus aisladas del Amazonas?

Hay estimadas 100 tribus no contactadas en el Amazonas. Mientras la jungla retrocede y la civilización se expande, algunos académicos sostienen que la política de "manos fuera" ha fracasado.
19.8.15
Image via YouTube

En junio de 2014 siete miembros de la tribu Chitonawa emergieron de la selva amazónica. Desnudos, ataviados solo con un taparrabos, comenzaron a comunicarse desde el otro lado del río con la gente de la pequeña aldea de Simpatia, parte de una región protegida de Brasil habitada por un grupo indígena llamado Ashaninka.

En un vídeo que uno de los locales tomó del encuentro, los Chitonawa inicialmente parecen prudentes. Uno blande torpemente un rifle que pudo haber tomado de un campamento maderero en la frontera con Perú. Sin embargo, un hombre de Simpatia vadea en el agua ofreciéndoles plátanos, y la tribu finalmente decide entrar en el pueblo.

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Los Chitonawa se quejaban de "peleas entre ellos", de acuerdo con los medios locales. Descritos como "muy, muy asustados", los indígenas, que habrían viajado a unas 60 millas de su hogar en la selva peruana, también dijeron que habían sido "constantemente perseguidos y asesinados por los blancos" — narcotraficantes y madereros ilegales que invaden su territorio, probablemente.

Los Chitonawa emergen de la junga cerca de Simpatia.

"[Los Chitonawa] dijeron que murió tanta gente que no podían enterrarles a todos ellos, y sus cadáveres fueron comidos por los buitres", aseguró uno de los Ashaninka.

Lo que la tribu no sabía era que el simple hecho de estar rodeados de foráneos, incluso de los Ashaninka, podría matarlos. Cuando uno de los Chitonawa agarra lo que parece ser una camiseta de la barandilla de una cabaña Asháninka, un aldeano grita: "¡No! ¡No! ¡No! ¡No!". El aldeano no estaba preocupado por perder la prenda: estaba preocupado de que la camisa, cargada de microbios y agentes patógenos relativamente inofensivos para el mundo exterior, podría matar a la tribu Chitonawa.

Según datos aportados a VICE News por el antropólogo Rob Walker, profesor asistente en la Universidad de Missouri que estudia las culturas amazónicas, 117 epidemias se cobraron la vida de más de 11.000 miembros de las sociedades indígenas del Amazonas entre 1875 y 2008. De ellos, el 75 por ciento murió por sarampión malaria, o gripe. Se estima que las 100 tribus más o menos aislados y aisladas que aún perviven tendrían poca o ninguna inmunidad.

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Un equipo de expertos médicos fue enviado por la Funai, la agencia de protección indígena oficial del gobierno brasileño, para prevenir enfermedades entre los Chitonawa. Los siete vinieron con síntomas de resfriado y de la gripe. Aunque todos ellos sobrevivieron, el médico enfrente de la expedición del Funai estaba preocupado porque el sarampión y la neumonía, potencialmente fatales, pronto podrían afianzarse.

Por razones de sensibilidad cultural, así como por la siempre presente posibilidad de catástrofe biológica, los gobiernos de Brasil y Perú apoyan una política de "manos fuera" de los pueblos indígenas aislados. Se han creado reservas protegidas, dónde el acceso a los forasteros está técnicamente limitado. Pero una feroz batalla ha estallado entre los académicos y defensores sobre qué hacer a continuación. Hay mucho en juego; los medios de subsistencia de estas personas, por no hablar de sus vidas, están en juego.

Walker y su socio de investigación, Kim Hill, sostuvieron en una reciente publicación de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia que el statu quo ha sido un fracaso absoluto y que los pueblos indígenas aislados no tienen ninguna oportunidad contra las amenazas modernas que invaden sus territorios. Pudientes intereses corporativos con sus poderosos grupos de presión y traficantes de drogas — que se sospecha que atacaron un puesto de avanzadilla de Funai en 2012 — no prestaron mucha atención a las regulaciones gubernamentales. Como resultado, Walker y Hill insisten en que los "contactos controlados" son la única forma ética y humana mediante la cual proceder.

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"Creemos que las pruebas son claras", dijo Walker a VICE News. "Estas personas se están extinguiendo mientras el mundo observa".

No todo el mundo lo siente de esa manera. Survival International, una organización sin ánimo de lucro con sede en Londres que aboga por los derechos de los pueblos indígenas, ha tildado la publicación de Walker y Hill de "peligrosa y engañosa".

"No creo que Walker y Hill estén expresando una opinión que sea ampliamente apoyada por las personas que conocen este tema", dijo el director de Survival International Stephen Corry. "Lo que realmente están diciendo es, 'vamos a ir allí a establecer este supuesto contacto controlado', que básicamente significa 'a tomar su tierra'".

Corry plantea a VICE News que existe un motivo claro detrás de cualquier presión por el contacto. La sociedad industrializada quiere expandirse. Esto, dijo, "de alguna manera justifica el hecho de que estas personas tienen que 'ponerse al día con el mundo moderno', tal y como se expresó. Nuestra posición es que la sociedad industrializada no tiene nada de particularmente moderno".

Mira el documental de VICE News Coca y fe en el Amazonas.

Aunque el término no contactados es una denominación común, muchos defensores coinciden en que las tribus son en realidad refugiados de una especie que se separó del resto del mundo a propósito. Corry argumenta que no hay nada "atrasado" en las vidas de las personas no contactadas. Simplemente "han ido por un camino diferente".

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"Estas personas representan una forma alternativa de abordar el mundo, y parece que las élites industriales y políticos contemporáneos no pueden hacer frente a eso", afirmó. "El Estado-nación industrializado de hoy va a tratar de tomar sus tierras y todo lo que quiera — Y por supuesto que lo hará, si todo el mundo se da la vuelta y lo acepta como inevitable".

Walker admite que la mayoría de la gente está totalmente de acuerdo con el punto de vista de Corry y Survival International.

"Lo que ocurre es que está mal", dijo. "Ellos son los activistas y nosotros somos los científicos".

Los que están en el campo del no contacto están interesados en "supervivencia cultural", opina Walker, mientras que los del campo pro-contactos están interesados en "la supervivencia de los individuos". Él cree que esto es particularmente cierto si se tiene una idea de la realidad de lo dura que es la vida pre-contacto.

"Imagine que su familia está siendo perseguida por narcotraficantes, madereros y mineros", dijo Walker. "¿Sería suficiente para tratar de mantener algunos [de esos grupos] a salvo? ¿Le negamos a su familia los avances modernos para el cuidado de la salud?".

Nixiwaka Yawanawa es un miembro de la tribu amazónica Yawanawa, que fue contactada por primera vez hace dos generaciones. Los Yawanawa están extremadamente aislados; la carretera más cercana están a un día de distancia en lancha. Pero también están conectados a Internet y suministran achiote — un pigmento rojo a partir de las semillas del árbol de achiote — a Aveda para cosméticos de alta gama. Nixiwaka, que a veces se hace llamar "Joel", ha vivido en Londres durante los últimos cuatro años.

Nixiwaka Yawanawa trató de concienciar sobre la difícil situación de los pueblos indígenas antes de la Copa del Mundo de 2014 en Londres. (Imagen por Helen Saunders / Supervivencia)

"No creo que muchas cosas buenas vinieran del contacto occidental", afirma a VICE News. "Casi perdimos nuestra espiritualidad, nuestra cultura y nuestra identidad, debido a la influencia occidental. Y todavía estamos luchando contra los efectos del materialismo, la enfermedad y la separación".

Nixiwaka, que se opone al contacto controlado, dice que disfruta de la vida en Europa y que puede ayudar a crear conciencia de las cosas que afectan a los yawanawas desde allí.

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"Muchos me han dicho que la vida en el bosque no es algo a lo que ellos volverían, aunque las generaciones mayores a menudo recuerdan los buenos viejos tiempos", dijo Walker.

Las tribus indígenas hoy pueden sobrevivir a la interacción con forasteros, cree Walker, si los que toman contacto se comprometen a proporcionarles alimentos, traductores y tratamiento médico constante todo el tiempo que sea necesario. Es una propuesta costosa y para la que muchos gobiernos de América del Sur no tienen el dinero. Walker apunta a casos de éxito, en concreto el de la tribu Puerto Barra Aché en Paraguay. Su primera toma de contacto fue en 1970 por un misionero norteamericano llamado Rolf Fostervold. Los Aché recibieron apoyo constante y atención médica de Fostervold, su esposa Irene y sus dos hijos. Como resultado, sólo uno de cada 28 miembros de la tribu Aché murieron en la primera toma de contacto.

Bjarne Fostervold, el hijo de Rolf, fue en esas primeras expediciones de contacto. Hoy Bjarne, a los 56, permanece en Paraguay viviendo entre los Aché — que ahora suman alrededor de 200 miembros — con su esposa Rosalba y sus tres hijos. Él llama a las diversas organizaciones sin ánimo de lucro y ONG para el no contacto "bien intencionadas", pero asegura a VICE News que "la esperanza de que los pueblos originarios no entren en contacto con el exterior es un poco simplista y tiende a ceñirse a una manera muy romántica de ver las cosas".

"Occidente no siempre trae un montón de soluciones maravillosas a la vida de nadie, pero al mismo tiempo, las personas que viven en el bosque están luchando contra sus propios problemas", dijo Fostervold.

Él piensa que la metodología de un contacto controlado supervisado rigurosamente gana al cuasi-cierto resultado negativo de contacto imprevisto. Además, el aislamiento total implicaría que un pueblo podría desaparecer y el resto del mundo nunca lo sabría.

"Se trata de una selva que se encoge, y los grupos no contactados no tienen a donde huir", sostiene Fostervold. "Hay un grupo aquí en Paraguay que no quiere salir, pero las excavadoras se están moviendo, ¿En qué momento habrá una tragedia? Bajo el pretexto de protegerlos, ¿No los estamos desprotegiendo, realmente?".

Sigue a Justin Rohrlich en Twitter: @JustinRohrlich