La Navidad de muchos colombianos estuvo marcada en la infancia por la pólvora: por voladores y volcanes, o al menos por Chispitas Mariposa, dependiendo del lugar y del voltaje de la familia. Pero progresivamente, la pólvora fue desapareciendo de las navidades particularmente desde que Antanas Mockus, siendo alcalde de Bogotá, inició una campaña para prohibir su uso, su venta, su fabricación y su compra.
Lo que antes se hacía a mano, ahora se hace con esta máquina: recargar de pólvora los "truenos", el último estallido de los voladores que emite más ruido. A la derecha están los moldes armados con los contenedores de los truenos que luego irán al interior de los voladores. Cada uno lleva aproximadamente 4 gramos de pólvora.
La otra parte del volador son las bombas, los estallidos previos al trueno. Cada una de las bombas se empaca y se amarra a mano por los empleados de El Vaquero, que son en su mayoría mujeres y muchas llevan más de 20 años trabajando en la empresa.
En media hora una empleada con experiencia saca “una gruesa”, es decir 144 bombas que se amarran a mano una a una. Es decir que en un día amarran cerca de 2.450 bombas. El número de bombas que se ponen en cada volador depende del número de tiros.
En otra estación se envuelven las bombas y los truenos al palo para dejar el volador listo. Al día se fabrican unos 1.250 voladores. Las bolsas negras colgadas en el techo son el sistema que las mujeres se han inventado como medida de emergencia: están llenas de agua pensadas para romperse si hay alguna llama.
Aunque El Vaquero también fabrica volcanes, volcancitos y totes, en diciembre solo se han ocupado de fabricar voladores y bengalas (o chispitas) pues son los elementos que más se agotan y que no alcanzan a cubrir con la fabricación el resto del año.
La mezcla con la que se fabrican las bengalas no contiene pólvora, lo que vuelve a las chispitas un elemento de categoría uno. Cerca de 15 mujeres trabajan en la fabricación de las bengalas, sin contar las otras 15 que trabajan en su empaquetamiento.
Las bengalas se sumergen en la mezcla dos veces antes de ponerse a secar. Al día las 30 mujeres producen y empacan entre 23.000 y 28.000 bengalas. Todo el proceso es hecho a mano, a excepción de la máquina que mezcla la sustancia.
Gran parte de los productos comercializados por El Vaquero son importados de China, el país que más produce y vende pólvora en el mundo. Las importaciones son cerca del 40 por ciento del negocio de El Vaquero.
Con una mezcla inflamable se moja un hilo de algodón que se convierte en la mecha negra que luego se utilizará para conectar las “cargas”, es decir cada una de las explosiones de los espectáculos pirotécnicos profesionales, otra de las caras de El Vaquero.
Los sistemas de tubos son usados en los espectáculos profesionales, cada uno aloja una “carga”, importada de China, que en El Vaquero se arma según el esquema del espectáculo en cuestión. El grosor máximo permitido en Bogota es de cuatro pulgadas, sin embargo también tienen otros de seis pulgadas que alcanzan alturas hasta de 300 metros.
