Tapas de discos, una obsesión
La tapa de 'Madvilliany' es un diseño de Jeff Jank

Tapas de discos, una obsesión

El universo gráfico de la música es una de las grandes fascinaciones de todos los melómanos.
8.11.17

Dentro de la cosmogonía y mística de los vinilos, las portadas o tapas tienen una particular importancia. Algo que siempre se menciona como una cualidad del formato en vinilo frente a otros es que debido a su tamaño, las portadas podían apreciarse sin limitaciones como las que los formatos posteriores tuvieron. El tema es conocido y discutido ampliamente. También su relevancia como única cosa que podías conocer de un disco antes de comprarlo.

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Todos los que han comprado discos guardarán el bello recuerdo del primero que tuvieron y también cuál fue la primer portada que les provocó algo. En mi caso recuerdo el primer disco que me compró mi madre: 1984 de Van Halen. Curiosamente también es de las portadas que más recuerdo: el angelito con peinado de James Dean sosteniendo un cigarro que cala con la calma que le otorgan las dos cajetillas que tiene a la mano. A mi muy temprana edad eso era una especie de pecado mortal. Y claro, actualmente sería imposible que pudiera salir un niño fumando en una portada de disco. Nunca olvidaré a ese querubín.

Existen portadas icónicas dentro del universo de la música popular. Portadas que incluso son más recordadas que la música que acompañan.

No debemos jamás olvidar tapas como la del Bitches Brew que acompañó al volantazo que dio Miles Davis en la historia del jazz fundando lo que en ese momento la prensa bautizó como Jazz-Fusión. Dentro del jazz el High Priestess of Soul que muestra a Nina como faraona con estética del antiguo Egipto en pleno efecto es otra favorita. A New Perspective de Donald Byrd es de las más admiradas, además de que forma parte de esa legendaria saga de excelentes portadas que el sello de jazz Blue Note comenzó durante el final de la década de los cincuenta. Reid Miles es responsable de que en las listas de las mejores tapas siempre aparezcan varias de Blue Note. Una mención especial para una de mis favoritas: This Is Our Music de Ornette Coleman que es la definición gráfica de lo cool. Cuando alguien usa esa palabra la imagen que se presenta en mi mente es Ornette acompañado de unos matones: Charlie Haden, Don Cherry y Ed Blackwell.

Dentro de esas sagas famosas también se encuentran las que hizo Izzy Sanabria mientras fungió como director de arte en Fania. Dentro de su trabajo más celebrado se encuentran las tapas del Acid de Barretto y La Gran Fuga de Willie. Las carátulas con imaginería gángster o que incorporan elementos de la cultura psicodélica de los setenta marcaron una era en el sello de salsa.

Otra serie impresionante es la de la banda de heavy metal Iron Maiden que incluso dio vida a un universo que gira en torno al protagonista de todas esas tapas: la famosa calaca, Eddie el Cabeza. Eddie se convirtió en el logotipo de la banda y pertenece a esa larga tradición de emblemas dentro de la historia del rock pesado donde cada uno de ellos ha sido adaptado como disfraz para la Noche de Brujas.

Hablando de calacas, Cypress Hill también recurrió a ellas y acompañaron su segundo y tercer disco con tapas que a más de uno le hizo pensar que estaban ante una banda de metal escandinavo. Black Sunday y Temples of Boom son portadas con una atmósfera siniestra, macabra y envuelta en humo del sacramento rastafari exhalado por esos chicos del este de Los Ángeles.

Dentro del hip hop, otra portada que ha calado hondo en la cultura popular es la del Madvillainy, la colaboración entre MF Doom y Otis Jackson el Hijo. La foto en By All Means Necessary del Boogie Down Productions confirma la clara referencia a Malcolm X representado por el maestro KRS-One que se asoma sigilosamente a través de una cortina mientras sostiene una uzi, justo como Malcolm X en esa icónica postal sosteniendo un rifle semi-automático. Otro sampleo recordado en las tapas de hip hop es el que se usa en la tapa del disco Lôc-ed After Dark de Tone Lôc que se inspira en la mencionada tapa de Don Byrd hace unos párrafos.

Dentro del rap de los noventa las portadas de De La Soul is Dead y People’s Instinctive Travels and the Paths of Rhythm, de De La y ATCQ respectivamente comparten la misma paleta de colores afrocentristas que nos remiten a esa nostalgia del rap noventero por los arquitectos de la Nación Zulú de Afrika Bambaataa. De ATCQ también recordamos Midnight Marauders que incluye las caras de todos los raperos relevantes de la primera mitad de los noventa en dos versiones coleccionables, lo que le da un estatus, no sólo de legendaria, sino de documento histórico.

También está el interesante reino de las portadas prohibidas. Cabe destacar que la gran mayoría de las portadas censuradas de las que tenemos conocimiento son de rock. A la reacción le escandalizaba la estética de las portadas de John Lennon como ahora le escandaliza el reggaetón. Dentro de las famosamente prohibidas están, por supuesto, el Sticky Fingers de los Stones y su cremallera que podía abrirse y cerrarse. La tapa original del Appetite for Destruction que mostraba al siniestro robot violador y a su víctima (y que finalmente mudaron al interior del booklet). Y tal vez la más famosa sea Electric Ladyland de Hendrix con todas esas chicas desnudas.

Cada quién tiene su propia lista mental de portadas favoritas. Incluso las hemos clasificado por criterios, quiero decir, ¿Cuál es su portada favorita con bebés? ¿ Ready To Die? o ¿ Siembra?, De las que incluyen una silla de mimbre ¿ Uncle Jam Wants You de Funkadelic? o ¿ More Life de Drake? ¿Qué portadas prefieren? ¿Las de Kudu? o ¿las de CTI?

Esas y otras discusiones bizantinas mantienen ocupados a los coleccionistas de discos.

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